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Preservar y difundir arte en la actualidad, ¿trae algún beneficio?
viernes, 10 de mayo de 2019 | 7:11 PM
Preservar y difundir arte en la actualidad, ¿trae algún beneficio?
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Por: Milagros Tsukayama

A través de los libros, testimonios orales o lo que leemos incluso por internet, podemos conocer la historia y realidad de una sociedad. Pero los autores o los protagonistas pueden interpretar los hechos según sus propios prejuicios o limitaciones lingüísticas, transmitiéndonos, mayormente, una historia y realidad sesgadas. Entonces, ¿cómo podemos aprender sobre nuestro pasado, entender nuestro presente o convivir en un mundo globalizado sin caer en falacias? Podemos recurrir al arte, por ejemplo, que es testigo sin verborrea y por ello, el complemento perfecto para entender la historia y realidad de una sociedad. 

El inicio de las colecciones de arte en Japón

Si repasamos la historia de Japón, podemos entender mejor por qué es importante el arte. A finales de la era Edo (1603-1868) e inicios de la era Meiji (1868-1912) y como parte de su modernización y apertura al mundo occidental, Japón contrató a miles de especialistas extranjeros provenientes, en su mayoría, de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Alemania. Estos oyatoi gaikokujin (“honorables extranjeros contratados”), como eran llamados, gozaban de un contrato por corto plazo y una excelente remuneración, a cambio de enseñar nuevas tecnologías y conocimientos occidentales en Japón. Durante su estadía, estos oyatoi se interesaron en la cultura japonesa y algunos comenzaron a coleccionar arte japonés. De forma similar, los japoneses que tuvieron la oportunidad de viajar a Occidente y se convirtieron en prósperos empresarios, se interesaron por el arte occidental. En ambos casos, adquirir obras de arte era sinónimo de estatus.

Entre los coleccionistas japoneses de arte europeo de esa época, podemos nombrar a Kōjirō Matsukata (1865-1950), quien fue primer presidente del astillero Kawasaki y su colección promovió la creación del Museo Nacional de Arte Occidental; Tadamasa Hayashi (1853-1906), quien introdujo el arte japonés tradicional como ukiyo-e en París; Magosaburō Ōhara (1880-1943), fundador del Museo de Arte Ohara y la compañía química Kuraray; y Shōjirō Ishibashi (1889-1976), fundador de la compañía Bridgestone y del Museo de Arte Bridgestone, además de principal benefactor del Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio. Para mediados y finales de los años 20, el arte europeo entró a Japón a niveles récord, principalmente por la colección de Kōjirō Matsukata. 

Colecciones de arte privadas en Japón

Hasta los años 80 del siglo XX, los coleccionistas japoneses adquirían insaciablemente  obras de arte occidental, hasta que la crisis económica remeció Japón y actualmente predomina un perfil bajo. Aunque cerca de un tercio del arte occidental importante en Japón pertenece a colecciones privadas (Hideto Kobayashi para Spear’s, 2015), existen museos privados en Japón que exhiben estas colecciones y llevan el nombre de su benefactor o creador. Algunos de estos museos son:

Museo de Arte Ohara (prefectura de Okayama, inaugurado en 1930): es el museo de arte occidental privado más antiguo de Japón. Cuenta con obras maestras de Claude Monet, Henri Matisse, Paul Gauguin, El Greco, entre otros; además de arte tradicional japonés y antigüedades orientales. Su edificio principal luce una imponente arquitectura inspirada en el Partenón de Grecia.

Museo de Arte Moderno Uehara (Shizuoka, 2000): alberga la colección del farmacéutico japonés Uehara Shōji (Taisho Pharmaceutical). La colección incluye obras de Henri Matisse, Pablo Picasso, Paul Cezanne, Sotaro Yasui, Kunitaro Suda, entre otros; además de arte budista (esculturas de la era Heian y Kamakura, antiguos sutras del periodo Nara y esculturas modernas). 

Museo Al Aire Libre de Hakone (Kanagawa, 1969): su fundador es Nobutaka Shikanai, expresidente de Fujisankei Group, uno de los conglomerados de medios de comunicación más grande de Japón. Es el primer museo al aire libre de Japón, en donde la naturaleza de Hakone sirve de fondo para las esculturas en exhibición, calculadas en unas 120 sobre un área de aproximadamente 70 000 m2. Cuenta con obras de Henry Moore, Niki de Saint Phalle, Yasuo Mizui, entre otros; además de dedicar un pabellón completo a Picasso con trescientas de sus obras. 

Museo de Arte Pola (Kanagawa, 2002): exhibe la colección privada de Suzuki Tsuneshi, exdirector de la compañía japonesa de cosméticos Pola, que asciende a unas 9,500 obras. Entre los artistas figuran Claude Monet, Auguste Renoir, Pablo Picasso, Leónard Foujita,  Sugiyama Yasushi, entre otros. Su arquitectura en vidrio en medio del bosque de Hakone aspira a la coexistencia entre arte y naturaleza. 

Museo de Arte Suntory (Tokio, 1961): fundado por iniciativa de Keizo Saji, expresidente e hijo del fundador de la corporación Suntory, tiene como eslogan “arte en la vida cotidiana”. Su colección consta de más 3,000 piezas, que datan del siglo XV hasta nuestros días, entre cerámicas, lacados, pergaminos, kimonos, etc., siendo la colección más grande de Japón. 

Según el informe de Museos de Arte Privados (Larry’s List, 2015), existen 317 museos privados dedicados al arte contemporáneo a nivel mundial, en donde el 70 % ha sido inaugurado después del año 2000. Además, Beijing (capital de la República Popular China) se ha propuesto construir, para este 2020, un museo por cada 250 000 habitantes (que es el equivalente a la población de un condado pequeño en China central). Vemos, así, que el arte concita gran interés en la actualidad, especialmente en el sector privado y pudiente, mayormente de países desarrollados.

Como nikkeis, ¿el arte nos beneficia?

El arte beneficia a quien lo difunde y preserva, y también a quien lo admira. Para los coleccionistas, resulta una inversión a largo plazo; para los políticos, como una forma de reforzar su soft power o para mejorar su imagen pública; y para las grandes empresas, podría ser hasta una forma de marketing. Quienes se benefician del arte y de sus iniciativas por preservarlo y difundirlo son los turistas locales y extranjeros, que, a pesar de no compartir el mismo idioma, ven al arte como un “lenguaje universal”; y los niños y jóvenes, porque el arte desarrolla su sensibilidad artística e histórica.

Con respecto a nuestra colectividad nikkei, el arte nos sirve para fortalecer aún más nuestra identidad y nuestra conexión con el pasado. Es la nueva generación nikkei la que ahora puede expresarse a través de los jóvenes artistas nikkei que actualmente cuentan con el apoyo de la APJ. Como institución matriz, la APJ ofrece a los jóvenes nikkei la oportunidad de verse reflejados y transmitir una interpretación más fresca sobre sus raíces, a través de las exposiciones temporales y la intervención artística de sus murales exteriores, por nombrar solo algunas de sus iniciativas. 

“Quien no conoce su historia, está condenada a repetirla”

Y quien la olvida, ¿cómo será su futuro? Como nikkei que somos, hasta podríamos perder nuestra identidad. Sin que nos demos cuenta, estamos relegando a un segundo plano el patrimonio tangible, artístico e histórico, que hemos hereda de los primeros issei y nisei. Como ejemplos, podemos nombrar a los monumentos que los issei levantaron en provincias pero que, lamentablemente, se perdieron con la guerra; los hogares de ilustres personajes o lugares significativos para nuestra memoria que actualmente están a punto de colapsar; o todo aquello que nos ayudaría a reconstruir nuestro pasado y fortalecerlo, pero que andan desperdigados en mercadillos o subastas, en manos que ignoran su importancia u olvidados a su suerte. Este es el patrimonio que, como colectividad, también debemos preservar y difundir. Al preservar nuestra riqueza histórica, estaremos elevando su valor y hasta podríamos crear puestos de trabajo. Y lo más importante, estaremos preservando nuestra historia (para que nunca la olvidemos ni la distorsionemos), en beneficio de las futuras generaciones. Preservar y difundir arte, así como el patrimonio histórico, empodera, vitaliza un espacio y siempre atrae interés. 

FUENTES

Amy Four (2013) “Understanding Japanese Rationale for Purchasing Impressionist and Modern Art and its Effects on The Art Market in the 1980s”, Jane Adams (2017, Wandermelon) “Discover Japan’s Private Art Collections”, Bénédicte Savoy et al. (2018) “Acquiring Cultures: Histories of World Art on Western Markets”, Spear’s (2015) “The Secret World Of Western Art Collections In Japan”, Go-Unesco (2014) “5 Reasons why we should Preserve Heritage Sites”.

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