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64 Años: diario de Bandera de la Colectividad Nikkei

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1899 desde el Japón; 2019 desde Venezuela
La inmigración y un poco de filosofía
miércoles, 3 de abril de 2019 | 7:10 PM
1899 desde el Japón; 2019 desde Venezuela

La victoria en la primera guerra Sino-Japonesa  (1894-1895), por el control de la península de Corea, sumada a los cambios sociales y económicos producto de la abolición del sistema feudal y la revolución industrial de la era Meiji, había dejado un gran número de agricultores calificados sumidos en la pobreza. 

790 hombres con edades que iban de los 20 a los 45 años llegaron al Perú a bordo del Sakura Maru el 03 de abril de 1889. Llegaron con contratos de trabajo que doblaban el salario promedio en las zonas rurales de Japón, esos 790 hombres llegaron con la idea de ahorrar y retornar a Japón al término del contrato. 

Llegaron más inmigrantes y al término de sus contratos muchos de ellos decidieron extender su estadía, se fueron quedando, formaron familias y su historia es la historia de la colectividad nikkei en el Perú. 

Siendo una república relativamente joven y con necesidad de mano de obra, el Perú acogió a los inmigrantes japoneses y en pocas décadas eran parte de la colectividad peruana. 

La historia de esos primeros 790 inmigrantes y el Sakura Maru ocurrió a fines del siglo XIX. Hoy en pleno siglo XXI las migraciones siguen ocurriendo, la cifra de migrantes supera los 200 millones de personas en todo el mundo y el fenómeno migratorio se erige, junto al cambio climático, como uno de los retos de la humanidad en el presente siglo. 

Las embarcaciones de migrantes en el mar mediterráneo o las caminatas hacia la frontera de EE.UU. han provocado desde urgentes prorrateos hasta la decisión de construir muros cuya semejanza con la Gran Muralla nos recuerda cuán antiguo es el problema migratorio.

Las actuales migraciones tienen variadas causas: conflictos armados, inestabilidad política, racismo, estados fallidos que no proporcionan a sus ciudadanos mínimas condiciones de vida. Los migrantes buscan paz y bienestar. 

Para los que huyen de una persecución y buscan paz, el derecho internacional garantiza la figura del asilo. La aplicación del derecho de asilo queda a discreción del país anfitrión que regula la concesión de ese derecho. 

Los que buscan bienestar, es decir, aquellos dejan su país de origen para encontrar mejores condiciones de vida, deben sujetarse al derecho migratorio de cada país. Este tipo de migrantes son la mayoría. 

Desde hace pocos años y en vista de la dimensión que toma el problema migratorio, la filosofía se está ocupando de la migración como tema de sus reflexiones. Hay dos posturas básicas y encontradas.

La primera sostiene que cada estado soberano posee el derecho y la autonomía para decidir quién ingresa o no a su territorio, basado en la democrática libre determinación y en el derecho a la preservación de la propia cultura. Michel Walzer, en Esferas de la Justicia, apunta en esta dirección.

La segunda, basada en el hecho antropológico de que el ser humano es migrante por naturaleza, recuérdese que el homo sapiens salió de África y se diseminó por todo el planeta, y en el artículo 13 de la Declaración de los DD.HH. que garantizaría el derecho de todo ser humano a transitar libremente por el mundo y elegir dónde establecerse.

Sin embargo, alrededor del mundo, la mayoría de migrantes que buscan bienestar, no migran por mera mejoría, buscan sobrevivir. Esa es la realidad de muchos de los venezolanos que hoy se encuentran en nuestro país.

Mientras la filosofía argumenta en pro de una u otra postura, o de otras intermedias, y formula una ética de la migración que pueda ser asumida por la comunidad internacional, es bueno recordar que hace más de 200 años un pensador dedicó unas páginas al tema de la inmigración.

Immanuel Kant (1724-1804), en su opúsculo Sobre la paz perpetua, argumentaba que la constitución de estados republicanos y la unión de estos en una federación de estados (algo parecido a la O.N.U.) eran la base para la consecución de una paz perpetua para toda la humanidad dedicando un artículo a cada uno de esos temas. Kant incluye un tercer artículo según el cual la garantía para una paz perpetua requiere de practicar la hospitalidad «porque todos los seres humanos están en el planeta Tierra y todos, sin excepción, tienen el derecho de estar en ella y visitar sus lugares y los pueblos que lo habitan. La Tierra pertenece comunitariamente a todos». 

Para Kant, si queremos una paz duradera y no sólo una tregua o una pacificación momentánea, debemos vivir la hospitalidad universal y respetar los derechos universales. Y recordemos siempre la hospitalidad del pueblo peruano con nuestros inmigrantes. (FraKazu)

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