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Japón sigue asombrándonos con su “mundo al revés”
viernes, 27 de septiembre de 2019 | 3:56 PM
Japón sigue asombrándonos con su “mundo al revés”
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Por: Milagros Tsukayama

Cuando el japonólogo británico Basil H. Chamberlain calificó a Japón como un “mundo al revés” (topsy turvy) en el siglo XIX, las comparaciones habían nacido de Occidente. Pero en pleno siglo XXI, ya no existe ese “mundo al revés” de Chamberlain, sino una sociedad con diferencias y contradicciones entre su propio pasado y presente. Y eso es lo que sigue conquistando a Occidente. 

Hace unos días, Stefan Wagstyl escribió un artículo para Nikkei Asian Review titulado “Sayonara, Tokyo: Still amazing after all these years” (“Adiós, Tokio: Sigue asombroso después de todos estos años”) en donde se despide de Japón, tras una estadía de 2 años. Fue hace 25 años cuando llegó por primera vez a Japón y en esta última oportunidad, juntó sus recuerdos para comparar el Japón del ayer con el de hoy. Siguiendo el concepto “topsy turvy” de Chamberlain, compartimos seis “contradicciones” sobre Japón, inspirándonos en el artículo de Wagstyl.

Elegante para aparentar, pero cómodo por necesidad  

La primera impresión sobre Japón es la ropa. Cuando Wagstyl y su esposa llegaron a Japón la primera vez a inicios de los años 90, el barrio tokiota de Omotesando parecía una pasarela de moda. Las mujeres usaban trajes, perlas y tacones, mientras que los hombres usaban chaquetas de lino y pantalones planchados. Pero después de 25 años, lo que más se usa ahora son polos, jeans, zapatillas y joyería de plástico. El estilo elegante y sobrio se volvió urbano y grunge. Pero, con el estancamiento económico, ya no queda mucho de ese optimismo económico a largo plazo y muchos japoneses ya no sienten deseos (o no tienen los medios) de vestirse para impresionar.  

Cuestionan las viejas reglas, pero temen “ser grandes” 

Aunque siempre busca la novedad y lo “kawaii”, Japón se resiste a dejar el patriarcado y evita a los jóvenes y mujeres al poder. Pero ya no queda esa obediencia casi idolátrica por el emperador y, más bien, ya se cuestiona a políticos y altos funcionarios cuando hay casos de corrupción.

Aun así, los jóvenes de ahora prefieren vivir con menos obligaciones, a diferencia de la generación anterior. Buscan aplazar el romance y el matrimonio para disfrutar una soltería “indefinida” y, si se casan, no tienen hijos. Pero quienes no logran independizarse económicamente, siguen viviendo bajo el techo de sus padres, incluso si pasan de los cuarenta. O, si viven solos, un minúsculo módulo de un manga-café puede convertirse en su hogar. En la actualidad, Japón tiene una población mayoritariamente envejecida, cuando alguna vez fue la más joven del G-7.

Adoran la moda occidental, pero desconfían de los extranjeros

Comparando con hace 25 años, el número de extranjeros se ha duplicado en Japón. Hay más restaurantes de comida internacional, Ginza se parece al Times Square y no hay tienda de diseñador extranjero que no conquiste el ojo japonés. Pero la nacionalidad sigue siendo por sangre y para un extranjero que quiera vivir en Japón, la visa caduca al lustro. Persiste la xenofobia y los estereotipos. Ni las misses universos se salvan del crítico japonés, que no acepta las razas “mixtas”. Incluso, hablar bien el inglés es para unos pocos afortunados en Japón. Pero aun así, los japoneses celebran navidad con pollo Kentucky, adoran el K-pop, prefieren Apple que Sony y el Starbucks desplazó a los chamise.

Soledad humana, compañía virtual

Ahora los japoneses se comunican más por internet y las redes sociales, pero evitan el contacto humano. En Japón, es común hablar ahora de hikikomori, el servicio de alquiler de amigos, los hoteles “cápsula”, los restaurantes para “una sola persona” y otros atractivos más para quienes les guste vivir en monólogo. Los matrimonios prefieren tener mascotas que hijos o, en todo caso, no tener pareja o casarse con un personaje de anime. Y con las máquinas expendedoras y comercios automatizados, Japón sería el paraíso, según algunos. Con una población que envejece y falta de gente que los cuide, ya se piensa hasta en robots-enfermeros antes que contratar a más extranjeros.

Resistentes al cambio, obsesionados con la novedad

Ahora la ciudad crece en vertical (o por debajo). Pero las futurísticas construcciones tokiotas nunca desplazaran a los pequeños barrios tradicionales, que siguen decorando sus casas anunciando el Oshogatsu en invierno o festejando el Obon en verano, recordándonos que aún estamos en Japón (a pesar de la modernidad). Aunque, por el contrario, Japón vive obsesionado con los adelantos tecnológicos, llenando sus casas y vidas con gadgets que solo veíamos en ficción. Pero en una sociedad dominada por la tecnología, la tradición la conecta con su pasado y humanidad.

Tras el milagro económico, vino el surmenage

Ni las muertes por karoshi o exceso de trabajo redujeron las horas extras; solo lo hizo la contracción económica. A los sarariiman les piden ahora trabajar menos, aunque siguen los prejuicios de hace tres décadas. Siguen tomando vacaciones incompletas y pocos hombres toman el permiso de paternidad por el “qué dirán”. El trabajo sigue siendo la prioridad, al igual que la armonía (wa). Aunque Japón sea el país más endeudado del mundo, sigue invirtiendo en programas de infraestructura y ayuda internacional. Por lo que, en lugar de orgullo, ahora hay precaución, según Wagstyl. Cuando antes los productos “Made In Japan” marcaban mejor reputación que los fabricados en China; ahora Japón debe competir con China, Corea y casi todos los países asiáticos a quienes alguna vez dominó y humilló en tiempos de guerra. Ahora China se está haciendo conocida por su tecnología e innovación, cuando antes lo era Japón. Pero aun así, Japón tiene un encanto único. Como dice Wagstyl: “Nos encantó Japón hace 25 años y nos encanta ahora”.

Japón sigue siendo un “mundo al revés”, como hace dos siglos propuso Chamberlain, pero, esta vez, a partir de las diferencias y contradicciones entre su propio pasado y presente. Es un mundo “topsy turvy”, que nos permite ver cuánto ha cambiado Japón en menos de tres décadas.  

FUENTES:

Stefan Wagstyl (Asian Nikkei Review, 2019) “Sayonara, Tokyo: Still amazing after all these years”, Robert C. Wolcott (Forbes, 2018) “The Japan That Can Say 'Yes' To The Future: Humility, Confidence, Innovation And Robots”.

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