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Peruanistas japoneses desde la mirada de Alicia Sakaguchi
martes, 30 de julio de 2019 | 6:12 PM
Peruanistas japoneses desde la mirada de Alicia Sakaguchi

Por: Ciria Chauca Falconí

«La primera vez que llegó a Huánuco, el investigador japonés Yo-shio Onuki era muy joven, parecía universitario». Así afirma Alicia Tsuda de Sakaguchi, como si hubiera sido solo hace algunos años la experiencia que le tocó vivir cuando su familia se mudó a la ciudad de Huánuco y coincidió cuando los arqueólogos y antropólogos japoneses integrantes de la Misión Japonesa de los Andes, a partir de junio de 1958, iniciaron en el Perú los trabajos de investigación.

Hija de un inmigrante japonés que vino al Perú desde la prefectura de Kumamoto, y de madre nacida en la prefectura de Fukuoka, Alicia Sakaguchi se ha desempeñado como presidenta del Comité de Damas de Perú Kumamoto Kenjinkai durante la gestión de Guillermo Nomura como presidente institucional, en el periodo 2003.

Rakuji Tsuda emigró al Perú en 1934 y Torie Miyagawa en 1937. Se conocieron en Lima y formaron familia. Alicia Tsuda Miyagawa es la hija menor de dos hermanos.

En Lima, el papá de Alicia se dedicó a la peluquería hasta que, a finales de los 50, se trasladó a Huánuco, donde abrió un taller de llantas, una vulcanizadora. 

Alicia estudiaba en el colegio Jesús. Cuando se trasladó a Huánuco lo hizo en el colegio María Auxiliadora. En esa ciudad vivió entre 1960 y 1963. Mientras su familia continuó en ese lugar, durante sus vacaciones, desde Lima volvía a Huánuco.

Durante estos tres años se estableció y comenzó a trabajar en la Misión Japonesa de los Andes. Alicia conoció en persona y en plena actividad de investigación de la cultura preinca a los arqueólogos y antropólogos de Japón Seiichi Izumi, Eiichiro Ishida, Kazuo Terada, Hiroyasu Tomoeda, Takahiro Kato, Tario Obayashi, Toshico Sono, Chiaki Kano y Yoshio Onuki. «Todos eran jóvenes», afirma.

En el 2018, la Misión Arqueológica Japonesa en el Perú cumplió 60 años. Llegó en junio de 1958, bajo la dirección del doctor Seiichi Izumi (1915-1970), de la Universidad de Tokio.

Por mar y por el aire

Alicia recuerda los primeros años de los arqueólogos japoneses en Huánuco. Dice que quienes dirigían la misión desde Japón hasta Lima viajaban por avión, mientras que los integrantes de este grupo venían en barco.

Los primeros meses en Huánuco dormían en un campamento que ellos mismos habían levantado. Comenzaban a trabajar desde muy temprano, así como lo hacían los peones peruanos.

«Más adelante, trajeron una casa prefabricada de madera, donde hacían sus trabajos de investigación».

Entonces, estaban en contacto con las familias nikkei que residían en Huánuco, como los Noda, Ishibashi e Ishimatsu.

Con corazón y punche

Cuando hacían las excavaciones de las culturas preincas, dedicaban todo su tiempo a recoger piedras pequeñas y lavarlas en el río.

«Muchas veces encontraban objetos de cerámica rotos en pedacitos. En base a los dibujos, ellos mismos lo armaban. Era un triunfo completar un recipiente de cerámica».

Algo que le llamó mucha la atención a una adolescente Alicia fue que los arqueólogos japoneses se sentían muy contentos cada vez que encontraban objetos de nuestros antepasados peruanos.

«En la investigación de la cultura preinca, los japoneses ponían mucho corazón y punche. Ellos dedicaban todo su tiempo para descubrir nuestra cultura peruana».

Otra grata sorpresa fue que los arqueólogos japoneses, en su poco tiempo libre, estaban muy interesados en conocer y poner en práctica tradiciones peruanas. Muy rápido aprendieron el idioma español y les gustaba bailar nuestras danzas típicas.

Descubrimiento de Kotosh

Uno de los restos arqueológicos más resaltantes en Huánuco es Kotosh, que tiene una antigüedad de aproximadamente 5000 años, uno de los más antiguos de América.

En 1934, lo comenzó a estudiar Javier Pulgar Vida, un año después lo hizo Julio César Tello. Pero recién en 1958, la investigación la inicia una expedición japonesa, encabezada por Seiichi Izumi y Kazumi Terada, quienes comienzan las excavaciones en la huaca de Kotosh.

Uno de los resultados más sorprendentes es que el complejo arqueológico de Kotosh fue más antiguo que la cultura Chavín.

En relación a las excavaciones a cargo de los arqueólogos japoneses, han sido encontrados el templo de las Manos Cruzadas así como esculturas en barro.

Alicia Sakaguchi dice que este descubrimiento de Kotosh se vivió en Huánuco como una exposición de alegría por la antigüedad de nuestra cultura y, actualmente, es un tesoro cultural peruano revelado por los arqueólogos japoneses.

«Mi papá, mi mamá y mi hermano vivieron en persona la felicidad del descubrimiento de Kotosh».

Alicia Sakaguchi elogia y está agradecida eternamente por los aportes de la misión arqueológica japonesa.

Cuando concluyó su trabajo en Huánuco, la misión japonesa continuó con la investigación en otros departamentos. El doctor Yoshio Onuki dirige la misión en Cajamarca y para este año tiene programada una excavación nueva «a pequeña escala», en la que trabajará su equipo por los próximos dos o tres años.

Dato

Rakuji Tsuda y Torie Miyagawa vivieron 13 años en Huánuco. A su retorno a Lima, abrieron el restaurante Imán en la avenida Aviación. Cuando fallecen, su hijo continuó con la atención de Imán.

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