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Los no “tan conocidos” cuentos populares de Japón
lunes, 12 de agosto de 2019 | 5:50 PM
Los no “tan conocidos” cuentos populares de Japón
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Por: Milagros Tsukayama

Mukashi, mukashi, aru tokoro ni (“había una vez”), con esta frase comienzan los cuentos en Japón. Pero hay cuentos que no siempre tienen un final feliz, “apto para todo público”, y no nacieron de la pluma de algún literato. Estos son los cuentos populares o folclóricos y muchos de ellos están incluidos en la literatura clásica, como el Kojiki y el Nihonshoki, los dos libros más antiguos de Japón que datan del siglo VIII. Pero antes de que aparecieran por escrito, la tradición oral ya existía. Se dice que el Kojiki fue escrito según la forma como recitaba la historia la kataribe femenina Hieda no Are. Un kataribe es una persona que conserva y transmite oralmente las historias y costumbres de un pueblo; aunque, en tiempos de libros e internet, un narrador podría ser considerado  prescindible. Pero, gracias a su labor, es que ahora nosotros podemos leer sobre los antiguos mitos de la creación, los nacimientos de los dioses, las historias de amor y luchas de poder entre clanes o la vida de los héroes como inspiración. Sin esta tradición oral, los antiguos cuentos populares que se transmitían de padres a hijos y de pueblo en pueblo hubieran desaparecido, como los que compartimos a continuación. 

En estos cuentos encontraremos una moraleja, similitudes con un conocido cuento occidental, creatividad para jugar con las palabras y hasta una reflexión.    

¿Granero de arroz o pequeños hombres ciegos? 

Un viejo hombre recibió un mazo mágico de un kami (dios) que, al agitarlo, le concedería todo lo que pidiera. El hombre pidió arroz (‘kome’) y apareció una montaña de arroz. También pidió un granero (‘kura’), para poder almacenar todo, y su deseo fue concedido.  Su vecino también quiso su suerte y le pidió prestado el mazo. Pero este era codicioso y en lugar de sacudir el mazo una vez, lo hizo cientos de veces, repitiendo insistentemente “ko-mekura” (‘pequeños hombres ciegos’), en lugar de “kome-kura” (‘granero de arroz’). Al pie de la letra, el mazo le cumplió su deseo: apareció una multitud de pequeños hombres ciegos, que terminaron por rodearlo y matarlo.

Komebuku y Awabuku (¿a qué cuento nos recuerda?)

Había una vez una madre que tenía dos hijas, pero una de ellas era su hijastra, a quien trataba mal. Un día, le da una bolsa a Awabuku, su hija, y una bolsa rota a Komebuku, su hijastra, para que recojan castañas en el bosque. Ambas llegan hasta la casa de Yama-uba, la bruja de las montañas. Komebuku accede a sacarle los piojos a Yama-uba, pero Awabuku se negó. Al salir de la casa, Yama-uba le da una canasta a cada una. A Komebuku, le tocó la canasta con hermosos vestidos y a Awabuku, solo ranas o cosas sucias. Días después, la madre llevó a su hija Awabuku a un festival del pueblo e hizo que su hijastra Komebuku se quedara en casa para que cargara agua, separara los granos, etc. Con la ayuda de unos amigos y un gorrión que sintieron pena por ella, Komebuku logró terminar las labores de la casa e ir al festival. Usó un hermoso vestido que recibió de la Yama-Uba. En el festival, un joven hombre la vio y le propuso matrimonio.

A pesar de la insistencia de la madre por hacerle cambiar de opinión, el joven rechazó a Awabuku y se casó con Komebuku, la hijastra. Caprichosa, Awabuku también quería casarse y la madre la montó en un mortero y salieron a buscar un pretendiente. Ambas terminaron cayendo a un arroyo y se convirtieron en caracoles de lodo.

Ubasuteyama: la montaña donde abandonaban a los ancianos

Había una vez un tonosama (señor feudal) que odiaba a los ancianos, por lo que ordenó abandonar en una montaña a todas las personas que cumplieran 60 años. Pero había un hombre que quería mucho a su padre y desobedeció, escondiéndolo bajo el piso de la casa. Un día, el tonosama anuncia 3 pruebas y un premio para la persona que lo ayude a resolverlas. Al enterarse, el hombre pidió consejo a su padre. Las 3 pruebas eran: hacer una soga de cenizas de mil pies de largo, traer un tambor que suene por sí mismo y pasar un hilo a través de un agujero curvo de una pelota. El anciano padre tuvo las soluciones: hay que quemar una soga de paja hasta reducirla a cenizas, hacer un tambor de papel y poner abejas adentro y; colocar azúcar en un extremo del agujero y hacer pasar a una hormiga que tenga atada un extremo del hilo. Con sabiduría, el padre resolvió los problemas y el tonosama lo recompensó. Desde entonces, ningún anciano fue abandonado.   

Otro cuento menciona a un hijo que sí intento acatar la ley. Era un padre que, junto con su hijo, llevaron al abuelo a la montaña para abandonarlo. El abuelo estaba en una canasta que el padre cargaba sobre su espalda. A pesar de todo, el abuelo arrancaba las ramas de los árboles y las esparcía en el camino, para que su hijo y su nieto no pierdan el camino de regreso a casa. Al llegar al lugar, el padre dejó la canasta con el abuelo, pero su hijo le dijo que se llevaría la canasta de regreso, para usarla cuando le toque llevar a su padre a la montaña. Esta inocente respuesta tocó su corazón. Al final, los tres regresaron a casa.  

Sin kami, sin dios ni pelo

En camino de un funeral, un kozo (novicio de monje) tuvo ganas de orinar, pero no podía hacerlo en el bosque ni en el campo ni en el borde del camino, porque en todas partes habita un kami (dios). Ni corto ni perezoso, se trepó a un árbol y orinó sobre la calva cabeza del oshō (sacerdote budista), justificándose que no hay kami en la cabeza del oshō (kami significa ‘dios’ y, también, ‘cabello’).

Daikon “sin hojas” que suena a “cuento”

Un nabo (daikon) creció tanto que cubrió todo el campo. Cuando el agricultor fue a verlo, este se había convertido en un “ha-nashi” (literalmente “sin hojas”, que suena similar a hanashi, que significa cuento).

Estos son algunos de los cuentos orales que fueron recopilados por Keigo Seki (1899-1990), colega de Yanagida Kunio (1875-1962), quien es considerado el pionero del folclore japonés. Estos cuentos tienen numerosas versiones, pero todas conservan la esencia del Japón antiguo: sus costumbres, creencias, moralejas y hasta virtudes y valores que tanta falta nos hace recordar en estos tiempos.

FUENTES: Keigo Seki (Asian Folklore Studies, 1966) “Types of Japanese Folktales”, Fanny H. Mayer (1985) “Ancient Tales in Modern Japan: An Anthology of Japanese Folk Tales”.

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