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«En Okinawa no solo aprendes su cultura sino que la vives día a día»
Entrevista Daniel Arakaki:
miércoles, 4 de diciembre de 2013 | 10:12 AM
«En Okinawa no solo aprendes su cultura sino que la vives día a día»
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Por Rubén Kanagusuku

Desde la quincena de agosto hasta la quincena de noviembre pasado, Daniel Arakaki estuvo becado por la municipalidad de Kitanakagusuku (Okinawa) aprendiendo de manera vivencial la cultura de la sureña isla del Japón. Siendo su primera vez en Okinawa, Daniel llegó en una época en donde se realizaron diversas festividades, enriqueciendo aún más su experiencia. En la siguiente entrevista nos comenta más al respecto.

¿Qué te impresionó al llegar a Okinawa?
La calidez del uchinanchu. Cuando llegué a la casa de las personas que me estaban hospedando, a los pocos días fue el primer cumpleaños de su nieta y trajeron un kamban (letrero) que decía Ichariba choode y me explicaron (dentro de lo que yo podía entender) el significado de esta palabra: «Una vez nos encontramos, somos hermanos». Todo el tiempo que estuve allí ese kamban se quedó. Ese tema me impresionó, a pesar de que ellos directamente no me conocían.

¿Qué lugares pudiste conocer gracias a la municipalidad?
En Kitanakagusuku pude conocer el Nakamura-ke que es una de las casas de la época Ryukyu de Okinawa que queda en pie y donde se muestra como vivían en el siglo XVIII los uchinanchu. Conocimos también el castillo de Nakagusuku y la isla de Ishigaki en donde hicimos canotaje, ciclismo, buceo y conocimos también el Parque de la Paz en Itoman que hace memoria a la batalla donde hubo muchos muertos en la Segunda Guerra Mundial, en este parque se muestran los nombres de mas de 200 000 personas fallecidas entre civiles, militares, okinawenses y extranjeros, donde nos recuerda siempre que la paz debe prevalecer en el mundo, este mensaje se repite en varios lugares de Okinawa.

¿En qué eventos participaste durante tu estadía en Okinawa?
Tuve la oportunidad de ir al Zento Eisa Matsuri donde los grupos de todos los Shi, Cho y Son participan bailando. De allí fui al Okinawa Fest en donde participó el grupo Diamantes de Beto Shiroma que es muy conocido y querido allá, a pesar de que algunas canciones están en español, la gente las canta. Pude asistir al Uruma Matsuri en el evento Kimutaka no amawari fue muy impresionante, es una combinación entre danza, teatro y canto. También participé en el Eisa Matsuri, en el undokai y en el bunkasai de Kitanakagusuku, aparte de dos actividades de los barrios de Kishaba y Ogusuku (Kitanakagusuku). En Naha pude asistir al Matsuri y tsunahiki (nudo de guerra) de la capital.

¿Qué actividades culturales realizaron?
En la municipalidad de Kitanakagusuku realizamos el Mukaito taiko, bo-jutsu (arte marcial con un palo), odori (Kagyadefu) y una vez llegamos a practicar el shishimai (danza del león). Tuvimos también clases de shodo (caligrafía), cerámica, idioma japonés, uchinaguchi y sanshin.

También visitamos dos colegios y con los otros becarios de Perú, Argentina, Brasil, Bolivia pudimos mostrar cada uno, un poco de su país y en mi caso pude enseñar la danza Tinkus.

¿Llegaron becarios de Kitanakagusuku de otros paises?
Sí, casi llegamos al mismo tiempo Eike Higa de Brasil y Micaela Asato de Argentina.

¿Qué otras cosas te impresionaron?
Una cosa interesante es que a pesar de que uno nunca ha estado en Okinawa te digan okaerinasai que significa «bienvenido a casa». Es como si con una sola frase te dijeran que tienes el honor de representar a la familia (los hiollichan, hiobachan que vinieron al Perú) que regresa a Okinawa. Ese es el sentido del okaerinasai que es una forma de decir mensore, pero es mucho más cálido para el okinawense.

Una de las anécdotas que puedo contar es cuando junto a mi home stay quería buscar un sitio en Kitanakagusuku y nos encontramos con una persona que nos empezó a llevar y llegamos hasta donde conocía y encontramos a otra persona que conocía más de ese sitio y fuimos con otra persona y caminamos y caminamos y se sumaban más personas que conocían el camino y al final al llegar al sitio eramos como ocho personas. Todo el mundo gustoso de ayudarte a encontrar el lugar. Esa es la vocación de servicio, el arte de la hospitalidad el omotenashi.

¿Qué les dirías a los jóvenes que están en duda en ir becado a Okinawa?
Que no pierdan la oportunidad de conocer sus raíces. La vida del becario es una experiencia única y vale la pena. El estar allá te identifica mucho más y te forma lazos muy fuertes con Uchina. En estos tres meses de beca uno no solo aprende de la cultura okinawense sino que la vive día a día. Esa es la diferencia entre estar en Perú, leer y aprender de Okinawa y estar allá.

Un agradecimiento.
En primer lugar agradezco a Perú Kitanakagusuku Sonjinkai y a la municipalidad de Kitanakagusuku en Okinawa, así como a todas las personas que hicieron posible mi viaje y a mi home stay en especial que me trataron bastante bien. La familia Higa.

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