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Isabel Nakamoto perdió a familia directa en el terremoto que devastó Pisco en el 2007
Expresidenta del Comité de Damas de Perú Fukuoka Kenjinkai
martes, 15 de agosto de 2017 | 7:46 PM
Isabel Nakamoto perdió a familia directa en el terremoto que devastó Pisco en el 2007

El 15 de agosto de 2007, a las 18:40 horas, Isabel Suetsugu de Nakamoto, se encontraba en el sexto piso de la torre Jinnai del Centro Cultural Peruano Japonés. Al finalizar la reunión habitual en la oficina de la Asociación Emmanuel, estaba lista para presionar el botón del ascensor, y en ese instante siente que el piso estaba en movimiento, entonces se detuvo y evitó ingresar al ascensor.

Pasaban segundos y el sacudón se hacía más fuerte, entonces Nakamoto se preguntaba ¿qué es esto? De un momento se dio cuenta que los alumnos del idioma japonés bajaban en escaleras en tropel desde el noveno piso.

«En esos segundos yo escuchaba cada vez más el fuerte ruido. Luchita, que salía de la oficina de Emmanuel, me vió, avanzó hasta donde yo estaba parada, tiró al piso el folder que llevaba en las manos, nos abrazamos y dijimos: esto es el fin del mundo».

Isabel Nakamoto, expresidenta del Comité de Damas de Perú Fukuoka Kenjinkai, tuvo la dolorasa experiencia de perder a sus familiares en el terremoto con una magnitud de 8.0 grados en  Chincha y Pisco, con una duración cerca de 1 minuto.

Diez años, después de esa dramática situación, Nakamoto, mientras disfruta del paseo de aniversario del Comité de Damas de Fukuoka, narra lo que le tocó vivir ese 15 de agosto.

«Cuando se detuvo el movimiento, en el sexto piso de Jinnai todo era un caos. Las personas que todavía estaban en la oficina de la Asociación Emmanuel llegaron al primer piso por la puerta de escape».

Con relativa calma, Isabel Suetsugu estaba muy preocupada por la situación de sus dos nietos que estaban en casa. Desde Kaikan no logró comunicación telefónica, por eso se dirigió hasta Lince, a la casa de  una sobrina en la calle Belisario Flores, y desde allí conseguió comunicarse con su familia. El papá de sus nietos le informó que toda la familia estaba muy bien, inclusive el sistema de electricidad no estaba cortado y hasta tenían comunicación.

«Decidí irme a casa, pero esa noche me demoré dos horas. No tenía luz, la calle y mi casa estaba en la oscuridad y el movimiento del temblor continuaba».

Fue impactante encontrar la vitrina y el aparador abiertos, y muchas cosas tiradas en el piso. Quiso acomodar, pero debido a la oscuridad no podía hacerlo.

Al saber la falta de energía eléctrica, el papá de sus nietos vino a recogerla y la invitó a ir a casa. Al tener luz, también había facilidades para ver televisión. De esta forma, conoció que el epicentro estaba en Pisco, la ciudad donde su hermano tenía un restaurante. En ese lugar vivían  y trabajaban su cuñada Ruperta de Suetsugu, su sobrina Marucha Suetsugu y su hermana Ana María Suetsugu.

Ruperta de Suetsugu, tenía tres hijos, dos mellizas, Aimi Suetsugu, que vivía en México y Marucha que acompañaba a su mamá en Pisco, y un hijo que residía en Japón.

María Isabel logró comunicarse con una persona que tenía amistad con la familia Suetsugu. Inicialmente le informó Ruperta y Marucha estaban con vida. En la noche del 15 de agosto, comenzaron a escarbar el derrumbe del restaurante de la familia Suetsugu, donde encontraron muertas a Ruperta de Suetsugu, su hija Marucha y una persona que trabajaba con ellas.

Ana María, que padecía de hemiplejía no podía desplarzar sola. Ella se encontraba debajo de unas escaleras, desde ese lugar veían como caían encima ladrillos y parte del techo. 

Pasó la noche sola, sin poder moverse, y cuando sentió hambre, pidió que le llevaran comida. Después de varias horas, le escuchó una persona y acudió y consiguió rescatarla.

Uno de los hijos de Isabel Nakamoto, que entonces trabaja en Cajamarca, llegó a Lima y consiguió una movilidad que podía llegar a Pisco. Llevó alimentos y tenía programado entregar ayuda para el sepelio de la familia Suetsugu, debido al fallecimiento de 595 personas, faltaban féretros. El entierron fue una ceremonia muy breve, debido al caos en que vivía la población de Pisco.

Ana María Suetsugu fue trasladada a Lima, y como emocionalmente estaba afectada por la pérdida de sus familares, Isabel Suetsugu la llevó al Policlínico Peruano Japonés, donde le hicieron todos los exámenes de manera gratutita, por rser damnificada del terremoto. Los resultados se le entregaron de inmediato, únicamente el examen al corazon le entregaron a los dos días.

Para recoger los resultados de cardiología Isabel llevó a Ana María al Policlínico Peruano Japonés, donde sufrió un infarto. Los médicos del lugar hicieron todo lo posible para su recuperación, pero Ana María falleció.

Después de 10 años, Isabel Suetsugu elevará sus oraciones por Ruperta, Marucha, Ana María, y la persona que trabajaba en el restaurante familiar.

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