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El ritmo zumba de Elena Gushiken
Peruana logró en Japón todas las acreditaciones de este contagiante ejercicio que mezcla ritmos latinos y aeróbicos
lunes, 28 de marzo de 2016 | 5:18 PM
El ritmo zumba de Elena Gushiken
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Por: Christian Hiyane Yzena

Elena Gushiken Nakandakari (47) nunca pensó quedarse en Lima. Era fines de la cruenta década de los ochenta. Se animó por Economía y siguió dos ciclos en la Universidad Garcilaso de la Vega, pero después pensó en que en este país, entonces ensombrecido por el terrorismo y la debacle económica, «no había futuro». Creció en el distrito limeño de La Victoria y en 1990, con 21 años a cuestas, enrumbó a Japón. «Viajé para quedarme por mucho tiempo», asegura. 

Su primer empleo no fue fácil. En la fábrica Ohi Seisakusho, ubicada en Isogo, Yokohama, que proveía de autopartes a la Nissan, se encargó del trabajo de soldadura de motores para carros, con dos horas extras diarias. «Fue una experiencia buena», puntualiza. 

De allí postuló a la fábrica Panasonic de Fujisawa, en Kanagawa, en la sección de soldadura de punto. Aquí conoció a quien sería su esposo, Vicente Yamakawa. 

Diariamente se veía con decenas de armazones de computadoras, hasta 1997, en que hizo otro cambio porque bajó el trabajo: la fábrica NOK, en la misma ciudad de Fujisawa. Le siguieron otra empresa pequeña que se dedicaba a las piezas de celulares en Ayaso shi, Kanagawa y después Chinazaki Kogyo dentro del rubro de fibra óptica.

En el 2005, nació su hijo Iván y se dedicó a cuidarlo. Para contribuir con la economía del hogar realizó trabajos bajo la modalidad del Naishoku durante el día. Posteriormente, ingresó a una fábrica de autopartes en la ciudad de Shonandai aunque solo haciendo teiji. Cuando Iván cumplió 4 años, lo encargó a un Hoikuen y la jornada de trabajo fue en Samukawa, orientado a la elaboración de paneles de control y solares.

BAILANDO ZUMBA       

A Elena siempre le gustó lucir bien. Las rutinas de ejercicio físico formaron parte de su vida. En el 2008, se dejó llevar por la magia de la zumba, una mezcla de ritmos latinos y aeróbicos, para bajar de peso, e inicialmente realizó rutinas por su cuenta y entre sus círculos de amistades. Alquilaba locales municipales para dichos fines en su prefectura. Muchas desertaron y unas cuantas decidieron tomarla como una experiencia de vida. Además, para nadie es un secreto lo sacrificado que es trabajar en fábrica y dedicarle un tiempo a la actividad física. 

En el 2010, decide ir más allá y romper con lo más cercano para presentarse en gimnasios japoneses. Así ingresa al Central Fitness Club, el gimnasio más grande de Kanto, como instructora de zumba. Luego, con esfuerzo, logra aprovechar una vacante en Higashi Totsuka. Entonces, su conocimiento y experiencia iban en aumento. Ya no solo ostentaba el certificado zumba Nivel 1. Le siguió el Nivel 2 y el zumba Gold, ideal para las personas de la tercera edad.

Elena no solo se acercó a un público muy distinto por su idiosincrasia y cultura, sino que aplicó todo un sistema de trabajo diametralmente diferente al que suele tener el latino. La presentación es importante así como el diálogo con ellos. Se ayudó con un pequeño guión primero y después dejó que la cosa fluya con normalidad. Las dificultades con el idioma fueron superados con creces con la habilidad y el entusiasmo que le ponía a cada performance.  

Afortunadamente, los ritmos latinos están de moda y cada vez crece más el número de seguidores entre los japoneses, por la alegría, calidez y lo contagioso de su ritmo. Bajo su responsabilidad, tuvo a unas 30 personas de una edad promedio de 60 años. Hasta fines del 2011, en que decide regresar a Perú. 

Su último trabajo fue en Futamatagawa Shonan, en Yokohama.  Con tristeza tuvo que dejar a sus discípulos por otro objetivo, uno más sagrado y no menos importante relacionado con la educación y el futuro de su hijo Iván, pues en un viaje que realizó unos años antes a Lima, comprobó que la educación era muy distinta a la de Japón.

De vuelta al Perú, en abril del 2013, no pierde tiempo e ingresa como instructora de zumba en la AELU, y al mes siguiente ya formaba parte del staff de la Asociación Peruano Japonesa. Ahora mismo, en pleno verano, las clases y el número de alumnos han crecido, pues la temporada es alta. «Algunas personas me preguntan si en un mes pueden bajar de peso, pero eso depende de varios factores: uno es el metabolismo de la persona, otro los niveles de disciplina y trabajo que le pongas», sostiene Elena.

Pese a todo, las ganas por pegar la vuelta a Japón siguen intactas y espera cristalizarlas en algún momento. Sus seguidoras la quieren de regreso y ella no piensa defraudarlas. Algún día cumplirá su deseo.

Elena Gushiken brinda sus rutinas de zumba en la Asociación Peruano Japonesa. Para mayor información ingrese a http://cursosperuanojapones.com/home/artes-marciales-y-gimnasio, o al teléfono 518-7450, anexos 1002, 1003, 1004 y 1005; correo: info@unidadde cursos.com

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