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Conferencia: Los rincones japoneses de la antigua Lima
jueves, 1 de agosto de 2019 | 5:58 PM
Conferencia: Los rincones japoneses de la antigua Lima
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Con una notable concurrencia de asistentes se realizó el pasado martes 30 de julio la conferencia a cargo del historiador Marco Antonio Capristán Núñez organizada por Uruma Shi Kyoyukai del Perú en donde se mostró los diversos lugares de nuestra capital que están ligados a la historia de los inmigrantes japoneses a lo largo de la historia del Perú, tanto en lo cultural, lo comercial y lo social.

«En estos 120 años de inmigración japonesa, los japoneses han tenido una influencia muy importante en la historia de Lima» recalcó el ponente.

«Los japoneses llegaron al Perú en 1899, cuando la ciudad de Lima estaba en proceso de construcción tras la guerra del Pacífico. Entre 1883 y 1903 es una etapa conocida como la reconstrucción nacional», señaló.

Comentó acerca de la presencia de un japonés antes de la inmigración oficial. En 1610, durante la construcción del Puente de Piedra, obra del Virrey Juan de Mendoza y Luna, Marquéz de Montesclaros, construido por el arquitecto Juan del Corral. Dato interesante es que, entre los albañiles que construyeron el puente, estuvo el primer ciudadano japonés que llegó al Perú (quien habría llegado a nuestro país tras ser rescatado de un naufragio) y que, para facilitar su registro, recibió el castellanizado nombre de Miguel de Silva (según el Censo de Indios de 1610).

En las primeras décadas del siglo XX, cuando Augusto B. Leguía era presidente del Perú (el oncenio 1919-1939), fue amigo de la comunidad japonesa, siendo gestor de las primeras inmigraciones y organizó las celebraciones para el centenario de la independencia en 1921 y el centenario de la batalla de Ayacucho en 1924.

Para esos años, la mayoría de los japoneses se encontraban en la ciudad. Ya habían dejado las haciendas y formaron la Asociación de Peluqueros, la primera asociación que se forma en Lima en 1907. Luego, fundaron la asociación de comerciantes de artículos para el hogar en 1914 y la Cámara de Comerciantes Japoneses en Lima en 1915.

El apoyo del presidente Leguía a la comunidad japonesa de aquella época se explicó así: Para inicios de la década de 1920, se comenzaba a percibir el rechazo a los migrantes, básicamente por su impulso económico. Leguía, quien por esos años había relanzado el carnaval de Lima, invitó a participar a la comunidad japonesa buscando una mayor integración con la sociedad.

La comunidad japonesa participó en el corzo del carnaval de 1924 (el segundo que se realizaba), siendo la única comunidad extranjera que participaba en la fiesta. Su carro alegórico, donde mostraba la estructura de un gran elefante, fue destacado por la revista Mundial como uno de los más impresionantes del evento. También participó en el carnaval de 1928 a través de un carro alegórico de la Casa Tominaga, una compañía constructora propiedad del empresario japonés Shintaro Tominaga.

Al llegar 1920, se acercaba el año de la celebración del centenario del Perú y se realizaron una serie de regalos al país por parte de las diferentes comunidades: el Monumento del Estibador, regalado por la comunidad belga; el Museo Italiano; el monumento de los Tres Nudos (fue un regalo de los Estados Unidos); dentro del Parque de la Reserva está el monumento a don Antonio José de Sucre, regalo de parte del Ecuador al Perú; el Arco Morisco, que estaba en la cuadra uno de la Avenida Arequipa, fue el regalo de la comunidad española, y el Reloj del Parque Universitario, regalo de la comunidad alemana. La comunidad japonesa obsequió a Lima el monumento de la plaza Manco Cápac.

En la década de 1930, la piscina olímpica fue otro regalo de la comunidad japonesa a la ciudad de Lima por sus 400 años de su fundación. Funcionó entre 1935 y 1950. En el año 1953, se construyó el Estadio Nacional en el lugar donde se encontraba la piscina olímpica.

Hizo una descripción de los años 1940-1945, durante la época de persecución y saqueos a la comunidad japonesa.

Los coliseos limeños surgen en la década de los 50 y existirían hasta mediados de los 70, siendo la década del 60 la de mayor apogeo. Eran locales abiertos o cubiertos con carpa de circo. En ellos se presentaban grupos artísticos integrados por cantantes, danzantes y músicos. También participaban intérpretes de música criolla y ritmos foráneos. Los primeros fueron el coliseo Lima, en Breña; el Inca, situado en la Plaza de Acho en el Rímac, y Bolívar, que funcionaba en la zona de Tacora, en La Victoria. En 1951, se inaugura el Coliseo Nacional en el parque El Porvenir, en La Victoria, y en la década del 60, surgieron el coliseo 2 de Mayo y el coliseo Cerrado, ambos en el Cercado de Lima. En esos años hubo mucha inmigración de provincia a Lima y, dentro de los cantantes foráneos, aparecieron muchos cantantes peruano-japoneses como Luis Abelardo Takahashi Núñez, Luis Nakayama Acuña (Andahuaylino, integrante por 44 años del famoso grupo folclórico La Lira Paucina), Luis Makino Tori y Antonio Shinzato (Los samurais del huayno) y Angélica Harada (La princesita de Yungay).

Al concluir la exposición, el ponente recibió un presente por parte de Uruma shi Kyoyukai del Perú entregado por la cantante Hanako Moriya. El brindis de honor estuvo a cargo de Samuel Matsuda.

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