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«El esfuerzo es lo que a uno le toca hacer para ser un buen padre»
lunes, 17 de junio de 2019 | 7:11 PM
«El esfuerzo es lo que a uno le toca hacer para ser un buen padre»
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Por: Ciria Chauca Falconí

Abel Fukumoto Sato, actual presidente de la Asociación Peruano Japonesa, reflexiona acerca de su padre japonés, de su etapa familiar, así como de la «responsabilidad muy grande de ser papá».

Ud. es hijo de padre japonés ¿qué es lo que más le diferenció de su padre? ¿En qué se parecía a él?

La mayor diferencia es consecuencia de nuestros orígenes. Él era un japonés criado en un ambiente rural de una prefectura remota, Kagoshima, de un país muy tradicional, básicamente budista, que estaba empezando a occidentalizarse pero en las zonas urbanas. En 1927, a los 23 años, viene al Perú, a la hacienda de San Nicolás, casado y con una bebé de 10 meses, Atsuko, que ahora vive en Japón. Yo soy un peruano criado en una familia de padre y madre japoneses y 8 hermanos, en una zona muy popular y criolla, los Barrios Altos, con amigos mayormente peruanos tanto en el barrio como en el colegio Santo Tomás de Aquino, de los padres dominicos, y en la Universidad Nacional de Ingeniería. O sea, Japón dentro de la casa y Perú por fuera.

En lo que más me parecía... tal vez en el carácter, típico de la mayoría de niseis de mi edad, criado en barrios populares. Muy reservado dentro de la casa, obediente, con una carga de responsabilidad exagerada, no podíamos fallar ante nuestros padres. Posiblemente, para nuestros padres, además, era no fallar ante su emperador y su país, sobre todo estando fuera de él. En el caso nuestro, no fallar era estudiar y tener los primeros puestos. Pero con los amigos, jugando fulbito en la calle con pelota de trapo, escapándose del patrullero y montando bicicleta. Por las noches, conversando sentado en las puertas de las casas y comiendo anticuchos y choncholí cuando había plata, en el carretillero de la esquina, o sino solo papa con huacatay.

¿Qué ha sido lo más importante que ha aprendido de su padre japonés?

Creo que esforzarse mucho en lo que se hace, ya sea estudiar, trabajar o lo que a uno le toca hacer. Empezar de abajo y, sobre la base del esfuerzo, progresar. La fuerza del pueblo japonés, que hemos heredado, está en su nivel de autoexigencia. Pensando como peruano, tal vez hubiera sido bueno para ellos disfrutar un poco más la vida, pero es una cuestión cultural ancestral, donde demostrar mucha alegría no es bien visto.

¿Cuáles son sus mejores recuerdos de la etapa de su niñez?

Los paseos del Kenjinkai donde nos regalaban lápices y cuadernos, y comíamos sandías en la playa después de un onigiri con pollo asado llevados en una caja usada de galletas… y chicha morada en botella de Inca Kola.

¿Qué ha tenido de niño que los niños de ahora ya no lo tienen?

Mas bien, ¿que tienen los chicos de ahora que nosotros no teníamos? Plata, ja ja ja.

Creo que nos divertíamos y nos conformábamos con menos, pero cada cosa a su tiempo. Seguro que los jóvenes de hoy van a decir lo mismo dentro de 50 años.

¿Qué persona de su familia es quien más le ha enseñado de la vida?

Los dos, cada uno en su área y su momento. La verdad que yo era más apegado a mi mamá y mi hermana Mary era más apegada a mi papá. Creo que eso pasa en muchas familias. Además, mi papá tuvo que enviar de regreso al Japón a Atsuko, la hijita de 10 meses que vino con él y también a Yuriko. Ambas viven en Kagoshima. Tal vez Mary compensaba dichos alejamientos, y era muy alegre y cariñosa.

Mi papá murió cuando yo tenía 22 años y no pude estar en su entierro porque yo vivía en Inglaterra, En cambio, mi mamá murió a los 98 años y le sobrevivió 30 años más. Tuve la suerte de poder disfrutarla más y darle las comodidades que no le pude dar a mi papá.

¿Qué significa ser padre?

Es una responsabilidad muy grande. Te cambia la vida completamente. Creo que después de nacer y morir, es el momento más importante de tu vida porque, en conjunto con tu pareja, eres responsable de una nueva vida y del progreso de la humanidad. Suena gigantesco, pero es la realidad.

Creo que inicialmente uno no entiende lo que se viene. Estás más preocupado de la visita al ginecólogo, de satisfacer los antojos de la futura madre, del parto, del pediatra, del colegio, etc., pero cuando ves a tus hijos mayores y juntas todas las experiencias vividas, las decisiones que has tenido que tomar y los resultados, reflexionas sobre lo que hiciste bien y lo quisieras habe hecho mejor.

¿Educó a su hija como le educaron a usted?

En algunos aspectos sí, salvando la diferencia de los años. Por ejemplo, la importancia de darle la mejor educación posible, el sentido de responsabilidad, el comportarse bien. Tanto ella como yo nos preparamos con bastante anticipación para ingresar a la universidad, ella a Arquitectura en la Iberoamericana de México y yo a Ingeniería Industrial en la UNI. Ambas universidades de buen nivel y difícil ingreso. Ella hizo la maestría en Londres y yo fui becado por la Confederación de Industrias Británicas por un periodo de 2 años en Yorkshire, Inglaterra. 

Ahora ella trabaja en México con uno de los arquitectos mexicanos de mayor renombre y está a cargo de la oficina de México. La otra oficina está en Nueva York.

¿Cómo ha unido su profesión con el papel de padre?

No muy bien… ja ja ja. He debido balancear mejor el trabajo con la familia. Muy al estilo de nuestros padres, era puro trabajo. Viajamos mucho por mi cargo en Pepsico y la familia tenía que seguirme. Hubo un año en que la casa estaba en Santiago de Chile, la oficina en Río de Janeiro y el trabajo en la Ciudad de México. Obviamente, era una locura, por lo que solicité mudarme temporalmente a México y vivimos 6 meses en un hotel. La que más sufrió fue Melissa que, por aquella época, tenía alrededor de 13 años y ya había vivido en 4 países, o sea 4 colegios y 4 grupo de amigos que los iba perdiendo en cada mudanza.

¿Es el padre que deseó ser?

Pude hacerlo mejor, pero creo que en el balance no estuvo tan mal. He tratado de compensarlo después que me jubilé y creo que, a pesar que Melissa vive en México y nosotros en Lima, estamos más cerca de ella, ya sea viajando o a través del teléfono e internet.

¿Cómo se organizó con su esposa para el cuidado de su hija?

Como te habrás dado cuenta, sin mi esposa hubiera sido imposible cuidar a nuestra hija. Ella se dedicó por completo a cubrir mis deficiencias, por lo que le estoy muy agradecido.

¿La Asociación Peruano Japonesa celebra el Día del Padre?

Por supuesto. Lo hacemos con los kooreisha (los mayores) y con los empleados de todos los departamentos. También celebramos el Día de la Madre.

Son reuniones muy bonitas y emotivas con regalos y shows musicales en los que los directivos de APJ saludan a los papás.

Sus saludos para los papás peruanos

Un saludo especial a todos los padres en su día, agradeciéndoles por el esfuerzo que hacen por el bien de sus familias y, sobre todo, por los hijos que dependen de nosotros tanto en la parte física y mental como emocional, cuidando de su salud y dándoles todo el cariño que necesitan para que formen personas de bien y para que hagan realidad sus sueños.

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