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Jornada Cultural de Japón en la PUCP
martes, 19 de noviembre de 2019 | 3:40 PM
Jornada Cultural de Japón en la PUCP
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Por: Milagros Tsukayama

Desde 1986, el Centro de Estudios Orientales (CEO) de la Universidad Católica del Perú (PUCP) organiza la Semana Cultural del Japón para difundir la cultura japonesa a la comunidad académica de esta Casa de Estudios y público en general. Este año, el CEO presentó la Jornada Cultural Japonesa en tres fechas (12, 13 y 14), en el auditorio de Humanidades de la PUCP, con un variado programa que incluyó demostración de taiko a cargo de Yuna Daiko, demostración de chanoyu o ceremonia del té a cargo de las damas de la Asociación Urasenke Tankokai del Perú, así como proyección de cine japonés, degustación de té japonés y diversas ponencias sobre Japón a cargo de expositores peruanos y extranjeros.   

Esta Jornada Cultural inauguró su programa de ponencias con «La escritura de la historia del arte de Japón, y la estampa erótica japonesa shunga», a cargo de Amaury García Rodríguez, director e investigador del Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México y especialista en cultura gráfica, con énfasis en el shunga, de la época Edo. La categoría de arte en Japón es relativamente nueva. Fue en 1873 cuando aparece el término bijutsu o técnicas bellas, que se relaciona con el francés beaux-arts (bellas artes) y que ahora entendemos como arte. Los primeros objetos de arte fueron las imágenes budistas, algunas consideradas incluso como kokuh? (tesoros nacionales); y luego, se incluyó la xilografía ukiyo-e, conectada con el shunga, por su éxito en Europa. García definió al shunga o «imágenes de primavera» como estampas o gráficas sexualmente explícitas y fue considerado como waisetsu (obsceno) por influencia del puritanismo victoriano en la era Meiji. En publicaciones modernas sobre shunga, la mayoría censuraban la zona de los genitales, incluso con parches dorados o plateados. No obstante, el shunga fue propuesto para integrarse al pasado artístico de Japón. A partir de los años 60 del siglo XX, aparecen los estudios sobre shunga y en los años 90, este pasó de lo obsceno al campo académico y artístico, y algunas estampas han sido clasificadas como obras maestras (meihin). Para comprender al shunga, hay investigadores que se basan en el texto que acompaña a la imagen, que puede resultar hasta fogoso o vulgar. Aunque su producción se ha detenido hace casi 100 años, el shunga sigue vivo y dinámico a nivel discursivo y hoy en día, existen coleccionistas e investigadores de aquello que queda de esta producción.

En la segunda fecha, otra de las ponencias fue «Los dilemas del inmigrante japonés en Okinawa Existe de Augusto Higa Oshiro», a cargo de Daniel Leiva, estudiante del octavo ciclo de Literatura de la Universidad Federico Villarreal. De los 5 cuentos que conforman Okinawa Existe, Leiva escogió 3, por contextualizarse en la inmigración japonesa de los años 30 y 50. Según Leiva, sus protagonistas reflejan desconexión e incapacidad para encajar con la sociedad limeña de la época. En el primer cuento, Okinawa Existe, la obachan Miyagui presta más atención al vuelo de una mosca durante una comida familiar y sólo tiene conexión con Maeshiro, una contemporánea suya a quien conoció en Okinawa y que ahora, en su enfermedad, sus conversaciones pasaron a ser monólogos de recuerdos evocados por la obachan. Además de esta desconexión social, también presenta desconexión histórica, cuando la obachan solo reconoce a Leguía como su presidente actual. Con Extranjero, el segundo cuento, Masaharu vive en una familia poco comunicativa y sufre el maltrato y dominación de otro niño nisei, Kanashiro, quien es cojo y tiene una mano con cuatro dedos. En el tercer cuento, Polvo Enamorado, Kinshiro Nagatani queda prendado de América Linares, una carnicera del mercado, con quien llega a matrimonio, pero no consigue consumarlo por ser impotente. Esto termina siendo una relación de poder unilateral a favor de América, quien toma a Kinshiro como blanco de burlas, insultos y explotación, ante su carácter pasivo.  

Para la última fecha, una de las últimas ponencias fue «Breve análisis sobre la Ética en Japón durante el periodo Tokugawa», a cargo de Rannel Villalobos, catedrático en diversas universidades de Venezuela y expositor de cultura japonesa. En el periodo Tokugawa, Japón redefinió su cultura, originalmente proveniente de Asia, y consolidó conceptos como la ética, reflejada en los ritos sociales y la etiqueta (reigi saho). Durante este periodo, Japón organizó su sociedad bajo una estructura vertical de jerarquía (sistema de castas) y para mantener la armonía y unidad entre sí, cada casta, grupo, clan o estrato tenía sus propios comportamientos y costumbres, en donde prevalecía la etiqueta o deber social (tatemae) frente a los sentimientos y deseos individuales (hon ne). Esta verticalidad social se rigió bajo el concepto sempai- kohai, aún vigente en Japón, que se refiere a la relación entre una persona mayor con experiencia (sempai) y una persona más joven e inexperta (kohai), en donde el primero ofrece apoyo, enseñanza, amistad o tutela al segundo y éste le retribuye con respeto, gratitud y lealtad personal. Dentro de la ética japonesa, existieron conceptos de moral fundamentales de convivencia, como el chugi o lealtad incondicional del inferior al superior y el kooko o acto respetuoso y sincero; ambos resumidos como chuko o lealtad al señor feudal y respeto a los padres y superiores. El on u «obligación» o «deuda» contraída al recibir un favor y el gimu o deber, refiriéndose a la deuda de gratitud ilimitada, son las que ataban moralmente a un individuo con otro. Giri o «razón recta y justa» es lo que nos hace actuar con honestidad e integridad, aunque podía entrar en conflicto con ninjo o los sentimientos humanos. El rasgo más distintivo y característico del temperamento asiático, según Villalobos, es la capacidad para ver la vida desde dentro, en lugar de hacerlo desde afuera. Furyu hace referencia, entre otras cosas, a la belleza humana interior natural. Durante el periodo Tokugawa, existía una forma artística o culta de ver la ética, como una forma ético-estética, en donde la belleza debe ser sencilla e imperfecta o wabi sabi, que suponen un estilo de vida y una forma armoniosa de relacionarse con el entorno. Esto son conceptos que han calado en la ética social japonesa y han impregnado profundamente la vida y la cultura de los japoneses del período Tokugawa y que, hasta el día de hoy, se conservan en las tradiciones culturales ancestrales de Japón.

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