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La rendición de Japón ante la cultura kawaii
viernes, 6 de marzo de 2020 | 5:39 PM
La rendición de Japón ante la cultura kawaii
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Por: Milagros Tsukayama

Ser kawaii significa ser más tierno que hermoso. Pero con un pasado de feudos, samuráis, invasiones imperialistas, costumbres ancestrales y predominantemente patriarcales, ¿cómo Japón llegó a rendirse ante la cultura kawaii?

Cuando inspirar pena significa ser “kawaii”

Kawaii significa tierno o bonito, aunque no siempre fue así. Su origen se remontaría al periodo Heian (794-1185), cuando “kawaii” aparecía como “kawayushi” en la literatura clásica y evocaba lástima, en donde uno “tenía que voltear los ojos por estar delante de una situación dolorosa”, según el Kogo Daijiten o diccionario de palabras antiguas. Para el siglo XVII, los jesuitas lo transcribieron como “cauaij” y le dieron el significado de “tener compasión y amor”. Para el periodo Taisho (1912-1926), “kawaii” apareció en los diccionarios de lengua japonesa como “kawayushi”, para describir a aquello que es tímido, vergonzoso, patético, vulnerable, encantador, adorable y pequeño. Tras la Segunda Guerra Mundial, “kawayushi” fue reemplazado por “kawayui” y finalmente, quedó el término “kawaii”. Como dato curioso, kawaiso, que es un término con el que comúnmente se le asocia, nos recuerda su significado original, porque significa “pobrecito” o “que inspira pena”.

Cosas que son kawaii, según Sei Shonagon

El concepto de belleza cambia con el tiempo y lo que ahora nos parece “kawaii” o tierno, antiguamente se decía que era “utsukushii” (hermoso). En el “Taketori Monogatari” o “Cuento del cortador de bambú”, escrito anónimamente a finales del siglo IX, la belleza de la protagonista radicaba en su diminuto tamaño y fragilidad: apenas medía unos 7 cm de alto. Por otro lado, Sei Shonagon enumera con exquisito detalle las cosas utsukushii de la época en su obra “Makura no Soshi” o “El libro de la almohada”, escrita en el siglo XI. Para ella, utsukushii era: el rostro de un niño dibujado en un melón; un pichón de gorrión que acude saltando al llamado de “chu, chu”; un bebé que gatea velozmente por el suelo y que al encontrar un objeto, lo levanta con sus deditos y se lo muestra a un adulto; un niño que pone la cabeza a un lado para apartar el cabello que le cae sobre sus ojos; etc. Para Sei Shonagon, todas las cosas pequeñas eran “utsukushii”, lo que ahora serían “kawaii” para nosotros, porque lo pequeño nos evoca inocencia y pureza. Aunque parezcan sinónimos, utsukushii simboliza belleza y perfección, mientras que kawaii es ternura por la imperfección.

Las colegialas y las amas de casa, las primeras consumidoras de cosas kawaii

Según Keiko Nakamura, curadora del museo Yayoi-Yumeji, las cosas kawaii nacieron en Japón en 1914, cuando el ilustrador japonés Takehisa Yumeji, considerado el primer ilustrador de shojo (chicas) kawaii, inauguró Minatoya. Era la primera vez que existía una tienda como Minatoya, en donde las colegialas podían adquirir komamono o “productos kawaii” de la época, como impresiones en bloques de madera, bordados, tarjetas, libros ilustrados, sombrillas, muñecas y cuellos de kimono. En los años 50, el ilustrador Naito Rune popularizó el término kawaii. Fue el pionero de la cultura kawaii con sus ilustraciones de chicas de cabezas y ojos enormes. Por esa época, Japón ya se dejaba conquistar por los grandes ojos occidentales, que terminaron por convertirse en distintivo del manga japonés. Pero fue en los años 70, que comenzó la cultura kawaii. La escritura aniñada sedujo a la juventud femenina, quienes empezaron a escribir con caracteres redondeados (marui-ji) al estilo occidental y a decorarlos con corazones, estrellas o caritas. En 1992, kawaii fue la palabra “más usada, querida y habitual de la vida moderna de Japón”, con toda una industria ya dedicada a este mundo adorable. Pero el arte kawaii no solo era para decorar “fanshi guzzu” (artículos de fantasía) o explotar el mundo animado, sino que comenzó a aplicarse en el hogar, la escuela y las calles de Japón. Con la bonanza económica de la posguerra, muchas japonesas se convirtieron en amas de casa y con ello, en administradoras de la economía familiar. Fue por ellas que los bancos, y luego otras compañías, comenzaron a obsequiar merchandising “kawaii”, con la mascota corporativa, para promocionar sus servicios y productos. Mucho antes de que la famosa e icónica Hello Kitty hiciera su debut en 1975, estas mascotas corporativas ya se habían ganado la simpatía del consumidor japonés, que era predominantemente femenino. 

Los yuru-kyara

En la actualidad, los gobiernos locales y las instituciones han creado sus propias mascotas para atraer a turistas a un lugar o refrescar su imagen corporativa. Los yuru-kyara son las mascotas promocionales cuya denominación resulta de la contracción de yurui (relajado) y mascot character (personaje). Según Jun Miura, ilustrador y creador del término, para que un yuru-kyara sea considerado como tal, éste deberá transmitir un fuerte mensaje de amor a la localidad, sus movimientos deberán ser torpes y únicos (lo que los hace más kawaii) y el personaje deberá tener un carácter relajado y nada sofisticado (yurui) por el que la gente deberá sentirse atraída. Además, no necesariamente deberán lucir adorables. Algunos yuru-kyara pueden llegar a convertirse en celebridades y hasta cruzar fronteras, como es el caso de Kumamon, la mascota de la prefectura de Kumamoto. 

¿Cómo fue que Japón adoptó la cultura kawaii?

Existen diversas hipótesis que podemos encontrar en el mundo del arte y la política. Para el artista Takashi Murakami, la cultura kawaii es una expresión de la impotencia de la posguerra de Japón y la relación filial con los Estados Unidos (The New York Times, 2005). Afirmó que con la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, hubo un rechazo a la identidad japonesa y un alejamiento de la cultura japonesa.  “Los países ganadores pudieron conservar su cultura, pero nosotros tuvimos que romper el vínculo con nuestro pasado. Tuvimos que crear algo completamente nuevo”, sostuvo (Art Radar, 2008). Sin un control militar que ahora los censure, muchos jóvenes habían encontrado refugio en el mundo kawaii. 

Aunque en el campo político, podemos intuir cierto soft power o poder blando con el que Japón ahora intenta conquistar el mundo. En el año 2007, el entonces ministro japonés Taro Aso había declarado: “cuantas más imágenes positivas aparezcan en la mente de una persona, será más fácil para Japón difundir su punto de vista”. Esto fue parte del discurso que pronunció en la Universidad Digital Hollywood en Tokyo frente a estudiantes de animación, a los que calificó de “gente involucrada en llevar la cultura japonesa al mundo” (The New York Times, 2007). Para el 2004, este soft power japonés había entregado camiones cisternas con la imagen de “Los super campeones” en Irak, un popular anime japonés a nivel mundial, “con la esperanza de alentar y animar a los niños del lugar” (Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón, 2004).  

Además de contar con el apoyo del gobierno, aparentemente Japón logró convivir con la cultura kawaii gracias a su arraigada creencia animista, que dice que todas las cosas poseen alma (incluso los yuru-kyara). Pero lo que no hay duda es que, tras un rampante pasado militar, Japón ahora conquista al mundo con su cultura kawaii.

FUENTES:

Reconsidering Laura Ingalls Wilder: Little House and Beyond
Jennifer Coates et al. (2019) “The Routledge Companion to Gender and Japanese Culture”, Big Think (2016) “Why Do Japanese People Love Cuteness? Learn the Science of "Kawaii” por Paul Ratner, Teresa Pérez Contreras “La imagen kawaii: estética e identidad en la cultura japonesa”, Brian Lewis (2015) “Cool Japan’ and the Commodification of Cute: Selling Japanese National Identity and International Image”, Adrian David Cheok “Art and Technology of Entertainment Computing and Communication”, Michiko Okano “Kawaii – sua história e seu significado”, Japan Today (2014) “Why does Japan love fictional characters so much?” por Casey Baseel.
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