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“Chancay Nikko: El colegio japonés bajo el Fuji de Esquivel”
miércoles, 25 de abril de 2018 | 7:52 PM
“Chancay Nikko: El colegio japonés bajo el Fuji de Esquivel”
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Por: Milagros Tsukayama

Con el tañido de una gran campana como en las épocas de gakko, así comenzó el conversatorio y proyección del documental Chancay Nikko: el colegio japonés bajo el Fuji de Esquivel, realizado el pasado viernes en el auditorio Jinnai como parte del 5.° Festival Cultural Nikkei. Simulando ser una clase de la época, la velada continuó con el «Rajio Taiso», dirigido por las profesoras Beatriz Arakaki y Miyoko Tamashiro de la agrupación Radio Taiso Kai del Perú. A continuación se proyectó el documental.

Historia hecha documental

Fundada el 20 de abril de 1924 en la hacienda Esquivel, Chancay Nikko fue la primera escuela japonesa de la provincia de Huaral. Fue construida gracias al aporte de los inmigrantes japoneses de la zona y de Amador Del Solar, diplomático y dueño de la hacienda, quien donó el terreno. 

Ubicada cerca al «Fuji de Esquivel», como así se le conoce al cerro Makatón por su parecido con el monte Fuji de Japón, Chancay Nikko era una de las escuelas más disciplinadas de la época. Contaba con un plan de estudios de Japón que comprendía 8 años de estudios de educación primaria y el uso intensivo del idioma japonés. «Había dos días de la semana en donde estaba prohibido hablar español», recuerda Francisco Oishi, uno de los exalumnos. 

Chancay Nikko comenzó con un salón de clases y 40 alumnos. Luego de 10 años, contaba con más salones y hasta una planta eléctrica, pozo de agua potable y cinema. Tenía un total de 179 alumnos entre los 6 y 14 años de edad. Al inicio, los alumnos eran los hijos de los japoneses de Esquivel y zonas aledañas, pero luego se incorporaron estudiantes no-nikkei, con lo que se cumplía la directiva de la Sociedad Central Japonesa de contribuir con la educación peruana.

En el documental, se incluyeron los testimonios de sus exalumnos. Otilia Higa recordaba el horario: «Entrábamos a las 9 y salíamos a las 4. Almorzábamos ahí». Continuó Hatsuko Arakaki: «A veces, había cau-cau, tallarín saltado; de todo nos daban. También Nihon ryori. Aparte de eso, en el bolso llevábamos pan con mantequilla de la casa, por si acaso». Algunos llegaban a la escuela en bicicleta y otros a caballo o burro, que dejaban amarrados en un corral mientras duraba la jornada escolar.

Por otra parte, Enrique Chinén recordaba el auditorio, que tenía capacidad para unas 1000 personas. Existía además un hospedaje para los profesores y campo deportivo para fútbol y béisbol (yakyu) y otro para vóley, en donde se celebraban los undokai. Los viernes por la tarde jugaban yakyu, que paralizaba prácticamente el comercio huaralino: las tiendas cerraban y la gente iba a verlos jugar. 

El equipo de yakyu de Chancay Nikko era famoso, como recordaba Francisco Oishi: «Teníamos buen director técnico y entrenábamos hasta oscurecer». Su esfuerzo y dedicación los llevó a ganar el primer campeonato interescolar de la colonia, incluso frente a equipos de Lima y Callao. 

La limpieza de la escuela era realizada por los mismos alumnos los días sábados. Otras actividades eran los paseos de integración de verano a la playa (seiyukai). Dentro de la plana docente, los exalumnos recordaron a los profesores Nakamura, Kobayashi, Adaniya y Ginju Igei, quien fuera padre del actual director del Museo de la Inmigración Japonesa al Perú. 

En la época de guerra, cerraron las escuelas japonesas en el Perú. Con las deportaciones de japoneses hacia los Estados Unidos, se llevaron también a los profesores. En Chancay Nikko quedó como director el profesor Jorge Chávez quien, a pesar de la coyuntura, aplicó todo el método de enseñanza de los profesores nihonjin, según recuerda su exalumno Enrique Chinén. «Era buen director». Sin embargo, ahora toda la plana docente era peruana y se eliminó el plan de estudios japonés, junto con la enseñanza del idioma japonés y las costumbres, así como el «Rajio Taiso».

Pero con el fin de la guerra, vino el olvido. Con un bulldozer se ordenó demoler Chancay Nikko. Se desconoce el trasfondo de esta decisión. Como testigos quedaron las familias japonesas de la zona, incluyendo exalumnos, así como la última cuidadora de la escuela, Lisida Ortíz. Incluso, el busto de su benefactor, Amador del Solar, fue sacado del lugar y hasta ahora su paradero es desconocido. 

El video concluyó con los aplausos del público, entre directivos, invitados y kooreisha, seguido de un karaoke infantil (Kutsu ga Naru) interpretado por sensei Catalina Kuniyoshi. 

Conversatorio: ¿cómo nació el proyecto?

Terminada la proyección, el maestro de ceremonias, Edwin Tenguan, dio paso al conversatorio, a cargo de Rubén Sugano (gestor del proyecto), Jorge Igei (director del Museo de la Inmigración Japonesa al Perú “Carlos Chiyoteru Hiraoka”) y Gerardo Higa (productor audiovisual de Onigiri Producciones).

Rubén Sugano, natural de Chancay, explicó que tenía unos 5 años cuando nació su inquietud por la historia de Chancay Nikko. Veía en su casa libros en japonés, una bandera, una gran mesa y una pizarra; pero su padre solo le decía: «Eran del colegio japonés». Años más tarde, Sugano conoció una referencia inexistente, que la gente usaba como paradero de buses: “Paradero del colegio japonés”. Pero no había ninguna escuela, él solo veía una chacra. Fue en Lima que conoció a varias personas que le contaban historias sobre Chancay, dando así sentido a todo lo que vio de niño. Sugano decidió preservar la historia para que no quede en el olvido: «la gente con la que conversaba ya no está, así como Inka Gakuen y la hacienda Esquivel, la cual ha sido reemplazada por un centro comercial». Agradeció finalmente a la prefectura de Okinawa por financiar gran parte del proyecto.

La parte histórica estuvo a cargo de Jorge Igei, director del Museo, en donde hizo un recuento de los principales hechos de nuestra historia, como la llegada de los inmigrantes en 1899, la creación de la primera escuela japonesa ubicada en la hacienda Santa Bárbara (Cañete) en 1908 y de los que aparecieron posteriormente: Lima Nikko (1920), Callao Shogakko (1926, actual José Gálvez), Jishuryo (1928), entre otros. Gerardo Higa de Onigiri Producciones explicó la parte técnica del documental, cuya preparación demoró aproximadamente un año, buscando a los entrevistados, los lugares y la historia. Los panelistas recibieron diplomas de reconocimiento de manos de Akira Yamashiro, consejero de APJ.

Final emotivo

Sensei Kuniyoshi finalizó la velada con «Shiawase nara te wo tatakou», con la entusiasta participación del público. El brindis de honor estuvo a cargo de un también emocionado Eduardo Yanahura, presidente de APJ, quien recomendó el documental para los colegios nikkei: «para que sepamos valorar lo que hicieron los primeros inmigrantes por nuestra educación».

En la parte posterior del auditorio, se exhibieron algunos objetos utilizados en la escuela Chancay Nikko, como un reloj de pared, el proyector en donde se encontraron las cintas con imágenes grabadas en la escuela y que fueron incluidas en el documental, entre otros.

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