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Volver a creer en la vida
La historia de Chieko Kamisato
sábado, 4 de abril de 2015 | 1:55 PM
Volver a creer en la vida
Chieko Kamisato nunca supo de verdad si fue peruana porque la intención de su padre fue regresar a Japón en algún momento. Después obtuvo la nacionalidad estadounidense.
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Chieko Kamisato nunca supo de verdad si fue peruana porque la intención de su padre fue regresar a Japón en algún momento. Después obtuvo la nacionalidad estadounidense.Todas ellas conocieron Cristal City: Teresa Tochio, Miyoko Mishima de Sakata, Carmen Utako Tochio, quien nació en el campo de concentración y Motoko Kamisato de Ganaja.Chieko junto a su hermana Motoko Kamisato quien tenía tres años y medio cuando llegó a Cristal City.

Por Christian Hiyane Yzena

Aunque suene inverosímil, el verdadero sufrimiento de la gente no se vive necesariamente durante el tiempo en el que dura un conflicto armado sino después de ella. Reinsertarse en la vida es tan y más duro aún. Esta es la historia de Chieko Kamisato desde que salió del Perú, permaneció en Cristal City y renació en Los Ángeles.   

Junken Kamisato se cansó de esconderse en la chacra para evitar ser apresado y expulsado del Perú solamente por ser japonés y ser acusado de espía. Eran tiempos de guerra y nuestro país apoyó a los Aliados conformado por los Estados Unidos, enemigo de los nipones de las Potencias del Eje. Por ese motivo, todos aquellos que nacieron en el archipiélago y sus familiares no podían permanecer en el país. Formaban parte de la lista negra. 

Antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, Kamisato junto a su esposa Kami, arrendaron un local y pusieron una panadería en pleno corazón de Breña, en la cuadra 3 de la Av. Arica. Tuvieron dos hijos: Masataka y Chieko, que es quien, precisamente nos cuenta la historia a sus 81 años de vida. Todo marchaba con normalidad, hasta que sucedió lo que narramos líneas arriba.

“Alguien probablemente vio a mi papá y contó. De esa manera lo descubrieron”, rememora Chieko quien agrega que existía envidia y recelo de los peruanos contra los japoneses porque les estaban quitando la clientela. “Había un diferencia: los japoneses trabajan más”, acentúa. Personal de investigación, constantemente se acercaba hasta la casa de los Kamisato preguntando por él. Entonces el predio de la panadería ya había sido confiscado. Hasta que lo detuvieron en noviembre de 1943.

Recuerda como su padre cargó sus maletas. No hubo sorpresas porque sabía que estaba en la lista. Varios amigos que atravesaron por este triste episodio ya le habían contado lo que pasaban. Se despidió tranquilo. Desde entonces lo visitaban a diario en el centro carcelario de El Sexto, entre las avenidas Bolivia y Alfonso Ugarte de Lima.

“No lo trataban mal pero el lugar era feo. Sucio, sin servicios. Felizmente no se enfermó pero lo trataban como a un criminal”, asiente Chieko. Hasta que en enero de 1944, sin un aviso previo, fue llevado hasta la tolva de un camión militar y conducido a un destino desconocido junto a otros 29 japoneses. A ellos, que como todos los días, puntualmente habían ido a visitarlo, no les quedó más remedio que regresarse a casa con la comida y las frutas que llevaron. Y claro,  con la incertidumbre por saber qué pasó con él. 

PARA ACOMPAÑARLO

En marzo de ese año, les llegó una notificación en inglés comunicándoles que si deseaban estar al lado de Junken tendrían que inscribirse en el consulado de Estados Unidos. Gracias a las gestiones de una ciudadana inglesa, vecina de los Kamisato, fue que Kami y sus hijos Chieko, Motoko y Yasuo, pudieron conseguir espacio en uno de los barcos que estaba por zarpar. Como era natural, existía una enorme ilusión por reencontrarse con Junken. Les hacía falta. 

La nave hizo una escala en Panamá. Fue aquí en donde Chieko, que entonces bordeaba los 10 años, avistó a su padre cuando estaba subiendo a otro barco. Pudieron disfrutar de algunos momentos familiares durante la travesía. El 21 de marzo de 1944, arribaron a la ciudad de New Orleans. Aquí les pidieron todas las cosas que llevaban encima entre joyas y documentos, los que nunca les fueron devueltos y después pasaron por una limpieza total. 

Unas horas después, tomaron un tren y luego de cuatro días de cómodo viaje –Chieko nunca olvidará que durmieron en camas pull man- llegaron hasta Cristal City, Texas, el campo de concentración en donde vivirían desde marzo de 1944 hasta agosto de 1946 prácticamente sin libertad de movilizarse por donde quisieran. 

CRISTAL CITY POR DENTRO

“Era como una ciudad. Teníamos de todo. Nos pusieron en una casa grande dividida para cuatro familias. Estaba amoblado con lo necesario. La parte para lavar y la limpieza se encontraban en otro edificio. Nos daban unos vales con los cuales canjeábamos alimentos y artículos de limpieza personal. También colocaron escuelas de japonés e inglés para los hijos. Nosotros elegimos obviamente japonés. Para quienes querían trabajar, estaba el campo. El pago era poco”, relata Chieko. A los 1.800 japoneses provenientes del Perú, se sumaban los de Ecuador, Chile, Hawai y del mismo Estados Unidos. Varios nacieron en Cristal City como fue el caso de la peruana Carmen Utako Tochio.

“En cierta ocasión uno de los muchachos arrojó la pelota fuera de los muros del centro y sacó la mano para agarrarla. De inmediato uno de los soldados disparo como advertencia. Al día siguiente en las escuelas, los encargados nos comunicaron que había que tener cuidado y evitar esos momentos”, cuenta Chieko.  

COMENZAR DE CERO

Cuando la detención de los 2100 japoneses y sus familiares terminó, a muchos los enviaron a Japón. En el caso del Perú, la historia fue triste porque no se les permitió volver al país. Por ese motivo y gracias a las gestiones del abogado Wayne Collin y de la ACLU (Unión de Libertados Civiles de EE.UU.) fue que pudieron quedarse a vivir en Estados Unidos. Por lo general muchos de ellos viajaron a Los Ángeles debido a que los familiares los acogieron. En el caso de los que no tuvieron a nadie, el destino fue New Jersey. 

Los padres de Chieko, Junken y Kami, trabajaron duramente en un centro de acopio de verduras en el verano. Fueron doce horas diarias de labor en el día para las mujeres y doce horas en la noche para los hombres. Así, la familia casi nunca se encontraba completa en casa. Fueron casi dos años de rutina. “Fue una vida dura y difícil y mis padres ya tenían más de 50 años y no hablaban inglés”, agrega.

Posteriormente y gracias a un agente, pudieron mudarse a Los Ángeles. Uno de los detenidos en Cristal City que al ser puesto en libertad viajó de inmediato a esa ciudad, los acogió en su hotel por otros dos años más. De allí el crecimiento se fue dando poco a poco. La familia Kamisato rentó una casa en la que ofrecía pensión a cuarenta personas de origen japonés que llegaban desde distintos destinos. En 1952, Chieko concluyó la secundaria en el Politecnic High School de Los Ángeles.

DISEÑADORA DE MODAS

Luego ingresó al Technical College y se especializó en diseño de modas. Hizo sus prácticas como asistente junto a una diseñadora de la zona y ser consciente de que necesitaba aprender más, decide viajar a New York, luego a la ciudad de St. Louis de Misuri y finalmente Kansas. Al volver a Los Ángeles ingresa a la compañía Arpeja ocupando la vicepresidencia. Después de 13 años de trabajo se independiza y funda su propia empresa a la que bautizó con el nombre de Sweet Inspiration en la que laboró por cerca de 30 años. En el 2004 decide cerrarlo.

Desde entonces Chieko vive tranquila y serena en Los Ángeles. Siempre amable y con una sonrisa que esconde momentos tristes que ahora son parte de la historia de su vida. Acaba de visitar Lima y de reencontrarse con amigos y familiares. La enseñanza que nos transmite es que la familia siempre debe estar unida. “Mi mamá siempre decía a donde va mi papá todos tenemos que estar”.  

Decenas de años después, todavía hay cosas que no se entienden a excepción de lo estúpido y absurdo que pueden ser los conflictos armados cuando las víctimas son gente común y corriente que solo necesita vivir y trabajar en paz, lejos de móviles políticos, ideológicos y económicos. Con esta nota un sincero homenaje a Chieko y a todas las inocentes víctimas de la insania de la guerra.

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