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Jorge y Melissa Araki: el padre y la hija que crecieron y aprendieron juntos
El artista Jorge Araki contó a Perú Shimpo cómo fue criar a su hija, Melissa, y cuál es el secreto para llevar una vida en armonía con los hijos.
lunes, 18 de junio de 2018 | 6:40 PM
Jorge y Melissa Araki: el padre y la hija que crecieron y aprendieron juntos

Por: Carlos Tomona

La noticia de ser padre fue una de las más esperadas por el músico Jorge Araki, también conocido en el mundo artístico como George. Desde que su hija Melissa abrió los ojos, fue la razón de vivir para él. La historia que comparten va más allá de la pasión que ambos tienen por la música, la cadena más fuerte que los une, es el amor, según relata. 

Jorge fue huérfano de padre a los 7 años y desde aquel momento, no pudo disfrutar los días del Padre. «Mi papa murió ahogado en la playa, hace 49 años. Fuimos a la playa porque a mi papá le encantaba la pesca a pesar de que era invierno. Era el 6 de julio, Día del Maestro, y éramos los únicos que estábamos en León Dormido. Mi padre pescaba en una peña y cuando nos dimos cuenta, una ola gigante se lo llevó y lo tiró al agua. Mi madre y yo lo vimos flotando, pero se lo llevó el agua», relata.

Su pequeña hermana de 5 años y su último hermano de 11 meses, en ese entonces aún no se daban cuentan de lo que acontecía. Los gritos desesperados de su madre, fueron en vano y su padre desapareció en el horizonte por el mar. El cadáver de su progenitor nunca se encontró. Desde aquel momento, no celebró el Día del Padre hasta el momento en que le tocó vivir esa experiencia.

«El Día del Padre no lo celebraba. A pesar de que después yo tuve un padrastro, no sentía esa emoción, porque no era mi papá. Sin embargo, a raíz de que fui papá, y Meli venía con sus regalitos del colegio, sentí una emoción distinta, porque ya tenía una hija que me traía cosas, me abrazaba, me besaba, tenía una esposa que también celebraba el Día del Padre. Mi vida  pasó de la tristeza a la alegría», comenta.

Una niñez complicada

Producto de la muerte de su padre, Jorge no podía desenvolverse con normalidad. El golpe fue tan duro para él que repitió tercero de primaria en el colegio San Andrés. Una semana antes de este hecho, su padre le había regalado una bicicleta, el mayor regalo que recibió en su vida. Fue como una montaña rusa que baja violentamente desde la cúspide de la alegría a la infelicidad.

Ver a su madre, de 32 años, agobiada por esta tragedia, era muy doloroso. Su mamá le dijo que, a partir de entonces, iba a ser el hombre de la familia, con tan solo 7 años de edad. Luego de que repita de grado, lo enviaron a la chacra de sus abuelos en Huaral. Vivió entre un ambiente lleno de vegetación y el clima de la granja. 

En el colegio La Victoria estudió el resto de la primaria. Aquí descubrió su pasión cuando vio a un grupo de jóvenes tocar guitarra en una actuación del colegio. Fue un amor a primera vista y, como si fuera un vaticinio, a las pocas semanas su tío le regaló una guitarra. He aquí el nacimiento del artista. Luego estudió la secundaria en el colegio La Unión.  

El milagro de ser padre

La noticia de ser padre fue la más grata para George. Después de leer tantos análisis de embarazo que decían que eran negativos, finalmente recibió la noticia. «Cuando fui a recoger el resultado al Policlínico y vi positivo, me puse como un loco. Caminé por la pista y me puse a gritar, a saltar, cantando la canción de Los Beatles. Llegue a mi casa y le dije a mi señora: “mejor tu léelo”. No le dije nada, quería ver su cara. De repente, cuando abrió el sobre y vio positivo, nos abrazamos, saltamos, lloramos. Fue una emoción muy grande».

Ser padre es ser un guía, afirma Jorge Araki. «Cuando tus hijos están chiquitos, tú eres el Superman de tus hijos. Si tus hijos, cuando ya son jóvenes, siguen pegados a ti, es porque has sido un buen padre», afirma. 

Quizá la ausencia de padre lo hizo ser uno mejor. A raíz de esta ausencia, trató de que su hija Melissa disfrute cada día y, en lugar de ser un padre con una relación vertical, fue como un hermano con una relación más horizontal. 

Pero cuando Melissa nació y creció le cambió la perspectiva que tuvo respecto a su infelicidad. «Cuando empecé a ser padre de familia de Meli y cuando estuvo en el colegio Jishuryo, me di cuenta de que la perspectiva era distinta. Había muchos hijos cuyos padres estaban en Japón de dekasegi  (persona que deja su tierra natal para trabajar, temporalmente, en otra región), y crecían prácticamente huérfanos con padres vivientes. Entonces, me puse las pilas y prácticamente vivía en Jishuryo, apoyando a los niños con la directora», comenta. 

Hija, la luz de mis ojos

Fue así que Meli creció apegada a ese ritmo. Jorge cuenta que en un inicio su hija era muy tímida y que la matriculó en diferentes deportes; sin embargo, siempre que llegaba a casa se sentaba frente al teclado a tocar. «Ahí me di cuenta que me estaba siguiendo», dice. 

Fueron en vano las muñecas y otros regalos para niña porque, al final, Melissa los tiraba. «Una vez traje una colección de autos que me gustó del grifo Shell, llegué a casa y lo primero que dijo fue: “Uy má, mi papá me compro carritos”. A raíz de eso, yo ya no elegía los regalos, me di cuenta que uno no debe elegir por los hijos, es mejor dejar que ellos elijan. Y eso hice toda la vida», relata.

Con lo poco que tenían, Jorge y su esposa se encargaban de darle lo mejor a su hija. Sin embargo, las crisis económicas hicieron que él viaje a Japón. Durante ese tiempo, la distancia lo separó de su hija. «Yo le decía: “Meli, voy a ir a visitarlas un par de meses, entonces hazme tu lista para ver qué quieres que te lleve”. Ella me contestó: “Número uno, tu presencia; número dos, tu alegría; número tres, tu sonrisa”; toda su lista fue en base a mí. Casi me pongo a llorar. No me estaba pidiendo nada material, estaba pidiendo mi presencia», cuenta.

El rol de ser padre

Ser padre no es una tarea fácil y eso lo sabe Jorge Araki. Jorge aprendió a trabajar en refrigeración. Su padrastro trabajaba en la empresa Moraveco y siempre le hablaba sobre ello. Al final tuvo dos trabajos: el de músico y el de técnico en refrigeración. Pero cuando se enteró que iba a ser papá, tuvo que dejar por un momento su pasión, la música, pues le causaba malas noches.

Su tiempo en Jishuryo mientras cuidaba a su hija, le sirvió para captar nuevos clientes, quienes le pedían ayuda en refrigeración. Aquí, Jorge marcó un hito en su vida, pues creó el himno del colegio Jishuryo. 

El quinceañero de Melissa llegó en una época complicada pues no había mucho dinero para lograrlo. En aquellos años, tenía un cevichería e invitó a la promoción de su colegio para que vengan a disfrutar de una comida en honor a la cumpleañera, luego con todos sus amigos fueron a una función de cine. No hubo fiesta, pero lo pudieron disfrutar. Su hija siempre aceptaba la vida como venía. 

Criar a un hijo con amor

El secreto para mantener una relación fantástica con una hija está en ser auténtico. «Si tú puedes darle dos panes, ¿para qué tienes que irte a San Antonio a comprar una torta que no le puedes comprar?. El consejo que le doy a los padres es que no le den todo lo material, sino que le den cariño, amor y que crezcan juntos», explica.

Entre una de sus anécdotas relata que una vez escuchó a su amigo que le dijo a su hijo: «Oye Pepito, lávame el carro y te doy diez soles». Al ver esa actitud se quedó perplejo; pues Meli siempre lavaba el carro junto a él sin pedirle ni recibir nada a cambio. «Yo lavaba el carro con ella, yo no le decía, “Meli, lávame el carro, te doy diez soles”. Ya de adulta, Meli me contaba que el vacilón era lavar el carro juntos, pintar la casa y hacer todas las cosas juntos», asevera.

«Una vez, Meli estaba pintando un zócalo en la casa. Yo decía “Qué raro, por qué tanto silencio”, de repente, cuando subo, vi que a Meli se le había caído la pintura encima del parquet, estaba llorando. Entonces, yo en vez de resondrarle, le dije: “No llores, vamos a recogerlo juntos”, y empecé a recogerlo con una espátula, y ella también. Como vio que no le grité, a partir de allí, cuando cometía algún error, me lo decía. Me di cuenta que utilizar la violencia no llevaba a nada», cuenta Jorge.

George considera que el éxito no está en tener un carro, una mansión ni mucho oro, porque no hay tesoro más importante que la familia y el amor de un hijo. Valora tener salud, a pesar de que sufrió un derrame cerebral hace un tiempo, para poder ver crecer a su hija.   

Hoy su hija ha partido a Japón y se desempeña como artista profesional. Melissa sigue siendo la luz de los ojos de su padre. A pesar de la distancia, no hay día en que dejen de hablar y comunicarse hasta con un simple mensaje vía WhatsApp. Como en aquellos años, en los que pasaban noches y hasta madrugadas conversando sobre su día a día antes de ir a dormir.

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