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Presentación del libro doble El Diario de Murasaki Shikibu y El Diario de Sarashina
martes, 12 de noviembre de 2019 | 4:38 PM
Presentación del libro doble El Diario de Murasaki Shikibu y El Diario de Sarashina

El pasado jueves 7, el Fondo Editorial de la Asociación Peruano Japonesa (APJ), presentó en el Dai Hall el libro doble El Diario de Murasaki Shikibu y El Diario de Sarashina, dos joyas de la literatura femenina clásica de Japón del siglo XI. La presentación estuvo a cargo de sus traductores al español, los doctores Iván Pinto Román e Hiroko Izumi Shimono. Con palabras de bienvenida, el presidente de la APJ, Abel Fukumoto, elogió la labor de Pinto y Shimono en el Fondo Editorial APJ que comenzó hace casi una década. Asimismo, agradeció la presencia de los asistentes e invitados especiales, como representantes de la Embajada de Japón en Lima, Cristina de Escala (en representación de su esposo Elard Escala, exembajador de Perú en Japón y actual director general de Asia y Oceanía del Ministerio de Relaciones Exteriores), Renato Ishikawa (presidente de la Sociedad Brasileña de Cultura Japonesa y Asistencia Social, Bunkyo), Lidia Ishihara (presidenta de la Asociación Femenina Peruano Japonesa, Fujinkai), Miyuki Ikeho (directora del Departamento de Cultura de APJ) y Akira Yamashiro (director del Fondo Editorial APJ), a quien no faltaron palabras de elogio por la iniciativa de publicar literatura clásica japonesa. 

Iván Pinto inició la presentación con la biografía de las autoras originales. Aparece la expresión literaria japonesa en la edad arcaica en forma de verso oral y se perenniza con el silabario japonés kana, en manos de mujeres. Destacan de la era Heian central, talentosas escritoras como Murasaki Shikibu (973-1020), autora de Genji Monogatari o El Relato de Genji, y Sei Shonagon (965-1015), autora de Makura no Soshi o Libro de la Almohada, creándose el género de ensayo, inédito hasta ese entonces en todo el mundo.

Murasaki Shikibu era prima lejana de Fujiwara no Michinaga, el más poderoso estadista cortesano de su tiempo, y fue criada en la capital imperial, Heian Kyo. Cuando se casó con Fujiwara no Nobutaka, tuvo una hija; aunque poco tiempo después, enviudó. Murasaki Shikibu comenzó a escribir Genji Monogatari, lo que atrajo la atención de Fujiwara no Michinaga, quien la convirtió en menina de su hija. En la corte, la reservada Shikibu fue apodada "La Menina de La Crónica", porque recordaba casi de memoria "La Crónica de Japón". A pedido de Michinaga, Shikibu perennizó los hechos del palacio en un nikki (diario), con una profunda observación y aguda mirada que "permiten conocer el corazón de Murasaki Shikibu, mucho más que en la lectura de su gran ficción, el Genji Monogatari". 

Por otro lado, está la autora de El diario de Sarashina (Sarashina Nikki), que recopila sus recuerdos íntimos escritos en los últimos años de su vida. Como título del diario, los copistas tomaron el nombre de una pequeña aldea en Nagano, Sarashina, mencionada en uno de sus poemas. Se desconoce su nombre real y solo es conocida como la Hija de Sugawara no Takasue. Por línea materna, la Hija de Sugawara no Takasue era sobrina lejana de la autora de Kagero Nikki, conocida como Madre Michitsuna, y descendiente de una rama menor de la familia Fujiwara. Su mayor entretenimiento de niñez era escuchar la literatura que llegaba a la capital de la voz de su madre y hermana mayor. Cuando su padre fue gobernador de Echizen (ahora prefectura de Fukui), la Hija de Sugawara no Takasue lo acompañó y fue en el Sarashina Nikki en donde plasmó como recuerdos los paisajes que vio. Intentó hasta tres veces ser menina de la corte, pero no aguantó la convivencia con otras meninas. Subyugante e inteligente, la hija de Sugawara no Takasue finalmente se casó y tuvo tres hijos, aunque cuando enviudó, su único consuelo a la soledad fue un sueño que tuvo de Buda Amida.

Para conocer el contexto detrás de estas obras, el doctor Pinto cedió la palabra a la doctora Shimono, quien destacó que esta edición contiene ilustraciones de nivel de tesoro nacional, siendo la única que incluye reproducciones tan valiosas, incluso en el mismo Japón. La primera forma de diario en Asia apareció en China, en donde se inventó el papel, luego en Europa y en el Nuevo Mundo. El auge del género de diario (nikki) en Japón fue en la época Heian. Durante los 400 años de paz que caracterizó a esta época, se evidenció la nipponización de los aportes chinos asimilados en Japón y el desarrollo de la cultura entre la sociedad aristocrática, incluyendo la caligrafía japonesa, como el hiragana. Hasta el siglo III no existía escritura en Japón y el chino era considerado el idioma de la élite y la función pública. Cuando se inventó el hiragana, derivación de los ideogramas chinos, coexistieron ambos sistemas de escritura, aunque los nobles menospreciaron la escritura japonesa, por considerarla humilde y baja, y rindieron respeto a la china, por su autenticidad. Esto fue una afortunada circunstancia para la mujer, que empezó a usar la escritura silábica materna como única escritura apropiada para mostrar afectividad, lo que les emociona, las sorprende o las cuestiona. Aunque los temas carecieran de importancia para los hombres, estos escritos femeninos adquieren valor histórico en la actualidad. 

Con la primera consorte del emperador Ichiyo, Teishi, se promovió la creación de la alcoba literaria intelectual, originalmente usada como cámara de visita nocturna del emperador, para desarrollar el talento de las meninas del palacio a través de contiendas de conocimientos literarios, improvisación de poesía japonesa y conversaciones con agudeza y humor. Su menina más sobresaliente fue Sei Shonagon, quien despertaba admiración entre los caballeros nobles y a quien Teishi animaba a escribir en prosa facilitándole papeles en blanco. En esa época, los caballeros nobles admiraban la cultura de la mujer más que su apariencia, siendo cualidad necesaria el dominio de la poesía, koto y una caligrafía elegante y distintiva. Fue en estas alcobas literarias, que surgieron las dos grandes meninas en mención.

Comparando con occidente, lo más significativo del género de diario femenino japonés es su temprana manifestación en Japón, a diferencia de otras partes del mundo. Shimono cree que si en otras partes del mundo se les hubiera dado pluma y papel, las mujeres hubieran gozado del mismo privilegio de crear literatura como pasó en Japón. La velada terminó con la entrega de reconocimientos a los doctores Pinto y Shimono, por parte de Abel Fukumoto y Lidia Ishihara.

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