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«En el Japón aprendí a hacer negocios y a confiar en la palabra de las personas»
Testimonio del peruano Martín Alva tras vivir y trabajar por doce años en el archipiélago. Hoy administra dos restaurantes de comida japonesa: Maki Sushi y Origami Sushi Bar.
miércoles, 9 de noviembre de 2016 | 3:44 PM
«En el Japón aprendí a hacer negocios y a confiar en la palabra de las personas»

Por Christian Hiyane Yzena

«El primer obstáculo de todo peruano es ser dekasegi; el segundo, el idioma. Frente a lo primero no podía hacer nada, en cuanto a lo segundo sí», reflexiona Martín Alva, un peruano que no dejó la oportunidad de viajar a Japón y que quebró todas sus proyecciones: los dos años propuestos en un primer momento se convirtieron en doce. De las primeras líneas se deduce que Alva sabía de las dificultades que todo extranjero enfrentaba cuando llegaba a la isla. Por eso se esmeró en hablar y comprender el idioma japonés.

Los comienzos no fueron fáciles. Trabajó en construcción durante dos años, cuando apenas llegaba a los 17, en la empresa Shimoyo Kogyo, en la localidad de Kofu, prefectura de Yamanashi. Estar expuesto al sol y a los cambios bruscos del clima fue su talón de Aquiles. «Me terminó gustando el trabajo porque soy una persona hiperactiva», señala sin olvidar que hizo lo imposible por hacerse entender «hasta con señas y dibujos». 

Por entonces conoció a la japonesa Yuko Tanaka, quien después sería su pareja por casi seis años. Gracias a ella y, claro, a su propio esfuerzo, aprendió mucho de la cultura japonesa. «Aprendí de la cultura, cómo comportarme con los japoneses; cómo comer, cómo expresarme. Me educaba», asiente. Y por supuesto, tomó conocimiento de la gastronomía nipona a la que nunca se le corrió. «Hasta me enseñó a cocinar Tonkatsu», añade.

A los dos años de relación, inauguran en la misma zona de Kofu y de manera conjunta la discoteca Kimbara, donde se ofrecía comida peruana y se bailaba al ritmo de salsa. El local gozaba de gran aceptación entre la comunidad latina del lugar, así como de quienes residían en otras partes del archipiélago. 

Sus proyecciones fueron creciendo y sus objetivos de vida también. Pensó en si era conveniente quedarse a vivir y laborar en Japón o regresar al país que lo vio nacer. Fue en este lugar en que sus aspiraciones empresariales despertaron, sobre todo en el giro de restaurante. Allí aprendió a preparar distintos platos japoneses y a observar cómo se manejaba administrativamente un negocio. 

Una nueva vida

En el 2004 retorna a Lima con muchas cosas claras. Como punto de inicio, era vital estudiar. Así ingresó al Instituto Peruano de Marketing (IPM) y culminó la carrera tres años después. Nunca abandonó el trabajo paralelo. De noche estudiaba y durante el día laboraba como cajero en DHL. Chequeó una bolsa de trabajo que le permitió emplearse como gerente de marketing de la discoteca Saguara, en Barranco. Sin embargo, poco tiempo después surge la iniciativa de llevar makis fusionados con la receta criolla (enrollados de arroz japoneses) a la zona playera de Punta Hermosa, y así abre Maki Sushi.

«El alquiler era barato, había público objetivo y solo por cuatro meses», explica Alva. Todo esto empezó en diciembre del 2008. El aprendizaje del maki sushi se volvió más sofisticado. Asimismo, por curiosidad o iniciativa propia, se empapó más del tema con cada chef o itamae que contrataba. Al ser Punta Hermosa un lugar de playa y punto de concentración en temporada veraniega y al ser testigo de la enorme aceptación que había logrado, es que Martín, junto a su socia, se interesa en llevar este mismo proyecto a algún distrito limeño, de manera permanente y ya no solo entre los meses de diciembre y marzo. Un detalle más: Alva llevaba también un negocio de catering, y por esas casualidades de la vida es contratado por Alvaro Villarán, propietario de un local en Miraflores muy conocido y denominado Jazz Zone.

Así llegan a buenos términos de arrendamiento y Alva y su socia inauguran Maki Sushi, en la av. La Paz, en pleno corazón de Miraflores, que con el tiempo se ha hecho de un buen número de clientes fieles. Pero él quiso apostar por algo más. Y si de Punta Hermosa pasó a Miraflores, por qué no llevar la comida japonesa fusionada a algún distrito de la periferia de la capital. 

Tras varios estudios de mercado y análisis de costo-beneficio, elige Los Olivos (al norte de Lima) y en junio abre Origami Sushi Bar, muy cerca a la municipalidad del lugar. Aquí los preferidos del público son los makis acebichados y al olivo, además del yakimeshi. La carta tiene otras delicias, como el teriyaki, yakitori, los langostinos furai, chicken katsu y el banana tempura.

Maki Sushi

Av. La Paz 646, pasaje El Suche, Miraflores 

Teléf.: 725-3844 / 724-1646

Origami Sushi Bar

Av. Antúnez de Mayolo 808, Los Olivos

Teléf.: 95132-4931

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