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Mi experiencia en Kumamoto
lunes, 28 de marzo de 2016 | 5:15 PM
Mi experiencia en Kumamoto
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Por: Carmen Midori Nagaki Nakamatsu

Mi nombre es Carmen Midori Nagaki Nakamatsu, soy descendiente de japoneses de cuarta generación. Por la rama paterna, mis bisabuelos son oriundos de Kumamoto.

Yo conocí el Japón hace muchos años, cuando llegué como dekasegi. Cuando pude volver al Perú, me esforcé por terminar mis estudios profesionales, que había dejado incompletos, y me prometí que la próxima vez que regresara a Japón sería como becaria; ese era mi sueño, el que ahora es un sueño hecho realidad. 

Soy psicóloga de profesión y cuando me confirmaron que me habían otorgado esta beca me sentí muy emocionada. No solo se trataba de una oportunidad de desarrollarme profesionalmente, sino que tenía la gran ilusión de conocer la tierra de mis antepasados, Kumamoto, de donde valientemente partieron, dejando atrás a su familia, casa y amigos,  y llegaron a un país completamente desconocido para ellos, el Perú. 

A pesar de las penurias que en un principio tuvieron que atravesar, lograron salir adelante y preparar un país lleno de oportunidades para las futuras generaciones.

Yo hice mi preespecialización en el Área Clínica Educativa, un área de la psicología que se dedica al estudio de las necesidades y tratamiento de las personas las personas con habilidades diferentes.

Como becaria, mi entrenamiento técnico lo realicé en el Hospital para Niños con Discapacidad de la Prefectura de Kumamoto, llamado Kodomo  Sogo Rioyku Center.

Mi experiencia allí me permitió conocer un país del primer mundo como el Japón, capaz de abordar la educación de la población con discapacidad mental o física.

Desde el primer día que comencé mis labores, pude darme cuenta de grandes diferencias no solo en el contexto del aula donde me tocó el entrenamiento, sino desde la infraestructura, jefaturas, administración y organización.

Este trabajo no es fácil, pero con cimientos fuertes veo que es posible realizarlo y cumplir con las espectativas de padres esperanzados en una ayuda genuina para sus hijos.

Fui designada para atender a niños con Trastorno Autista; a su vez, la directora me permitió visitar diversos Centros de Atención de personas con habilidades diferentes y multidiscapacidades.

Visité colegios inclusivos, colegios especiales, asilos para personas con discapacidad,  talleres de autovalimiento, entre otros.

Las personas con discapacidad tienen grandes sentimientos. Aun cuando en algunos casos no pueden de¬sempeñarse cognitivamente  de manera regular, poseen el corazón más grande que cualquier otra persona. 

Pude ver que en Japón se preocupan para que desde muy pequeños los niños de escuelas regulares interactúen con niños de escuelas especiales y de esta manera aprendan a entender y respetar la condición de las personas con habilidades diferentes. 

Les quiero contar quién me inspiró a dedicar mi vida a las personas con discapacidad. Fue mi ojii Pedro Nakamatsu, él fue una persona muy inteligente y activa, un líder, que lamentablemente, siendo aún muy joven, sufrió un derrame cerebral que lo llevó a quedarse hemipléjico. Sin embargo, no se dejó vencer y logró tener un negocio próspero, además de ser directivo de diversas entidades peruano-japonesas.

Recuerdo que cuando yo era niña veía con admiración cómo podía amarrar sus pasadores con una sola mano y cuando le pregunté «¿Cómo puedes hacerlo?», me dijo: «Al principio fue muy difícil, pero si quieres algo debes hacerlo con las fuerzas de tu corazón».

Hoy yo lucho por mis sueños y no dejaré de hacerlo. Un día tendré un asilo para personas con discapacidad y le pondré su nombre, porque quiero que estas personas no se dejen vencer, que sepan que son muy valiosas y que sí pueden salir adelante.

Además del aspecto profesional, tuve la oportunidad de conocer muchos lugares impresionantes en Kumamoto. Es un lugar que posee hermosos paisajes naturales y manantiales. Asistí a un torneo de sumo y vendimos café peruano en un festival internacional. Kumamoto se encuentra muy cerca de Okinawa, así que pude conocer esta isla de la que tanto había escuchado hablar y la verdad es que me sorprendió con sus playas celestes, su comida y la alegría de las personas, incluso su forma de hablar es distinta, fueron pocos días, pero los disfruté mucho.

Por último quisiera contar lo que considero el lugar más especial de todos los que he visitado en Kumamoto, es Misato Machi. Allí viví una gran aventura y quisiera compartirla con ustedes. A pocas semanas de terminar la beca, fui en busca de mi familia. Debo confesar que siempre me ponía muy nerviosa la idea de presentarme ante ellos, ya que no me conocen, y temía que fuera una situación incómoda.

Una noche antes le pedí a mi ojii que desde donde quiera que esté me ayude a conocer al menos el lugar de donde partió mi bisabuelo y me permita ver el paisaje que él pudo ver en esos tiempos y donde vivió la mitad de su vida.

Con el apoyo del personal de la prefectura partimos por la mañana a Misato Machi, mientras nos acercábamos a la ciudad yo tenía una sensación muy extraña, pero me sentía feliz ya que el día que tanto había esperado por fin había llegado.

Cuando llegamos vimos algunas pocas casas y una peluquería en donde al preguntar nos dijeron que había una familia Nagaki que vivía en el sentido contrario a la ruta que habíamos tomado, fuimos en esa dirección haciendo paradas para preguntar en las casas, pero ninguna nos daba razón. Mientras mirábamos las casas, encontramos que una de ellas tenía el kanji de Nagaki en la puerta, lo que me alegró mucho, pero al llamar a la puerta no había nadie en casa.

Comencé a sentirme triste y a perder las esperanzas. Pensé que quizá el destino no me permitiría llegar, sin embargo, en el camino encontramos a un grupo de señores reunidos conversando, al preguntarles si sabían donde vivía la familia Nagaki la sorpresa fue muy grande: tenían un amigo Nagaki que en algún momento les había contado de que tenía parientes viviendo en Perú y fueron a llamarlo.

Fué así que pude conocer a mi tío, quien amablemente me llevó al cementerio familiar en donde pude ver escrito el nombre de mi bisabuelo Kijeiyi Nagaki, no puedo describir con palabras la emoción que sentí al poder hacer la reverencia y agradecerle por el ejemplo de valentía y fortaleza que nos heredó al dicidir salir a buscar un mejor futuro en un país tan distinto, lo que admiro, y es para mi un honor ser parte de su descendencia.  

Luego pude visitar la casa de mis tíos, donde tomamos el té y compartimos un momento que siempre llevaré en mi corazón.

He regresado a mi país contenta de haber vivido esta gran experiencia y con la promesa de aplicar lo aprendido, tengo mucho que contar, han sido pocos meses, pero estos me inspirarán toda la vida.

Quiero terminar diciéndoles que los sueños no tienen que quedarse siendo solo sueños, si es que creemos firmemente en ellos debemos perseguirlos y luchar por hacerlos realidad, eso fue lo que pensaron nuestros antepasados y ahora nos toca a nosotros seguir ese ejemplo.

Agradezco infinitamente al Gobierno de la Prefectura de Kumamoto y a Peru Kumamoto Kenjinkai por la confianza que depositaron en mí al otorgarme la beca.

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