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Venancio Shinki: «La pintura es mi camino hace más de 50 años»
lunes, 2 de enero de 2017 | 6:54 PM
Venancio Shinki: «La pintura es mi camino hace más de 50 años»
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En noviembre del 2016, el fallecimiento de Venancio Shinki, uno de los pintores más representantivos del Perú, vistió de luto a la pintura peruana.

Hijo de Kitsuke Shinki, inmigrante japonés, natural de la prefectura de Hiroshima, y de Filomena Huamán, natural de Huari, Venancio se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

La exposición que presentó en mayo del 2014, en la galería Lucía de la Puente, tuvo un significado familiar, pues estuvo acompañado por su esposa, sus hijos y su único nieto, tal como resaltó en la entrevista que diera entonces a Perú Shimpo y que ahora recordamos.

¿Cómo se siente esta noche?

Para mí es una sorpresa la cantidad de personas que han venido, así como personas muy especiales a quienes reconozco. Me ha sorprendido la presencia de los embajadores de Argentina, de Japón, de Rumanía... profesionales importantes, como los médicos que me atienden y han venido.

Hace tiempo que no hago individuales, lo estoy haciendo en Lima después de ocho años y estoy muy feliz.

En la inauguración están sus hijos, su nieto

Es una alegría la presencia de mis hijos y de Salvador, que es mi único nieto. No espero que mis hijos sean artistas, sino que sean buenos profesionales y punto.

¿Qué es la pintura para usted?

La pintura es mi camino hace más de 50 años; es mi quehacer diario y me gusta hacerlo. Creo que el ser humano tiene que hacer lo que en el fondo íntimamente le gusta y yo he tenido la suerte de agarrar esta carrera, que es muy hermosa pero al mismo tiempo es muy difícil, porque en esta carrera no todos logran destacar o hacer una carrera notoria. 

Entre los 14 integrantes de mi promoción, la de 1962 de la Escuela Nacional de Bellas Artes, únicamente dos somos artistas asiduos: Alberto Dávila, que está en Nueva York, y yo, aquí en el Perú. 

¿En la instalación «Venancio Shinki» se impone el color rojo?

Sí, es lo que me dice también mi mujer Elda di Malio, yo le digo: «A mí me gusta». En toda muestra, por lo general, yo hago un azul, pero no tuve tiempo, yo demoro un mes o mes y medio para terminar una obra.

¿Artísticamente cuáles son sus proyectos inmediatos?

Voy a seguir pintando, ya he separado cartulinas para bocetar y estudiar qué es lo que debo hacer, en eso estoy, la pintura es mi camino.

¿Y cómo está de salud?

Ese es el problema, me tengo que cuidar muchísimo por los años que tengo, 82, no son pocos. Yo veo a personas que tienen 100 años y son muy saludables, yo no. Aunque lo más lindo de mi vida es que estoy produciendo.

 

Teodora Seto, pintora y amiga de Venancio desde la ENBA

«Venancio Shinki entregó su vida a la pintura»

Por: Ciria Chauca Falconí

«Venancio Shinki ha trabajado sin descansar, prácticamente él entregó su vida a la pintura. Era una persona jovial y muy alegre». 

Teodora Seto y Venancio Shinki inician una ininterrumpida amistad en los salones de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

En sus conversaciones, Teodora es una persona muy reservada. Me presento como su exalumna en el colegio GUE Micaela Bastidas, en Breña, donde fue mi profesora de arte y manualidades. Entonces me acepta una breve entrevista mientras mentalmente reconstruye los años que vivió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde tuvo entre sus profesores a Tilsa Tsuchiya, Venancio Shinki, Arturo Kubotta, Jorge Oka y Julia Ozaki.

Su recuerdo es un tributo a Venancio Shinki: 

«Si bien Venancio y yo pertenecemos a diferentes promociones, porque él ingresó a la Escuela antes que yo (...) coincidimos en ser alumnos del profesor Juan Manuel Eléspuru. De esa manera nace nuestra amistad».

En la década de los 50, 60, en la entonces ENBA, ahora Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú, las clases se dictaban solo hasta el mediodía, pero por decisión personal, los alumnos se quedaban en la hasta la noche. Entre estos estudiantes incansables estaba Venancio.

Cuando egresan de la ENBA y cada alumno inicia su trayectoria como artista, Teodora no se alejó de la experiencia artística de Venancio. 

Cada vez que tenía tiempo, asistía a las exposiciones inviduales y colectivas de Shinki. «Venancio ha sido una persona muy sencilla, por eso en sus exposiciones se daba tiempo para conversar conmigo».

Una anécdota única e inolvidable, para Teodora es que en una de sus exposiciones, Venancio le dedicó  un católogo, con propia su firma. «Venancio me dedicó: ‘Para que mi amiga no me olvide’», rememora con una felicidad contagiante.

Desea retomar la pintura

Teodora trabajó durante 18 años como profesora en el colegio Micaela Bastidas, e hizo exposiciones individuales y colectivas hasta cuando se casó  con Francisco Matsuda.

Desde su infancia, tenía preferencia por la pintura. Fue su mamá quien le inculcó el dibujo y la animó a estudiar arte. 

Teodora es hija de inmigrantes de Hiroshima. Aunque su mamá era obstetra de formación, tenía inclinación por la pintura, y su papá se dedicó a trabajos en cuero, con diseños en la billetera y en las carteras. 

Actualmente, a sus 80 años, desea retomar la pintura y hasta sueña con presentar exposiciones individuales o colectivas.

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