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Surcando la historia de Okinawa y de nuestros ancestros
¿Cómo eran sus vidas en Okinawa? ¿Por qué emigraron? ¿Qué representaron los cambios sociales luego de la anexión?
lunes, 10 de octubre de 2016 | 5:55 PM
Surcando la historia de Okinawa y de nuestros ancestros
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Por: Ángel Francisco Shirota Higa

¡Todo cambia¡ Cuando un rey no era más un monarca, cuando la nobleza pierde su abolengo, los comerciantes, los artesanos, los campesinos se van como inmigrantes, el reino de Ryukyu es Okinawa. Así se inicia la historia de nuestros ancestros, y la nuestra. 

Como un preludio al Uchinanchu Taikai, surquemos por la agitada y la gloriosa historia de Okinawa. Recordemos su ubicación privilegiada, en las inmediaciones de China, una ruta natural de navegación del continente al archipiélago, un espacio de intercambio comercial y cultural.

El reino de Ryukyu era una monarquía independiente, con una cultura autóctona y tradiciones propias. Se tributaba con China. No existían bases militares, era una asociación comercial libre y cultural, sus misiones visitaban con cierta frecuencia la isla, y sus representantes eran recibidos con honores. Hacia 1609 son conquistados por Satsuma, por no plegarse al ataque a Corea, cuya finalidad era atacar más adelante China. El reino no fue anexado y quedó un estado de ambigüedad entre China y Japón. 

La importancia de Okinawa

Los señoríos feudales de japoneses necesitaban con urgencia comerciar con el continente (China, Corea, enclaves occidentales, etc.), pero cerraron sus puertos al exterior para evitar «contaminarse» con los forasteros. Para solucionar su dilema, otorgaron una cierta independencia al reino de Ryukyu y tampoco perturbaron sus milenarios lazos con China, como monarquía tributaria, concediéndoles libertades para el ingreso de mercaderías, cuyo destino final serían los shogunatos. Los uchinanchus se benefician de este contexto y esta se convierte en una ruta prioritaria para el comercio, que luego alcanza una inusitada prosperidad. 

Comienza la anexión

En diciembre de 1871, un buque del reino de Ryukyu sufrió un naufragio al sur de Taiwán. Los tripulantes fueron decapitados por los nativos de Paiwan. Pero 12 sobrevivientes fueron rescatados por súbditos del Imperio Qing. Los japoneses demandaron a la Corte Imperial china una indemnización y el castigo de los nativos. China lo consideró como un tema interno, pues Taiwán era parte de la provincia Fujian y el reino de Ryukyu era un estado tributario.

Luego, el Gobierno japonés instó nuevamente a China a reivindicar los daños y dar un castigo ejemplar a la etnia. El Gobierno chino rechazó las reclamaciones, con un argumento contradictorio: «los nativos bárbaros» estaban fuera de su competencia. Japón envía una expedición militar a castigar a los aborígenes Paiwan. Después, las fuerzas japonesas se retiran de la zona al aceptar un acuerdo con el gobernante Qing que implicaba una compensación económica. Este incidente fue un argumento para que el Imperio japonés asumiera la abdicación de China a sus derechos sobre Ryukyu.

El inicio de nuestra historia

Luego de la era Meiji, Japón se abre al mundo, la isla pierde la exclusividad del comercio y su preponderancia. Hacia 1879, el Imperio japonés anexa definitivamente a Ryukyu, no sin antes desatarse un debate diplomático donde el monarca Sho Tai  —último soberano— intenta la mediación de las potencias occidentales, que ejercen una nula presión, mientras que China es ya una monarquía muy debilitada. Todo cambia, se acelera, y desde el régimen, y hasta el último habitante, ven su mundo tambalear. 

La hora de la anexión de Japón

En la isla se abre el debate a favor y en contra de la anexión, sobre todo en Kume, sede de la aristocracia de origen chino donde la decisión causó gran malestar. Shuri vio decaer su importancia frente a Naha, la nueva capital. Los cambios incluyeron medidas traumáticas, como la abolición de la monarquía, la reducción de beneficios de la aristocracia hasta su extinción, y la pérdida de autoridad de los samuráis. Se introdujeron capitales provenientes de las prefecturas, que obtuvieron grandes beneficios en desmedro de los locales. El monarca Sho Tai era nombrado marqués con un exilio dorado en la corte de Tokio. Mientras, Okinawa ya no enviaba sus tributos a China, estos enrumbaban al Imperio japonés. Cambios y más cambios.

Se produce un gran cambio en la agricultura y se promueve el reemplazo del arroz y los productos de primera necesidad por el monocultivo del azúcar. Este desplazamiento afectó la seguridad alimentaria, pues las áreas de cultivos son pequeñas en Okinawa, y conllevó a la importación de alimentos provenientes de las prefecturas de Kagoshima y Osaka. El resto lo hicieron los desastres naturales: los tifones, las inundaciones y las lluvias torrenciales empobreciendo al otrora importante reino. En realidad, era muy poca la importancia dada por el Gobierno imperial a la penosa situación de la nación recién anexada.

Lo perdieron todo

Los antiguos aristócratas fueron reemplazados por inversionistas de las distintas prefecturas. Solo algunos pudieron adecuarse a la situación, invirtiendo en pequeños negocios, casi siempre encargados por los miembros femeninos del clan.

Un día se acostaron entre sábanas de seda y al despertar lo hicieron en un frío galpón. Sus palacios fueron convertidos en cuarteles, sus beneficios y pensiones se derogaron. Sus terrenos agrícolas se redujeron y no se podían dividir entre sus miembros de la familia como era costumbre. La gran mayoría terminó carente de fortuna, laborando como vendedores o impartiendo clases. Quienes optaron por emigrar, sin lugar a duda, fueron los más afectados, pues lo perdieron todo.

Tachar el pasado

En lo social, se tomó en cuenta la experiencia del Gobierno de Tokio de tamizar a los antiguos shogunatos; la receta en realidad era sencilla pero muy efectiva, educar a los más jóvenes logrando asimilarlos al nuevo régimen, y que así olviden Ryukyu como su estrecha relación con China. Se indujo a sacralizar a los docentes japoneses. Se dieron becas de estudios en Tokio, se abrieron escuelas de todos los niveles, y se persuadió a los padres para que matriculen a sus hijos. Al formarse con una educación similar a la japonesa, podrían acceder a cargos gubernamentales y a un futuro con oportunidades. 

De Buda al Shinto

En 1884 se suprime el culto de las Yutas (sacerdotisas o videntes), parte del acervo cultural local; también las religiones occidentales y otros credos se practicaron de manera muy discreta. Se difundió el shintoismo en desmedro del budismo. Los antiguos templos budistas de claustro fueron abiertos al público. 

El terremoto social

Hacia 1895, el vendaval acaeció al tejido social de la isla, tan terrible como todos los tifones. Mediante nuevas medidas se recurrió a reactivar la agricultura en Okinawa. Las tierras de cultivo eran de uso del agricultor, el comunitario, el estatal, el religioso y de algunos pocos nobles. No existía la propiedad privada y era complicado cualquier tipo de financiamiento para las cosechas y la mejora en su rendimiento. 

Se recurrió a la privatización manteniendo el orden social, brindando la propiedad a los campesinos con el pago de un impuesto estatal, razonable al inicio pero que devino en una onerosa tasa, y con el agravante del monocultivo de la caña de azúcar, cuyo resultado desa-lentó al agro en general. El resultado fue muy contraproducente, pues los agricultores decidieron migrar a otras prefecturas o dedicarse a otras labores.

A conquistar el mundo

Los ancianos observan el exreino, ahora prefectura, muy empobrecido. Los jóvenes vivían una terrible realidad, peor aún, un incierto futuro, debido a decisiones ajenas. Sin claudicar deciden migrar a otras prefecturas buscando una nueva vida. En la mayoría de ellas se encuentran con la desconfianza e incomprensión por la antigua relación de Okinawa con China. Muchas personas observan a los inmigrantes con suspicacia, pues aunque eran japoneses poseían un idioma y costumbres muy diferentes. 

La única solución era conquistar el mundo, era migrar en la búsqueda del porvenir para luego retornar, pues el okinawense es muy allegado a su familia, así que se iba con la promesa de retornar pronto con fortuna. Fue un dolor terrible para nuestros mayores, pero una necesidad vital para salir adelante. El 1899 se inicia el proceso de inmigración organizada, que comenzó cuando Toyoma Matasuke llevó un grupo de 27 personas a trabajar cultivos de azúcar a Hawái. 

Hacia 1903 partieron 941 inmigrantes en la búsqueda de sueños a lugares distantes como Estados Unidos, México, o a sitios más cercanos como Hawái o Filipinas. Este proceso contó con el apoyo del Gobierno, pues el inmigrante viajaba contratado, y la mayoría eran personas con educación. Para 1906 se inició la inmigración al Perú. Pocos pudieron retornar, pues formaron nuevas familias, negocios rentables, una nueva vida, pero compartieron su éxito con su tierra natal, siendo la prefectura japonesa con mayores volúmenes de remesas extranjeras.

Mediante estas letras queremos dar a conocer el contexto y el modo de vida antes de inmigrar de nuestros ancestros; así como todos los vaivenes que les tocó vivir. Un momento de cambios agudos, de coyunturas convulsionadas por el nacimiento de nueva nación y el arrastre al recién anexado reino de Ryukyu.

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