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«En Japón el respeto es absoluto y es lo que más anhelo para mi país»
Luis García Westphalen, becario de la Universidad de Nagoya
sábado, 4 de abril de 2015 | 1:52 PM
«En Japón el respeto es absoluto y es lo que más anhelo para mi país»
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Por Grace Gálvez Núñez

Qué mejor manera de festejar el Día de la Amistad Peruano-Japonesa que conociendo la historia de un becario que gracias a la beca Monbukagakusho pudo realizar sus estudios de maestría y doctorado en la reputada Universidad de Nagoya, en la prefectura de Aichi, Japón.

Al culminar sus estudios, Luis García Westphalen apostó por volver al Perú y aplicar aquí los conocimientos adquiridos en Nihon. Actualmente es profesor en las universidades Católica y San Marcos, y se está postulando para ocupar el cargo de Defensor del Pueblo.

¿Cómo decidiste postular a la beca y cuál fue el proceso?

Estudié Derecho en la Católica, terminé en el 99 e hice mi Secigra (Servicio Civil de Graduandos) en la Defensoría del Pueblo, desde el 99 hasta el 2006. Luego hice una pasantía en Washington, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

En el 2007, me encontraba estudiando Trabajo Social en Montreal, Canadá, me enteré de la beca y le pedí a mi mamá que presente mis papeles a la embajada.

Del 2006 me fui a estudiar Trabajo Social a Canadá.

Me dieron cita para dar el examen de inglés. Luego me llamaron para la entrevista, fue muy fuerte, el nivel de preguntas fue bastante incisivo, pensé que no me iban a dar la beca.

¿Para maestría o doctorado?

Solicité la beca para maestría y doctorado, y recomiendo que hagan lo mismo. El gobierno japonés tiene la política de querer que los becarios terminen sus estudios. Eso no quiere decir que luego de la maestría pasemos de frente al doctorado, hay que volver a postular y la aceptación depende de tus calificaciones de maestría. 

¿Sobre qué versó tu tema para maestría y doctorado?

Estudié sobre el rol que tiene la Contraloría General de la República del Perú en la lucha contra la corrupción, y el impacto que genera sus denuncias penales contra los servidores públicos. Cuando la contraloría denuncia a un servidor público por haber tomado la decisión de comprar un camión y no otro, se genera un incentivo de no tomar decisiones porque luego la contraloría los va a denunciar. Investigué denuncias penales y civiles, procesos que duran cinco años, y el Poder Judicial siempre concluye que el funcionario es inocente. Yo hubiese declarado lo mismo, no porque sean inocentes, sino porque no se ha comprobado que sean culpables. La Contraloría denuncia por indicios pero luego no se hace una investigación real para comprobar si hubo o no delito. He identificado muchos problemas y me gustaría aportar para contribuir.

¿En qué universidad estudiaste?

En la Escuela de Desarrollo Internacional de la Universidad de Nagoya, que a diferencia de otras escuelas tiene un carácter muy práctico, hay una impronta por hacer investigaciones que puedan ser aplicables en la realidad social de los países.

¿Qué rescatarías de Japón a nivel educativo?

Lo primero que quisiera decir es que las universidades peruanas son muy buenas. Puedo comparar el nivel de los profesores y lecturas con las mejores universidades del mundo, y puedo decir que las peruanas tienen un buen nivel. La diferencia se marca en las maestrías y los doctorados, sobre todo en los doctorados porque las universidades japonesas cuentan con recursos que no tenemos nosotros. 

En el caso de las ciencias sociales va por la posibilidad que tenemos los becarios de estudiar a tiempo completo. Cuando quise hacer mis estudios de maestría aquí, me enfrenté a la necesidad de estudiar y trabajar, y lo dejé rápido porque sentía que no estaba estudiando como yo quería hacer mis estudios de posgrado. Por eso me dediqué a buscar una beca que me permita realmente dedicarme a estudiar. 

¿Cuál fue tu propia experiencia?

Estudiaba en la maestría de 9:30 a. m. a las 11 u 11:30 p.m. todos los días. Vivía a cuatro cuadras. Es lo más normal, yo salía en el mismo momento que salían mis compañeros japoneses, quienes además tenían que tomar un tren por 40 minutos. La chica japonesa que más estudiaba se quedaba hasta las 2 a.m. Eso marca la diferencia, porque mientras más lecturas haces más tiempo tienes para reflexionar. Eso se va a ir notando en el trabajo de investigación que realizas.

¿Qué visión tienes del Perú ahora?

Regresé al Perú con una visión diferente y no solo de Japón, sino del Asia. Una cosa maravillosa en el caso de mi experiencia fue el ambiente multicultural que se vive en la Escuela de Desarrollo Internacional, donde se ve gente de Perú, Chile, Argentina, Brasil, Honduras, República Dominicana, Filipinas, Tailanda, Taiwán, China y Uzbekistán te das cuenta de la importancia del Asia en el mundo. 

Hay una visión en el Asia de que hay una corriente económica allí, Nissan y Sony tienen una. Nosotros los peruanos tenemos que mirar particularmente a Tailandia y Filipinas, porque son países emergentes como nosotros, son nuestra verdadera competencia, pero también son nuestros socios. 

Entonces vengo a reinsertarme pero con ganas de seguir mirando al Asia, a Japón y a los demás países que pueden ser socios estratégicos y competencia.

Hay que mirar mucho lo que pasa en el 50 por ciento de la economía mundial, en la Universidad de Osaka hay un instituto que investiga el APEC, entonces Japón no ha abandonado el APEC, al contrario, es un propulsor y eso hay que mirar.

¿Ya te lograste reinsertar a nivel laboral?

El primer mercado en el que me he reinsertado es en el que quería estratégicamente. Dictaré un curso en la Católica que se llama «Gestión de la lucha anticorrupción».

Además comencé a dictar el 24 de marzo el curso Derecho Constitucional y Derechos Humanos en la Escuela de Trabajo Social.

Además actualmente estoy postulando para ser Defensor del Pueblo, es un reto grande que he querido asumir. En estos momentos se está voceando dos candidaturas y a mí me encantaría que el Congreso elija porque este mes se cumplen cuatro años de que no tenemos Defensor del Pueblo.

En caso no ganes, ¿trabajarías para otro Defensor?

No tendría ningún problema en trabajar con otro Defensor del Pueblo, lo importante es fortalecer a la institución. Una cosa que se aprende en Japón es que lo importante no somos las personas de manera individual, sino la sociedad. Las personas importamos porque formamos parte de una sociedad, no importa en qué lugar de la sociedad estés, sino que estés trabajando para la sociedad.

¿Es lo que más te gustó?

En Japón lo que más me gustó fue el respeto absoluto y es lo que más anhelo para mi país.

Envía un mensaje por el Día de la Amistad Peruano-Japonesa.

Tengo dos primas nikkeis, que apellidan Sato Westphalen y yo adoraba a su obaachan. Además de ello, la amistad que tengo con Japón es mucho más antigua. En 1982, cuando yo tenía siete años, mi papá fue becado por JICA y estudió dos meses en Tokio. Luego volvió y solo compraba productos japoneses. Yo creí viendo cómo mi papá admiraba y quería la cultura japonesa y no solo por la tecnología, porque él siempre decía: «Esto no ocurre en Japón».

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