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«Dense tiempo para ser socias de Okinawa Fujinkai, hay mucho por aprender»
Luz Igue, presidenta de la Asociación Femenina Okinawense del Perú
sábado, 7 de marzo de 2015 | 4:09 PM
«Dense tiempo para ser socias de Okinawa Fujinkai, hay mucho por aprender»
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Por: Ciria Chauca Falconí

Luz Igue Nakama, nieta de inmigrantes okinawenses nacidos en la ciudad de Kin Cho, prefectura de Okinawa, es la nueva presidenta de la Asociación Femenina Okinawense del Perú, periodo 2015. Asumirá el cargo el sábado 28 de marzo.

Hija de Mitsuro y Yoshiko Igue, Luz se hizo socia de Okinawa Fujinkai por iniciativa de su mamá. 

La señora Yoshiko, quien ha sido eje de la bodega de la famlia Igue, tenía muy poco tiempo para ir a las actividades institucionales, de tal manera que le pedía a su hija Luz asistir a las reuniones de Okinawa Fujinkai para informarle los temas tratados. Así comenzó y Luz nunca se imaginó que iba a llegar a ser presidenta. 

En esta experiencia se basa la siguiente entrevista, con una persona que pone en primer lugar la discreción y, sin decirlo, enaltece el recuerdo de su mamá, fallecida en 1998.

¿Cómo fue tu inicio como socia ?

Por motivo de trabajo, mi mamá siempre estaba ocupada, entonces me decía: «Anda, escucha lo que se habla en cada hyoginkai, vienes y me cuentas». Yo escuchaba y le informaba, hasta que un día, en el 2007, Elena Sakihara, siendo presidenta, me invitó integrar la directiva.

¿En qué te desempeñaste?

Prensa y propaganda. Yo esperaba quedarme solo un año y decía: «Va a ser mi debut y despedida». Pero la directiva me respondió: «De aquí nadie se va, todo el mundo sigue para adelante».

¿Cómo te sentías?

Al principio estaba nerviosa porque era la primera vez que participaba en una institución. Sentía cierto temor por hacer bien las cosas y no fallar. Estuve avanzado poco a poco, más que nada mi trabajo ha sido operativo y no mucho de hablar (risas).

¿Y después?

La señora Kazuko Nakada me propuso para pro-organización, después pasé a pro-directora y pro-tesorera. A mediados de pro-tesorera, por circunstancias mayores, Akemi, que en ese tiempo era secretaria, tuvo un incoveniente. Mieko Moromizato me invitó ser secretaria. Pensé que iba volver Akemi y yo le iba a decir a la directiva: «Vuelvo abajo». Pero no, la señora Moromizato me dijo: «No, sigue adelante».

¿Hasta ahora cómo ha sido tu experiencia institucional?

Empiezo a recordar lo que mi mamá ponía en práctica, todo lo que había aprendido en la Asociación Femenina Okinawense. Yo he conseguido muchas amistades, de repente soy más madura, pero no me imaginaba llegar a ser presidenta, no ha sido mi meta, yo ingresé para colaborar y para trabajar por el bien de la institución. 

¿Tu trabajo te da tiempo para dedicarte a la institución?

Felizmente sí. Cuando vengo a las actividades de la institución, mi hermana Amelia me apoya en la bodega. Ella hizo periodismo en Perú Shimpo.

¿Invitas a las jóvenes a ser socias de Okinawa Fujinkai?

Sí, las jóvenes están invitadas para hacerse socias. Aunque en esta época las mujeres se desarrollan profesionalmente, a veces no pueden asistir a las actividades institucionales porque cumplen importantes roles como lo hacen los hombres. No van a las reuniones, aunque tienen muchas ganas de asistir para conservar la cultura heredada de nuestros antepasados. En toda su vida ajetreada, dense tiempito para ser socias de Okinawa Fujinkai, hay mucho por aprender.

Mañana es el Día Internacional de la Mujer, ¿cuál es tu mensaje de saludo?

Que el Día de la Mujer no sea solo el 8 de marzo, sino todos los días, porque las mujeres se están desarrollando en muchos ámbitos profesionalmente y lo están haciendo muy bien, tienen los mismos derechos que los hombres.

¿Qué les dices a las mujeres víctimas de la violencia?

Mujeres peruanas, deben quererse un poco más para no ser maltratadas, sigan adelante. 

Naciste en Cañete y creciste en Lima, ¿dónde estudiaste?

En Lima, en el colegio Hijas de María Inmaculada en el convento San Andrés, cerca a la Plaza Italia. Al terminar primaria las monjas me recomendaron ir al colegio Virgo Potens.

¿Cuántos hermanos son?

Hemos sido cuatro hermanos, ahora yo soy la mayor porque mi hermano mayor falleció a los 23 años. 

¿Como ha sido tu infancia?

Jugaba muy poco, mi dedicación ha sido ayudar a mi mamá. Recuerdo que a los cinco o seis años muy poco salía a la calle para jugar, ya era mi modo de ser. Mi mamá me decía: «Ya, secretaria, ayúdame», y me quedaba para ayudarle en la bodega.

¿Continúa la bodega?

Sí, continúa la bodega que abrieron mi papá y mi mamá, ya tiene más de 50 años, está ubicada en Parinacochas, cerca a Gamarra, en La Victoria.

¿Cuántos años trabajas?

Desde el año en que falleció mi mamá, en 1998. Mi mamá era el eje de la bodega, pero por su fallecimiento nos dedicamos a trabjar junto con mi hermana, porque mi hermano trabaja en Japón.

¿Conoces Japón?

No, pero sí quisiera conocer. El otro año es el Uchinanchu Taikai, entonces tengo que trabajar duro para ir a Okinawa. Me han dicho que es uno de los lugares más atractivos de Japón. Mi mamá ha sido la única que ha ido a Okinawa en 1996, se quedó con ganas de ir una vez más.

¿Pones en práctica la tradición de Okinawa?

Sí, por ejemplo, mi papá ha sido el hijo mayor y él ha llevado el butsudan, ahora yo llevo el butsudan por ser la hija mayor. Todos los días lo atiendo antes de salir, le saludo, prendo un osenko y me encomiendo a mis abuelos, mi papá, mi mamá, mi hermano y mis dos tíos.

¿Tu mamá te enseñó cómo llevar el butsudan?

Por ser mi papá el hijo mayor, yo siempre he visto a mi mamá cómo atender el butsudan. Ella lo hacía con cariño, como si fuera algo natural. A veces pienso que es una manera de reunirse con la familia, es una forma de que toda la familia se siga integrando, compartiendo, porque no tenemos tiempo para reunirnos, solo lo hacemos cuando hay misa o velorio.

¿Cómo atiendes el butsudan?

Como lo hacía mi mamá. Le pongo ocha en la mañana, y en la noche comida. No es que mi mamá nos haya inculcado diciéndonos qué tenemos que hacer, son cosas que practica¬mos. Todas las mañanas mi mamá colocaba osenko y ocha antes de abrir la tienda, y eso es lo que hago ahora, porque nuestros seres queridos fallecidos nos cuidan, nos protegen. 

Antes de venir a la reunión en la Asociación Femenina Okinawense he colocado osenko y le he pedido a mi mamá que me acompañe.

¿Tu familia se daba tiempo para las canciones y bailes okinawenses?

A mi papá la gustaba el tango, la zarzuela, y se iba solo, a veces yo también iba porque del colegio nos enviaban a este tipo de actividades culturales. A mi mamá le gustaba la música japonesa, y en Okinawa Fujinkai ella ha aprendido muchas cosas. 

Amelia y yo nos quedábamos en la tienda para que mi mamá pudiera salir y asistir a las clases de cocina, y lo practicaba en cuanto llegaba a casa.

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