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Futuro laboral. ¿Hay que tener miedo a la tecnología?
jueves, 10 de enero de 2019 | 7:04 PM
Futuro laboral. ¿Hay que tener miedo a la tecnología?
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Por: Milagros Tsukayama

Hay quienes apenas están acostumbrándose a la tecnología de su smartphone y ya la gigante automotriz Toyota ha anunciado su interés en proveer a los hogares con robots.  Actualmente, estamos viviendo la cuarta revolución industrial (4RI) o “industria 4.0”, que consiste en una sinergia de tecnología actual, como la inteligencia artificial, internet de las cosas, robótica, nanotecnología, biotecnología, fabricación aditiva (impresión 3D), vehículos autónomos (drones), entre otras, que promete cambiar radicalmente el mundo que conocemos. Aunque disfrutamos de sus beneficios, nos asusta la velocidad y alcance con que la que ocurrirán estos cambios, que amenazarían la existencia de millones de puestos de trabajo en un futuro cercano. 

La tecnología, un “mal” necesario

El objetivo de la 4RI es mejorar la calidad de vida de las personas, ofreciendo mejores servicios y productos. Actualmente, sin darnos cuenta, estamos usando tecnología 4RI: hacemos consultas a los chatbots (bots conversacionales) sobre el horario de atención de una tienda, YouTube nos sugiere qué videos mirar según nuestras preferencias o las aspiradoras-robots limpian la casa sin necesidad de supervisarlas. A nivel de industrias, la tecnología 4RI resulta imprescindible para aumentar la productividad y mejorar su eficiencia a un menor costo, a través de la ARP o automatización robótica de procesos. Un software o sistema (robot) especializado se encarga de automatizar los procesos repetitivos y específicos, como el empaque de objetos, preparación de alimentos y ensamblaje en línea, toma de pedidos en un restaurante, etc. 

¿Seremos reemplazados por robots?

La automatización busca reemplazar la mano de obra humana, pero solo en donde sea necesario. Por ello, existen 5 factores que afectan el alcance y ritmo de su aplicación: 1) factibilidad técnica, que considera las actividades de una ocupación (procesos repetitivos y trabajo físico predecible indican mayor probabilidad de automatización); 2) costos de implementación, en donde se comparan los costos de software y hardware para implementar la automatización versus costo de mano de obra actual (prefiriéndose el recurso más económico); 3) dinámica del mercado laboral, que incluye la oferta, demanda y costo de mano de obra humana; 4) beneficios económicos, que resultan en ganancias, mejor calidad y menos errores y 5) aceptación social y normativa, más allá de sus demostrados beneficios, la automatización tomará tiempo en ser asimilada por las personas. Con la automatización, algunas ocupaciones (menos del 5%) podrán prescindir de la mano de obra humana (al ser automatizadas en su totalidad), pero un 60% se verá afectado por la automatización en un 30% como mínimo, según McKinsey Global Institute (MGI). Pero, más que provocar animadversión o miedo, lo que se trata es de afrontar estos cambios y prepararnos para el futuro.

Desaparecen algunos empleos, pero nacen otros 

Según McKinsey Global Institute, se estima que hasta unas 800 millones de personas podrían ser reemplazadas por un robot en el 2030. Aquellas ocupaciones que requieran interacción social y experticia serán menos susceptibles a la automatización, como la agricultura, bienes raíces, enseñanza o cuidado de niños y ancianos, que aquellas que impliquen procesos repetitivos, como la manufactura y procesamiento de datos. Algunas ocupaciones desaparecerán, pero aparecerán otras. Las condiciones que garantizarán el crecimiento del empleo en plena era de la automatización serían: el aumento del consumo e ingresos de las economías emergentes, sociedades más longevas (que requieren más profesionales en salud y cuidado geriátrico), necesidad por cubrir la demanda de tecnología (y requieran, por ende, más profesionales especializados en desarrollarla) y de infraestructura (ante una población más numerosa y una mayor demanda de servicios y productos). El propósito de esta automatización es eliminar los puestos de trabajo de nivel bajo y medio, dejando las tareas repetitivas a la inteligencia artificial, y desarrollar la especialización, la creatividad y nuevas habilidades. Todo apunta a crear una sociedad más preparada, desarrollada y competitiva frente a este darwinismo tecnológico.  

Afrontar el futuro con nuevas habilidades

Aunque las proyecciones reflejen lo contrario, la tecnología no podrá dominar al hombre. Para evitar que eso ocurra, se recomienda dominar estas 10 habilidades que serán indispensables para este 2020: 1) pensamiento analítico e innovación, 2) aprendizaje activo y estrategias de aprendizaje, 3) creatividad, 4) diseño tecnológico y programación, 5) pensamiento crítico y análisis, 6) resolución de problemas complejos, 7) liderazgo e influencia social, 8) inteligencia emocional, 9) razonamiento y 10) análisis de sistemas y evaluación. Aunque la tecnología puede ganar al hombre en rapidez y perfección, aún su inteligencia artificial no alcanza la perfección de nuestra inteligencia emocional y creativa. 

Un ejemplo de cómo la tecnología puede afectarnos la encontramos en Japón: por un lado, su manufactura ha alcanzado altos estándares de calidad y, con ello, ha mejorado su nivel de vida; pero, por otro lado, vemos que una excesiva tecnología podría incluso aislarnos de nuestro entorno (máquinas expendedoras que facilitan la cero interacción entre personas o las mascotas-robots que reemplazan a una mascota o acompañante de carne y hueso). Pero, con una población cada vez más longeva, la automatización ahora también se enfoca al cuidado de ancianos a través de dispositivos inteligentes que los ayudan a levantarse de la cama (en el caso de pacientes postrados) y en otras tareas que no requieran de contacto humano que siempre resulta necesario.

Una realidad impostergable para el Perú

Aunque el Perú aún dista de la realidad japonesa, en la actualidad, los robots ya son parte de sus industrias en un 30%. Aunque el Perú ocupe el puesto 60 de 63 dentro del ranking mundial de Competitividad Digital (IMD), tiene déficit de especialistas para implementarla y en sus escuelas, universidades e industrias no existe mayor concientización sobre su importancia. Sí tiene interés por incluirse en esta “tecnología 4RI”, pero solo le falta considerarla como algo prioritario e impostergable dentro de sus planes de gobierno y, con ello, quizás también podamos resolver los actuales niveles de pobreza que aún existen. Como lo sugirió Pablo Bustamante (director de Lampadia) en el pasado foro organizado por ADEX, las principales víctimas de esta 4RI serán los pobres. Pero, al parecer, más que miedo a los cambios, solo se trata de desidia.

FUENTES: World Economic Forum (2018) “The Future of Jobs Report 2018”, McKinsey Global Institute (2017), diario El Comercio, diario Gestión.

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