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Se celebró el Ohigan de primavera
jueves, 18 de octubre de 2018 | 7:43 PM
Se celebró el Ohigan de primavera
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Por: Milagros Tsukayama

El pasado domingo 14 de octubre, la comunidad nikkei celebró el tradicional Ohigan en Barranca. Sus organizadores fueron la Asociación Peruano Japonesa, la Asociación Sannicolasina de Lima, Supe San Nicolás Soogoo Fujookai y la Asociación Peruano Japonesa de Barranca que estuvo como anfitrión. Se contó con el apoyo de la policía local barranqueña durante toda la visita.

El Ohigan comenzó con la romería en el cementerio japonés Sukeo Isayama, conocida como cementerio de San Nicolás. Con ofrendas florales, mostraron su homenaje y respetos Masamichi Kato, cónsul de Japón; seguido de nuestras autoridades nikkei: Eduardo Yanahura (Asociación Peruano Japonesa de Lima), Jorge Shimabukuro (Asociación Peruano Japonesa de Barranca), Gloria Akamine (Asociación Peruano Japonesa Fujinkai) y, en representación a la Asociación Okinawense del Perú y la Asociación Estadio La Unión, Chie Higa y Diana Nagaki respectivamente. También estuvieron presentes los colegios nikkei de Lima como La Unión, Hideyo Noguchi, José Gálvez, Santa Beatriz-Jishuryo así como los kenjinkai de Miyagi y Kumamoto, cuyos ancestros descansan en este camposanto; además de público en general y autoridades locales barranqueñas, como Haydée Larrea De La Rocha, presidente de la Cámara de Turismo de Barranca. 

Durante la romería, Munetaka Ganaha (escuela budista Jodo Shinshu), recitó un okyō mientras se ofrendaron arreglos florales e incienso en polvo (makkō). Al finalizar, algunos asistentes ya habían aprovechado en limpiar y poner flores a las lápidas de sus seres queridos. El siguiente destino era la Asociación Peruano Japonesa de Barranca. Durante el camino, los asistentes tuvieron la oportunidad de hacer una pequeña parada en Cerro Colorado, desde donde pudieron apreciar una vista panorámica de Barranca bajo los brazos del Cristo Redentor.

Ubicada al frente de la plaza de Armas de la ciudad, la Asociación Peruano Japonesa de Barranca los esperaba para el oficio budista. Munetaka Ganaha dio inicio a la ceremonia recitando el okyō (sutra) del Shoshinge, de la escuela budista Jōdo Shinshū. Continuó con las ofrendas de flores por parte de las autoridades nikkei y de makkō (incienso en polvo) por parte de todos los asistentes. Finalizada la ceremonia, Ganaha agradeció la presencia de los asistentes explicando el significado de este Ohigan de primavera. 

Ohigan significa “la otra orilla” y para llegar al paraíso budista, hay que atravesar este mar de penurias y lamentaciones. “Es como la búsqueda del sol”, según define Ganaha. Como producto del sincretismo, el Ohigan no es una costumbre budista, sino una mezcla entre el culto a los antepasados, el shintoísmo y el budismo con el catolicismo, reflejado incluso en el cementerio San Nicolás (el torii de origen sintoísta en la entrada de un cementerio budista o una cruz coronando al monumento central). Incluso, el butsudan okinawense toma prestado el nombre de butsudan, aunque no se venere a Buda, sino a nuestros antepasados. Munetaka Ganaha explica que el Ohigan en Japón se celebra 7 días: el primer día es para visitar el cementerio (hakamairi) y los 6 días restantes, para cultivar las 6 virtudes budistas, que coinciden con algunos valores (caridad, solidaridad, entre otros).

Destacó, asimismo, que “Japón es el único país de todo el universo budista que celebra el Ohigan, en donde el budismo se mezcló con la costumbre de venerar y mostrar gratitud a los antepasados”. Para Ganaha, este Ohigan evidenció también la costumbre okinawense de celebrar después de la fecha, que originalmente fue el 22 de setiembre.

Como una costumbre del Jodo Shinshu al finalizar un okyō, Ganaha dedicó unas palabras para la audiencia, para difundir la palabra de Buda (Namu Amida Buda, quien prometió salvar a todos) y responder una preocupación que tienen muchos nikkei: “En el butsudan está el espíritu de sus antepasados, que los cuida y protege. No hay que tenerles miedo. Tampoco contradice a la Iglesia Católica”. Por ello, Ganaha invocó a los asistentes a conservar el Butsudan. Para concluir, Munetaka Ganaha explica: “El kimochi es recordar a nuestros seres queridos y esto es una de esas excusas que tenemos para hacer el Ohigan y visitar la tumba de los seres queridos”. 

La parte de los saludos protocolares la inició Jorge Shimabukuro, presidente de APJ de Barranca. En su discurso expuso la realidad de la institución y la comunidad barranqueña. Shimabukuro expresó sentirse avergonzado por faltar a su promesa de una nueva construcción, por dar prioridad a proyectos más urgentes a nivel de comunidad. Recordando la dura niñez de su padre, cuando caminaba descalzo al colegio para no ensuciar sus zapatos, y la enseñanza de su ojichan, en donde uno debe estar siempre agradecido por su entorno y la gente; la APJ de Barranca se dedica actualmente a la ayuda social a favor de los centros poblados locales. “Una cosa es vivir acá en la ciudad y otra cosa es vivir adentro, son dos mundos totalmente diferentes”, explicó. La falta de servicios básicos (agua, luz y desagüe), carreteras deplorables y centros de salud sin atención regular “en donde solamente atienden 2 o 4 horas al día” es la realidad que descubrió APJ de Barranca haciendo servicio social. “Por eso nos lanzamos. Respondemos a la voluntad del pueblo; aunque lastimosamente vemos a la política como algo desprestigiado, fuera del interés popular y convertido en mercantilismo”, explicó Shimabukuro, quien aclaró que no quiso participar en política, pero fue animado a raíz de APJ. Aunque todos pidan un cambio, para Shimbukuro el cambio debe venir de uno mismo. “Somos muy pasivos, observamos y criticamos, pero muy poco contribuimos”. Asimismo, Shimabukuro hizo hincapié en los valores, que deben aprenderse en casa; exhortó a los padres a inculcar a sus hijos interés por la política y en instituciones como APJ con miras al mejoramiento de la sociedad; así como incentivarles la actitud crítica para elegir a sus representantes. Finalmente, Shimabukuro agradeció a los asistentes por participar en el Ohigan año tras año y destacó la presencia activa de los jóvenes y escolares. 

Por otro lado, Eduardo Yanahura, presidente de APJ Lima, explicó el sentido de este Ohigan, “para orar por la paz de las almas de los inmigrantes japoneses asentados en el norte chico de Lima”. Destacó la inscripción “no olvidemos la tumba de tus ascendientes” que custodia la memoria del cementerio japonés. Yanahura instó a cultivar los valores como la perseverancia, la solidaridad y la unión y preservar la memoria entre los jóvenes y escolares. “Por ello, mantenemos esta tradición y venimos una vez al año para limpiar las lápidas y ofrecerles nuestras flores”, agregó.

Para finalizar la parte protocolar, Masamichi Kato, cónsul de la Embajada de Japón, recordó la llegada de los inmigrantes japoneses en 1899 y resaltó el título de “cementerio más antiguo de América del Sur” que ostenta el cementerio de San Nicolás. Kato manifestó su admiración por la colectividad nikkei como ejemplo de perseverancia y que, “hoy en día recibe un alto reconocimiento en la sociedad peruana en general”. Asimismo, expresó “su profunda gratitud por el mantenimiento del cementerio a lo largo de los años”. El Ohigan del domingo finalizó con un delicioso almuerzo de camaradería. 

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