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Sara Yoshisato y su nueva vida en Japón
jueves, 28 de julio de 2016 | 4:33 PM
Sara Yoshisato y su  nueva vida en Japón
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Por: Ciria Chauca Falconí

Sara Yoshisato es, por la rama paterna, nieta de inmigrantes japoneses procedentes de Okinawa, y profesora de formación. Después de ocho años de entregarse a la docencia en Japón, volvió hace unas semanas a su tierra, Lima, para reunirse con la familia y con las inolvidables amistades.

Durante siete años, Yoshisato fue profesora en el colegio Mundo de Alegría, en la ciudad de Hamamatsu, prefectura de Shizuoka. Además, desde mayo del 2015, en la ciudad de Tokio, trabaja en el Programa de Educación a Distancia, PEAD Kyodai.

¿Cómo ha sido la experiencia de ser profesora en Japón?

Muy bonita e interesante. Han sido 7 años trabajando en el colegio Mundo de Alegría, donde aprendí bastante. En Perú se trabaja con un determinado grado, un determinado salón y un determinado curso. Allá prácticamente es polidocencia y multigrados. Por ejemplo, el nivel inicial es un solo salón, el de primaria y secundaria son dos salones cada uno. 

Ha sido una experiencia interesante trabajar con niños peruanos que viven allá. A veces están solamente con papá y mamá, o dependiendo, a veces regresan a casa y no encuentran a ninguno porque están trabajando. Esto me ha hecho crecer, ver de otra manera el mundo y la vida.

¿Cómo es la situación actual de escolares peruanos? 

En algunos casos, tanto los padres de familia como los niños, piensan que en algún momento van a volver al Perú, es por eso que están en el colegio Mundo de Alegría, para mantener la lengua materna, de modo que al regresar a Perú puedan continuar sus estudios. Ahora, algunos prácticamente pasan toda su vida escolar en Japón, y también hacen su carrera superior. Los chicos giran en torno a la posición o situación de la familia.

Cuando llegan a los 17 años, ¿qué hacen?

Si es que han estudiado en Mundo de Alegría, dependiendo del nivel de dominio del idioma japonés que tenga el alumno, tienen la opción de estudiar un año más para que tengan los 12 años de etapa escolar que requiere la currícula japonesa para que ellos puedan postular a un daigaku (universidad) o a un senmongakko (instituto superior).

Afortunadamente, Mundo de Alegría tiene un convenio con una escuela que es koko, los chicos peruanos que deseen continuar con los estudios superiores en Japón hacen su secundaria y de ahí, a la par, hacen el koko a distancia, y una vez que terminan la secundaria hacen un año más de koko, y de ahí deciden si van a daigaku o al senmongakko.

Si los jóvenes han desarrollado su vida escolar en escuela japonesa, depende de las notas que hayan obtenido en el koko para que puedan ver cuáles son sus opciones de estudios superiores.

¿Es complicado estudiar en universidades japonesas?

Pueden optar por préstamos económicos. En Japón la vida se va planificando, los padres saben que desde que ingresan sus hijos al hoikuen o yoshien van haciendo un ahorro para el shogakko, para el chugakko, para el koko, para el superior. Los padres hacen el préstamo cuando los chicos ingresan a la universidad, y estos, cuando terminan, pueden pagarlo, o lo van pagando mientras van estudiando (dependiendo de la modalidad del préstamo). 

Aparte, cuando los chicos ya tienen 15 o 16 años, pueden hacer trabajo de medio tiempo, así aprenden lo que es el valor del dinero. Creo que si el joven está bien preparado, podrá salir adelante.

¿Has tenido alumnos que han logrado graduarse en universidades japonesas?

El colegio ha tenido un alumno que ha concluido sus estudios en la universidad japonesa y otros que han concluido sus estudios en institutos superiores. 

¿Residen y trabajan profesionalmente en Japón?

Sí, y supe que uno de ellos al terminar sus estudios ingresó a trabajar a una empresa y está preparándose para ir a trabajar a otro país. Soy de la idea que para todos hay oportunidades, solo tienes que saber aprovechar ese momento. Querer es poder, si tú quieres algo, la luchas y te esfuerzas para conseguirlo. La educación es cara, pero en el caso de los padres es la mejor herencia para sus hijos, es algo que nadie les puede quitar. 

¿Tienes exalumnos que hayan regresado al Perú para estudiar en universidades?

Sí, por ejemplo, el caso de un niño peruano que estudió en el colegio Mundo de Alegría, terminó la secundaria, regresó al Perú, terminó su carrera y ya está trabajando. Me envió sus fotos diciéndome: «Sensei, ya me gradué en la universidad». Yo me he sentido alegre y contenta porque el chico me contó que se esforzó y estaba en el tercio superior. Creo que él ha terminado la universidad con el primer o segundo lugar. Y me cuenta que su mamá ha colgado todos sus diplomas, porque él es un orgullo. Toda su familia está en el Perú. Después de trabajar en Japón, su mamá, su papá y su hermano menor decidieron regresar a su ciudad de origen.

¿Hamamatsu es el lugar donde trabaja el mayor número de peruanos?

No, Hamamatsu es la ciudad donde residen y trabajan mayor número de brasileños, en segundo lugar están los filipinos, le siguen los chinos y los peruanos ocupan el cuarto lugar.

¿Los peruanos le dedican todo su tiempo al trabajo?

Sí, trabajan en fábricas. Algunos tienen sus propios negocios. Hay un empresario peruano que tiene su propia compañía que lleva a Japón productos peruanos. Hay otros que tienen tiendas pequeñas donde venden productos peruanos. También hay peruanos que tienen sus propios restaurantes. En las ciudades donde se concentren buena cantidad de compatriotas, podrás encontrar algún tipo de negocio dirigido por un peruano. 

¿Cuántos peruanos estudian en el PEAD Kyodai?

Kyodai tiene el programa de educación a distancia, son chicos que están en Japón, estudian en colegios japoneses, pero a la vez llevan la currícula peruana. En un futuro, si regresan o no al Perú, ya tienen la certificación para no hacer la convalidación, ni la revalidación, que es un trámite un poco engorroso y costoso. Nos está yendo muy bien, está abierta la matrícula para el último grupo del año, esperamos que todo siga bien. Ahora hay un nuevo sistema que se está implementado, con plataformas y todo eso, y tenemos buena aceptación.

¿Qué les diría a las familias peruanas que trabajan en Japón?

Que no pierdan la lengua materna. Es triste escuchar algunas historias, por ejemplo, la Policía había detenido a un menor, llamaron a los padres pero tuvieron que ir con un traductor porque no podían comunicarse con el hijo, él hablaba solo en japonés. Eso es lo más importante, por más que estén estudiando en un colegio japonés y tengan años viviendo en Japón, que no se pierda la lengua materna. Ellos no saben las ventajas que tendrían de chicos bilingües. 

¿Qué les sugieres a los que quieren trabajar en Japón?

Que piensen bien, qué es lo que quieren, si quieren ir a trabajar a Japón, vayan; pero si tienen familia tienen que saber qué es lo pueden hacer, ¿la van a dejar aquí?, ¿la llevarán a Japón? A veces el adulto dice «el niño se adapta rápido», pero no todos se adaptan rápido, son como esponjitas, sí, absorben todo, pero también les cuesta, porque dejan aquí a sus amiguitos, y lo mismo pasa cuando regresan. Entonces, es difícil, pero se debe evitar tener a los niños como pelotas de ping pong, de aquí para allá.

¿Cómo fue tu vida en Japón?

Toda una aventura. Con momentos buenos y malos. Rodeada de gente a la que tengo mucho que agradecer porque me enseñaron ambas caras de la vida y de las personas mismas.

Yo trabajaba en el colegio José Gálvez, además con los chicos de Perú Nikkei Ritmos y Colores, y en AOP. Recibí una llamada y una invitación preguntándome si quería trabajar en el colegio Mundo de Alegría, en Hamamatsu. ¿Qué podría hacer yo?, respondí. Pero me cayó a pelo, porque justo había fallecido mi mamá, como que mi vida iba a cambiar un poco. Aunque en un principio no quise aceptar, porque tenía aquí mi trabajo, mi vida, pero me me pidieron que lo piense bien. Mi hermano me dijo: «¿Estás loca?, cuánta gente quiere ir a trabajar a Japón y te vas a dar el lujo de decir no. Yo no quiero verte aquí, acepta». Yo me reía nada más. 

Finalmente, vi la propuesta como un cambio, por eso me fui. No pude conocer ni una fábrica, llegué de Lima de frente al colegio Mundo de Alegría, y empecé como profesora. Con el transcurso del tiempo la directora me dio la confianza de ser coordinadora y profesora, cargos que desempeñé y me esforcé por hacerlo bien. A inicios de febrero del 2015 presenté mi carta de renuncia y trabajé ahí hasta el siguiente mes. Había tomado la decisión de hacer un alto. Mi intención era regresar a Perú e iniciar de nuevo. Pero al salir del colegio recibí la invitación de trabajar en Kyodai, porque consideraron que tenía la experiencia de eventos, como cuando trabajé con Perú Nikkei Ritmos y Colores, y fue así que gracias a las buenas referencias, ahora estoy en Kyodai. Mi aventura continúa, porque ahora estoy trabajando, aprendiendo y conociendo. 

¿Cuánto conocimiento tienes del idioma japonés?

Leo y escribo un poco, pero aún me falta, creo que nunca terminaré de aprender. Estoy estudiando, porque una cosa es leerlo y otra es escribir en japonés.

¿Desde cuándo trabajas en Kyodai?

Desde mayo del 2015. Estoy ayudando en lo que es el PEAD (Programa de Educación a Distancia), apoyo también en el call center, veo lo que es marketing en el mercado latinoamericano. Cuando hay eventos me gustar ir y apoyar porque es una forma de conocer y estar en mayor contacto con el público.

¿Cómo es tu departamento en Tokio?

Tiene lo justo y necesario para mí, es bastante tranquilo y está bien ubicado. Voy a la oficina, hago mi trabajo, lo disfruto, y cuando salgo me gusta caminar para conocer más Tokio, vuelvo a mi apato, veo la televisión, series o películas, o leo, todo bien y tranquilo.

¿Extrañas Lima?

Sí, a veces se extraña. Pero son etapas que van pasando, círculos que se tienen que ir cerrando, y a la vez se van abriendo nuevos círculos.

¿Has estado en Lima para visitar a tu familia?

Sí, he visitado a mi hermano y a mis tíos. He visto a casi todos mis amigos, me he reencontrado con mis alumnos del grupo Perú Nikkei Ritmos y Colores.

¿Con este grupo hiciste tu primer viaje a Japón?

Sí, en 1999. Viajamos para hacer presentaciones con danzas y música peruana, y justo me he reencontrado con ellos, hemos hablado, les he escuchado, he llorado. A veces una sabe hasta dónde te puede querer un niño, pero que después de 8 años te lo vuelven a decir es bonito, es emocionante, por eso he llorado. 

¿Cómo has programado tu futuro?, ¿te quedas en Japón?

Hasta donde se pueda, no te puedo decir que no voy a regresar. No lo puedo decir.

¿Cómo has encontrado el Perú?, ¿ha cambiado?

Sí, ha cambiado. Bien por la economía, pero no por la seguridad. 

En Japón, en la oficina de Kyodai, en Tokio, he encontrado un lugar donde me siento bien, es una nueva familia, y voy a seguir trabajando hasta donde ellos me permitan, y el cuerpo me lo permita también. Es una nueva experiencia, porque dejé de ser la profesora para atender a alumnos y padres, aunque no directamente, tengo contacto con el público y con los socios de Kyodai.

¿Has visitado el colegio José Gálvez?

Sí, por supuesto, y he visto que ha cambiado para bien, pero me da pena porque está rodeado de otro ambiente. Me da mucho gusto ver que está creciendo, no hay los mismos profesores que yo he dejado, pero aún está el director con quien trabajé. Los últimos años antes de ir a Japón, el director Henner Ortíz, me ayudó enormemente. Cuando estaba iniciando mi trabajo en el colegio Mundo de Alegría yo le envié mensajes para que me ayudara a organizar el área peruana del colegio (registros, planillas, libretas, modelos de documentación), por eso agradezco la confianza que ellos me dieron y la ayuda que me brindaron. Lo que aprendí en el colegio José Gálvez, en la Asociación Peruano Japonesa, en el Departamento de Cultura con los chicos de Perú Nikkei Ritmos y Colores, y en la Asociación Okinawense del Perú me ha servido bastante en Japón.

¿Qué les dirías a los alumnos del José Gálvez y a los chicos de Ritmos y Colores?

Que sigan esforzándose, que no se conformen con lo que tienen, que no sean uno más del montón. Siempre les he dicho que si quieren ser mecánicos, tienen que ser los mejores mecánicos. Además, les diría que siempre es mejor tener una sonrisa dibujada, así el camino se nos hará más fácil.

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