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64 Años: diario de Bandera de la Colectividad Nikkei

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Yo también viví en la Hacienda San Agustín
sábado, 5 de septiembre de 2020 | 4:29 PM
Yo también viví en la Hacienda San Agustín

Por: Roberto Oshiro.

El pasado 28 de agosto fue el Día de San Agustín, un feliz día para todos los que vivieron en la ex Hacienda San Agustín. 

El inicio de la inmigración japonesa se dio con contratos para trabajo en el campo, vinieron para ser agricultores, en ese entonces se adolecía de mano de obra para ese sector, muchas de las familias se establecieron durante muchos años en ellas, a pesar del maltrato recibido, desigualdad de oportunidades y ser despojados injustamente. Se constituyeron en las haciendas a lo largo de toda la costa peruana, en las del Callao se concentraron muchas familias, entre las haciendas que podemos nombrar: San Agustín, Taboada, Bocanegra, Santa Rosa, Oquendo.

La hacienda San Agustín se encontraba en el Callao, muy cerca al aeropuerto, muchos nikkei pasaron por ella, algunos nacieron ahí, otros vivieron toda su vida, también a los que los acogió temporalmente, como a mí. Personalmente fue una grata experiencia, como creo que le ocurrió a cada uno que lo hizo, vivir en un lugar donde cada vecino era como tu propia familia, por ser chacra, no es que tu vecino estaba muy cerca, cada casa está a una distancia considerable, al estar dividido por parcelas.

Ahora que ya no estamos en la hacienda, mi mayor recuerdo eran aquellos días donde mi rutina diaria se veía interrumpida, un domingo que no iba a trabajar y el ritmo acelerado se detenía, no tenía que levantarme temprano, pero por alguna razón despertaba, estaba totalmente oscuro, empezaba el trinar de los pájaros, uno por uno, al principio dispersos, era como si se iban pasando la voz, se iban sumando hasta que cuando ya estaba totalmente claro, había amanecido y por unos minutos como un coro ensordecedor, después poco a poco iban desertando uno a uno a este bello coro. Creo que mi subconsciente sabía que no tenía que trabajar, que el stress diario de la ciudad se iba a interrumpir ese día y es cuando uno está relajado, uno puede apreciar cosas tan bellas y simple como el dulce cantar de los pájaros, sentirte relajado, despertando sin esa flojera diaria de los otros días. Al estar muy cerca del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, era común escuchar los motores de los aviones, quizás de día te vas acostumbrando al sonido, pero en las noches de insomnio era escuchar de repente las llegadas y salidas de los vuelos internacionales en ese entonces. Está grabada en la memoria, como sonidos, cuando calentaba motores antes de salir, dar la vuelta a la pista y luego regresar para tomar vuelo y dirigirse a alguna parte del mundo.

Había varias razones para hacerlo un lugar ideal, era terreno agrícola que estaba muy cerca de la ciudad, su clima era muy bueno a pesar del invierno, no era tan húmedo, mi cuñado me decía que al estar cerca al mar, así debería serlo, pero la ventaja era que las islas que estaban al frente, hacía como una especie de escudo, así que todo llegaba atenuado. Uno se sentía seguro, especialmente de día, tú visitabas las casas vecinas y las puertas estaban abiertas, de seguro porque todos ya se conocían, así que alguien que no era del lugar, no iba a pasar desapercibido, claro que de noche tenías que tener mucho cuidado, la oscuridad de la noche siempre era aprovechada por algunas personas que incluso venían de otros lugares para su fechoría, de todas maneras estábamos en el Callao. El paisaje era hermoso, un lugar de todo verde, especialmente cuando era época de siembra, cada cultivo hacía un paisaje diferente. Recuerdo que desde una ventana del segundo piso se podía ver el atardecer, se veía a lo lejos el mar, una imagen que siempre va quedar en mi. El lugar ideal para los niños, tenían todo el campo para jugar, esconderse, cada día era una aventura, además de poder correr y jugar con los animales de corral, según el caso, hasta con los perros.

Todo esto no sería nada, sin la calidad de personas que albergaba la hacienda, mis suegros eran un ejemplo real de esto, él era isei, había nacido en Japón, ella nisei, nacida en Perú, segunda generación, sus padres eran japoneses. Por qué será que cuando las personas están con vida, no las valoramos, cuantas veces habré escuchado las historias de mis suegros, basta sentir su ausencia y empezar con las lamentaciones o comprender su gran historia. Ella nació en Perú, en Huaral, era la segunda hija del matrimonio; al cumplir 15 años, sus padres deciden llevarlas a Japón, quedándose su hermana mayor y su media hermana, que era mayor que todos, estuvo tres años en Okinawa, donde su padre decide que regrese a Perú porque aquí quedaban dos de sus hermanas. Así lo hace, con tan mala suerte que se produce la guerra en los siguientes años, por lo que tuvieron que vivir separados, años más tarde sus padres y hermanos quisieron regresar a Perú, pero existía una prohibición, por lo que tuvieron que residir en Argentina, viviendo separados muchos años. Paralelamente, mi suegro venía a Perú, él había nacido en Okinawa, sus padres cuando era niño lo dejaron al cuidado de una tía, con tan mala suerte que su madre fallece en el barco que la traía a nuestro país, es por eso que recién cuando es ya joven, él viene a Perú, su padre ya tenía otro compromiso. Siendo vecinos mis suegros, sus padres pactan el matrimonio entre ellos. Mis suegros inician una vida en común en la Hacienda Esquivel, como peones y arrendatario, hasta la una de la tarde trabajaba para la hacienda y luego se dedicaba a una pequeña parcela, al llegar la guerra se inicia una historia de más injusticias, fueron despojados y desalojados de la parcela que habían arrendado, a pesar que antes ya tenía condiciones y precios injustos para sus productos. Con algunos ahorros debido a su esfuerzo, deciden ir a tentar suerte en la Hacienda San Agustín, con algunos paisanos, donde son acogidos por una familia nikkei, al igual que otros paisanos con los cuales fueron vecinos en su nuevo lugar que los acogió. Para ellos fue el inicio de una mejor vida a pesar de todos los problemas que se seguían arrastrando a causa de la guerra, es aquí donde encuentran su definitivo hogar, que mejor que en un lugar donde los vínculos de amistad se fueron convirtiendo en familiar, ayudas mutuas para poder salir adelante en conjunto, mucha cordialidad, confraternidad, llegando a formar un club del lugar, donde se hacía deporte, especialmente el fútbol, todos mis cuñados en su momento pasaron a defender los colores del club Juventud San Agustín en diferentes canchas, reconocido en muchos lugares por su grupo muy aguerrido y su deseo de no perder, por lo que muchos partidos terminaban en bronca. Pero no solo era futbol, también se practicaba el vóley, en los últimos años el deporte que se empezó a practicar era el gateball, un buen pretexto para que todos se juntaran, especialmente los ya no tan jóvenes.

En la hacienda se tenía una escuela a la que asistió la mayoría, era para la educación de los primeros años, por ella pasaron varias generaciones, las profesoras eran tres hermanas, incluso la última falleció unos años antes a que todos tuvieron que abandonar la hacienda por la expropiación para la ampliación del aeropuerto. Lo que nosotros llamábamos la hacienda era la zona donde antes se encontraba la casa de los hacendados, se formó el Asentamiento Humano El Ayllu, ahí se ubicaba la escuela, el coliseo de gallos que fue construido por una de las familias nikkei en donde se realizaban competencias y venían a participar de otros lugares; cerca también se tenía hasta cancha de gateball, lugar cedido por otra de las familias vecina, en donde se reunían los vecinos, incluso llegando a participar en campeonatos y también venían equipos foráneos, hasta el día de hoy nuestro club participa en todos los torneos que se dan, incluso varios de los san agustinianos han ido a torneos internacionales.

La Reforma Agraria, decía que la tierra era para quien la trabaja, esto para evitar que todos los terrenos fueran para unos pocos, fue una ley muy polémica, hasta el día de hoy genera controversia. Para algunas injustas, actualmente todavía existen reclamos, pero muchos de ellos esconden el aprovechamiento de grupos económicos, algunos “inversores” aprovechando la situación para comprar los bonos a precio muy bajo y luego obtener múltiples ganancias, con demanda a nuestro Estado en el exterior para la re-valorización de ellos, un gran problema por la imposibilidad del Estado del Perú, a no poder actualizar su precio para su pago, que se hace impagable, debido a los años de hiper inflación. En el caso de mis suegros y todas las familias que la ocupaban, fueron beneficiados por esta ley, yo me pregunto si esto no era justo, ellos vivieron despojos, desigualdades, trabajaban para los hacendados y en el resto de tiempo en la parcela que les arrendaba, pero el producto que cosechaba tenían que vender a ellos al precio que le fijaban. Luego de muchos años de trámites, recién en el segundo gobierno del arquitecto Fernando Belaunde les otorgó legalmente su título por Reforma Agraria. Al parecer luego de tanto tiempo, todo fue tranquilidad, esto les daba la seguridad, especialmente a mis suegros, de saber que la tierra que por muchos años trabajaron, era suya, ahora la única preocupación era lo que se tenía que sembrar.

Existen muchos recuerdos, como era el caso de la crianza de los cerdos, cuando se sacrificaba venían para ayudar algunos de los vecinos, era toda una operación, casi un ritual, preparando los implementos para hacerlo y aprovechar todo lo posible del animal, lo principal su carne, la sangre, la cabeza incluida las orejas, intestinos, riñones, pulmones, hígado, corazón. Se recuerda que antes para cocinar se usaba la manteca del cerdo, lo cual se llenaba en latas para luego ser usadas especialmente para las frituras y para diferentes platos; mucho de las cosas que luego se compartía con algunos vecinos y amigos. Se recuerda que en la casa de mis suegros criaron a un cerdo enorme, que era la admiración de muchos vecinos, que incluso venían a verlo, su sacrificio fue todo un acontecimiento, además por la cantidad de manteca que sacaron de él. Debe de haber sido muy difícil por el tamaño y peso que tenía ese animal, me imagino que participaron más personas de lo normal, el cerdo resultó hasta famoso, en casa se conservaba fotos de él.

Mis suegros eran personas muy especiales, los dos tenían carácter muy diferente, me parece que se complementaban, de ambos he escrito artículos anteriormente, por el cariño que les tengo. Ella era una mujer muy amigable, su casa era lugar de reunión de muchos vecinos, muy buena anfitriona, destacando su hospitalidad, además que cocinaba muy bien. Mi suegro era más bien callado, siempre con una sonrisa en los labios, de seguro mi esposa heredó eso, pero no lo de callado.

Dicen que cuando recién vinieron, lo que se sembraba era algodón, esto ligado a los grandes hacendados, pero luego variedad de hortalizas: ajo, cebolla, apio, culantro, tomate, vainita, hasta papa, mi suegra siempre orgullosa de su terreno, salía muy buenos productos, sobre todo por la cantidad que daba, ahí solo era esperar que el precio le sea favorable y que no se contagie de alguna plaga, que es lo que siempre se teme en el campo. Recuerdo por ejemplo que la papa que llegó a valer de S/0.10 el kilo, esto en chacra, un precio que no alcanzaba ni para cubrir los gastos; lo que yo nunca llegué a entender, era que cuando íbamos al mercado, ese precio se veía multiplicado, le preguntaba a mis cuñados y ellos decían que siempre se llevan la mayor utilidad el intermediario, incluso la mayoría de ellos pagaban por partes a crédito, claro que a menos que tu tengas el mejor producto y esté escaso, ahí todos venían a rogarte para que les venda. Cuando sembraban flores, para que la flor salga más rápido, se simulaba el día por la noche, se colocaban hileras de focos, esto hacía que se haga en menos tiempo, al margen de este detalle, era ver de noche encendidos los focos en toda la oscuridad del campo, siempre me imaginaba que alguna vez iba estar en un avión y poder observar cómo se veía desde arriba, seguro sería un lindo espectáculo en la oscuridad de la noche, porque de día ya lo había visto y era todo muy bello, el colorido que puedes ver, claro que ahora casi todo se está convirtiendo en frio cemento.

Estas son algunas de las vivencias en la Hacienda San Agustín, me quedan muchas más, pero estoy convencido que escribo artículos muy largos y la gente se aburre, quizás no llegan al final, puede ser que en el futuro continúe con algunas más, sobre todo la verdadera historia de la expropiación, que fueron despojados doblemente, estoy seguro que todos sus miembros están agradecidos de haber vivido durante mucho tiempo en ella, pero la verdad es que la vida no fue necesariamente justa.

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