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«A la semana de llegar a Japón mi pensamiento cambió»
Luis Miguel Oshiro, exbecario de Haebaru Cho
viernes, 20 de marzo de 2015 | 4:47 PM
«A la semana de llegar a Japón mi pensamiento cambió»
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Por: Rubén Kanagusuku

Luis Miguel Oshiro Minamy estuvo becado por la Municipalidad de Haebaru Cho (Okinawa) desde diciembre pasado hasta marzo del 2015. Estudiante de Administracion de la Universidad del Pacífico, conoció y asimiló mucho de la cultura okinawense en el periodo de tiempo que le ofreció su estadía en Okinawa, tal como nos comenta en la siguiente entrevista.

¿Qué te sorprendió a tu llegada a Okinawa?

El recibimiento. No conocía a nadie y era la primera vez que iba al Japón. Pensaba que al llegar solo me iban a esperar dos o tres personas, y cuando llegué habían unas diez personas con un cartel que decía: «Bienvenido, Luis Miguel Oshiro». Eso me impresionó mucho.

¿Qué otros aspectos observaste?

Hacía frío pero era soportable. Y la comida era como comer en el Centro Cultural Peruano todos los días, pero con sabor un poco mas fuerte. Además la gente es bien cálida. Podías caminar en la calle a cualquier hora de la noche y no sucedía nada. La seguridad es algo recatable de allá, a pesar que las calles en Haebaru en algunas partes son oscuras. 

Hay costumbres diferentes también, como quitarse los zapatos al entrar a la casa o al restaurante.

¿Dónde estuviste hospedado?

En la casa del señor Yoshihiko Arakaki y su señora Miyuki Arakaki, que es el secretario de Cultura de la Municipalidad de Haebaru Cho, y la señora es profesora de kimono independiente.

¿Qué cursos llevaste durante la beca?

En la mañana estudiaba japonés dos horas, de lunes a viernes. También hice sanshin dos veces por semana, dos horas. Eisa también dos veces por semana, en las noches. 

Además, una vez por semana hacía shodo (caligrafía japonesa) en una escuela especial.

¿Qué anécdota recuerdas?

Cuando salía a caminar a Kokusai dori, uno veía muchos extranjeros. Uno siempre está acostumbrado a ver turistas americanos o europeos, pero cuando estás allá observas muchos coreanos, tailandeses, indoneses, chinos y sorprende ver tanta gente asiática, pero tan diferente al mismo tiempo. El idioma, las costumbres y la ropa de cada lugar son distintas. Parecía otro mundo.

¿Qué comida disfrutaste más?

Me gustó el kare raisu y el goya champuru. En Perú nunca había comido kare, allá era como el plato típico y lo encontrabas en todos lados.

¿Qué lugares conociste en Okinawa?

Como llegué en diciembre, los Arakaki me llevaron a un lugar al que le decían Itoman light y era lleno de luces. Van muchos japoneses por ser Navidad. 

Otro lugar es Kokusai dori, en donde hay muchos comercios, movimientos y lugares para ver. También está Chatan, que es más para jóvenes y hay muchos americanos. 

Fuimos a Churaumi (el acuario de Motobu) y Shurijo (el castillo de Shuri). He visto muchas playas bonitas, pero como hacía frío nadie entraba a nadar.

¿A qué actividades asististe?

Participé del Seijin no hi (mayoría de edad) organizado por la Municipalidad de Haebaru. De allí durante la celebración del Año Nuevo acompañé a la familia Arakaki a repartir regalos entre sus familiares. 

Asistí también a un concurso de oratoria para extranjeros, en donde encontré a los peruanos Melanie Nakama y Arturo Toyama participando con un dominio total del idioma japonés.

¿Por qué piensas que los jóvenes nikkeis no se interesan por las becas?

Creo que no tienen una imagen definida del Japón. Se cree que es tecnológico y que le va bien como país desarrollado y nada más. Entonces, para qué ir a un lugar si ya tienen una perspectiva de cómo es. Pero cuando vas a Okinawa, te das cuenta de muchas cosas como la diferencia de Okinawa con Tokio, de cómo vive un japonés en sí, cómo son sus costumbres, cuánto en realidad trabaja. A mí me voltearon mi mundo. A la semana de llegar al Japón mi pensamiento cambió, pues mis costumbres peruanas se fueron. No podía hacer nada «peruano», pues estaba en otro país. 

Pienso que los jóvenes creen que Japón es una potencia como Estados Unidos y como la gran mayoría ya conoce Estados Unidos, creen que es igual. Sí les recomendaría un montón que vayan. Okinawa no es como la comunidad nikkei peruana, allá hay muchas cosas por descubrir en todos los aspectos.

¿Qué mensaje darías a esos jóvenes?

Les diría que tienen que ir a Okinawa sí o sí. La gente de Okinawa es como un peruano que habla japonés, porque te tratan bien. Si tú necesitas ayuda en algo, lo hacen, te aconsejan, y uno nunca se va a sentir solo por más que no hable el idioma, siempre va a haber gente que te va a apoyar.

 

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