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El año del coronavirus
¡Sí,…como murciélagos!
viernes, 20 de marzo de 2020 | 12:13 PM
El año del coronavirus

Para la mayor parte de Occidente la primera noticia del nuevo coronavirus, hoy COVID-19, llegó casi simultáneamente con la medida emitida el 23 de enero por el gobierno chino de suspender toda celebración por el Año Nuevo chino, la puesta en cuarentena de la ciudad de Wuhan y otras ciudades de la provincia de Hubei, y la edificación de 2 hospitales en un plazo de 10 días.

Veamos cuál era la tendencia del aumento de infecciones en los días que el gobierno chino tomó esas y otras medidas. El 22 de enero hubo 571 casos, el 23 de enero el total era de 830 infectados y el 24 de enero la cifra se elevaba a los 1287 positivos para el test de coronavirus. En esos días el incremento diario de casos fue de 45%, 55% y 53%. 

¿De dónde había salido este nuevo coronavirus? 

Se ha postulado que el COVID-19 está relacionado con el coronavirus de los murciélagos y el de los pangolines. Varios estudios apuntan a que el COVID-19 es una mutación del virus que se encuentra entre los murciélagos de herradura (Rhinolophus) que de alguna manera habría pasado a los seres humanos.

Cuando este tipo de información llegó a la prensa, Occidente bromeó con el hecho de que en China y en otras partes del sudeste asiático se consumiese murciélagos. «Es que en China comen murciélagos» sentenció alguien y la frase se viralizó, en el sentido mediático de la palabra viral. Parecía como si Occidente hubiese realizado un silogismo y hubiese concluido lo siguiente: Occidente no come murciélagos, ergo, el nuevo coronavirus no nos afectará, al menos no mayormente. 

¿Por qué los murciélagos tienen coronavirus?

Los virus son seres extraños y, aunque han sido muy estudiados por los científicos, su verdadera naturaleza aún no es bien comprendida. ¿Son seres vivos? Durante mucho tiempo la opinión mayoritaria de la comunidad científica consideraba que los virus no son seres vivos porque al carecer de metabolismo propio necesitan de otro ser vivo para reproducirse. En la actualidad, sin embargo, hay estudios que postulan lo contrario porque, entre otras cosas, la mutación de los virus queda perfectamente comprendida en la teoría de la evolución biológica.

Un virus debe encontrar un huésped que lo aloje y en el que pueda replicarse. Los virus más exitosos y que se perpetuarán, serán los que encuentren el mejor huésped. Los que no encuentren un buen huésped, desaparecerán. 

La relación entre el coronavirus y el murciélago es buena para el coronavirus porque los murciélagos tienen una forma de vida y hábitos que convienen a la propagación del virus: los murciélagos vuelan y pueden abarcar más territorios que los mamíferos y, sobre todo, los murciélagos gustan de vivir colgados en las bóvedas de alguna caverna, pero, eso sí, hacinados, uno junto al otro, de modo que la transmisión del virus entre un individuo y otro se facilita por la falta de distancia.

¿Por qué el coronavirus se difunde entre los humanos?

Se sabe que el paciente 1 en China, fue infectado en Wuhan a mediados de noviembre de 2019; no se conoce al paciente 0, es decir, la persona que recibió el virus de un animal.

La difusión del COVID-19 entre los seres humanos está resultando exponencial, pero esto es algo que ya era notorio en China en la tercera semana de enero y eso decidió al gobierno chino a tomar las medidas que tomó.

Los humanos compartimos con los murciélagos el gusto por el apiñamiento, disfrutamos la mayor parte de nuestras diversiones con gran cantidad de otros humanos en espacios reducidos: conciertos, cine, teatro, museos, banquetes, ceremonias, centros comerciales. Muchas de nuestras actividades laborales las realizamos en espacios que califican más como hacinamiento que como respetuosas de lo que ahora llamamos distancia social. No se salvan los espectáculos deportivos porque aunque un estadio sea muy grande, las 80.000 o hasta 100.000 personas que se congregan están prácticamente una sobre otra.

Pero también nos asemeja a los murciélagos nuestra moderna capacidad de cubrir grandes distancias, por avión, tren, buses o cruceros, que pueden llevar al virus a confines a los que nunca llegaría con un simple murciélago. Y estos medios de transporte, por la relación espacio y número de individuos, es propicia para la propagación del virus.

La relación entre el COVID-19 y los seres humanos resulta ideal para el virus; tremendamente ventajosa para él, porque aunque carezca de voluntad y de intención encuentra un espacio óptimo para multiplicarse. Sí, somos como murciélagos para el coronavirus. Y no dude usted que si un coronavirus pudiese responder a una entrevista, con sinceridad diría que los humanos somos mejores que los murciélagos; murciélagos mejorados. Nuestro gregarismo y nuestra tecnología son el paraíso para el coronavirus.

¿Qué hacer?

Podemos hacer nada o tomar medidas insuficientes para contener el avance y difusión del virus. En ese caso 50, 60 o 70 por ciento de la población será colonizada por el COVID-19; la mayor parte sobrevivirá, una pequeña parte morirá; pero si este fuese el escenario los sistemas sanitarios colapsarían, los circuitos económicos serían demolidos y en general, las pérdidas para la humanidad serían muy elevadas. 

La otra opción es tomar medidas efectivas contra la exponencial propagación del COVID -19 para dilatar en el tiempo la exposición, y así salvaguardar los sistemas sanitarios y económicos del país y proteger a los segmentos más vulnerables de la población. 

¿Qué medidas tomar? Las que toman en Europa, tardías e insuficientes, demuestran su ineficacia con el alarmante crecimiento de contagios en Italia, España, Francia, Alemania, Suiza, Reino Unido, Holanda, Noruega, Suecia, Bélgica, Austria y Dinamarca. EE.UU. tampoco lo hace bien y ya tiene 4.600 casos que en cualquier momento aumentarán de mil en mil.  

Ya un experto chino había vaticinado que Europa cometería todos los errores que cometió China. En todo caso, en Europa han perdido días preciosos y han desaprovechado la exitosa experiencia de Singapur, Hong Kong, Tailandia, Corea del Sur y la propia China.

China, declaró la cuarentena de Wuhan el 23 de enero. En ese entonces la tasa de aumentos de contagios era superior al 50%. Hoy, 50 días después, es de 0,02% y lleva en ese rango ya 10 días consecutivos; por eso el gobierno chino ha anunciado que la epidemia está controlada en su país.

El éxito de la estrategia china está refrendado por un estudio de la Universidad de Birmingham que advierte que si China no hubiese tomado las drásticas medidas en el momento en que las tomó, el número de infectados habría sido 67.000 veces mayor. Sin embargo no todas las decisiones de las autoridades chinas fueron las mejores, pero de eso hablaremos en otro momento.

Con una semana de retraso, nuestro país ha optado por la vía china, es deseable que el gobierno convoque a los agentes que puedan sacar el máximo provecho de las duras pero necesarias medidas que se están tomando. La población, cada peruano, debe contribuir para que el plan funcione: hay que quedarse en casa, restringir nuestras salidas a las estrictamente necesarias y también cambiar algunos hábitos: evitar las aglomeraciones, respetar la distancia social, saludar con una oriental venia y siempre lavarse las manos. (FraKazu) 

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