Año de la inversión para el desarrollo rural y la seguridad alimentaria

Version Bilingüe
64 Años: diario de Bandera de la Colectividad Nikkei

Regresar
Auténtico
Itadakimasu
viernes, 7 de junio de 2013 | 5:00 PM
Auténtico

Por Barbara Nishimoto (*)
Traducido por Mariela Matsushita

¿De dónde eres? ¿En dónde aprendiste a hablar inglés? ¿Comes comida normal? ¿Comida americana?

Gran parte de mi vida he vivido en comunidades en donde hay pocos asiáticos, ni qué decir de los sansei. Años atrás, compañeros de clase, extraños, preguntarían las inevitables interrogaciones. Para ellos ser americano japonés significaba ser japonés.

Más tarde, con el aumento en popularidad de la cultura y cocina japonesas, las interacciones cambiaron un poco. En vez de ser entrevistada, me convertí en una audiencia para las reseñas de mis compañeros de trabajo acerca del  último restaurante o tendencia cultural o evento histórico, cualquier cosa japonesa.

A veces no me miraban directamente a mí, sino que se colocaban para verme periféricamente como si ellos estuviesen en el escenario dirigiéndose a la clase, y yo los estuviera observando desde  bastidores. Esta vez las preguntas y comentarios eran más retóricos. Yo adoptaría una pequeña tensa sonrisa de labios cerrados, una ligera agachada de cabeza. Me voltearía parcialmente fingiendo un reconocimiento tímido y sutil de lo que yo esperaba que ellos pensarían era nuestra profunda percepción compartida. «Ah, sí». «Por supuesto». «Mmm».

Se me ocurre que cuando yo era una niña traté de convencer a mis compañeros de clase de que yo era igual que ellos. No quería que ellos pensaran que había algo distinto sobre mi casa, mi familia. Pero más adelante, como adulta joven, traté de dar a entender todo lo contrario. Mi familia y yo éramos exóticos. A decir verdad, no sé nada acerca de su versión del ser americano japonés.

Solo hablaba inglés mientras crecía. No practicaba ikebana o karate o incluso origami. (La negación suena tonta hoy en día). Mi padre no era delgado ni frágil, y no hablaba enigmáticamente o usaba metáforas como los arquetipos (estereotipos) asiáticos de la TV. Era arisco, tosco y áspero. Marcaba la pauta de nuestras cenas familiares, las que no eran silenciosas ni refinadas.  En nuestras conversaciones no éramos humildes o modestos. Era un diálogo directo acerca del trabajador y el sistema con el que estaba en contra.

¿Y qué comía yo realmente? Mi madre se burlaba de los gourmets. «¿Quién no puede cocinar cuando compras todos esos ingredientes caros? La verdadera cocinera utiliza lo que tiene». Huevos revueltos con cebollas servidas con okayu. (Nosotros lo llamábamos okai). Pastel de carne o pollo frito o churrasco bañados con tomates en conserva de su jardín. Chuletas de cerdo y chucrut servidos sobre arroz.  Arroz, siempre arroz. Y té.

En los días más calurosos de verano había fideos fríos, comíamos en el sótano con un ventilador Westinghouse aireando nuestros tobillos. Fideos fríos que he visto ser ofrecidos en restaurantes japoneses. Pero los fideos nunca parecen ser tan gruesos, el caldo nunca tan sabroso.

Lo mismo es cierto para sus gigantes rollos de sushi y atiborrados inari. (Los llamábamos «tortugas», tortugas gordas. Solo hace algunos años aprendí su nombre japonés). «Es comida rural», mi padre decía. «Tu madre es una campesina». 

No tengo ninguna receta para compartir; desearía tenerla. Pero se me ocurre a mí, como en muchas familias,  que no se trataba solo sobre la comida. Mi experiencia de infancia no fue única. Porque éramos los únicos fuimos atormentados y hostigados y aislados.

He leído que en las familias que tienen que ver con el abuso, los miembros fingen en el mundo exterior que no hay nada fuera de lo común sobre su familia, su hogar. Con mi familia hacíamos lo opuesto. Una vez dentro de nuestro hogar, a salvo en torno a nuestra mesa de comedor, actuábamos como si nuestras experiencias externas fuesen igual a lo que veíamos en TV o en las revistas. Debatíamos y hablábamos sobre temas e ideas como si fuésemos miembros integrales de la comunidad. Y sobre el té y el arroz y la comida rural que habíamos hecho, ahora me doy cuenta, lo que mi madre admiraba en otros cocineros. Habíamos hecho una comida con lo que teníamos. Éramos americanos japoneses. Auténticos.    

Barbara Nishimoto nació en Chicago y creció en los suburbios del oeste. Sus padres fueron criados en el Valle de San Joaquín y fueron internados en Rohwer, Arkansas. Barbara vive ahora en Nashville, Tennessee.

http://www.discovernikkei.org/es/journal/2012/10/2/authentic/
Descubra a los Nikkei (DiscoverNikkei.org/es) recolectó historias de alrededor del mundo relacionadas al tema de la cultura de la comida nikkei y su impacto en la identidad nikkei y en las comunidades a través del proyecto ¡ITADAKIMASU! Sabores de La Cultura Nikkei. Este artículo es parte de las series ¡Itadakimasu! y fue publicada originalmente el 2 de octubre del 2012.
Para leer más historias ¡Itadakimasu!, por favor chequee el http://5dn.org/series1-es
* Descubra a los Nikkei es un proyecto del Museo Nacional Japonés Americano y es posible gracias a la colaboración de The Nippon Foundation.
© 2012 Barbara Nishimoto

Inicio | Nosotros | Legal | Politica de privacidad | Redes de Conectividad | Soporte| Diseño de Páginas Web | Contactenos |
Perú Shimpo. Copyright © 1997 - 2019
Desarrollado por Diseño Web Perú S.A.C
Este sitio está protegido por las leyes internacionales de derechos de autor y marca registrada. Todos los derechos reservados.
al usar este sitio web aceptas los terminos y condiciones a continuacion: se prohibe el uso y copia de informacion y lementos de nustro sitio web sin previo consentimiento , la territorialidad de jurisdicción a la Republica del Perú, para mas informacion vea : condiciones de uso