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Yusuke Murakami y “El Perú en la era del chino” (¿Parte 2?)
miércoles, 28 de abril de 2021 | 4:41 PM
Yusuke Murakami y “El Perú en la era del chino” (¿Parte 2?)

Por: Milagros Tsukayama

Yusuke Murakami es un reconocido politólogo japonés que analiza e interpreta la política de América Latina y particularmente de Perú desde hace 25 años. Publicó en el 2012 Perú en la era del chino: La política no institucionalizada y el pueblo en busca de un salvador, un libro de cabecera para entender el fenómeno Fujimori y dedicada, textualmente, a “los que no sean fujimoristas ni antifujimoristas”. A miras de esta segunda vuelta electoral, Perú Shimpo conversó con el Dr. Murakami.

Para esta segunda vuelta, Pedro Castillo lidera la preferencia electoral con 41% y Keiko Fujimori tiene 26% (según Datum). ¿Qué impresión le da este resultado? 

Antes de la primera vuelta, ya había antivotos para cada candidato, pero esa diferencia se puede reducir, dependiendo de la campaña que hagan. Aunque los antecedentes de Keiko no son tan «destacables», siempre «lidera» las encuestas durante la campaña electoral. Si mal no recuerdo, llegó a un 60% o 70% en algún momento. Si el margen de indecisos se reduce, esto puede favorecer a Keiko. Yo digo que la tendencia es más bien entre indecisos que se preguntan «votaré por Keiko o no», más que «votaré por Castillo o no». 

¿En qué debe enfocarse más Keiko para atraer a los indecisos?

Yo digo que tiene que dejar atrás todo el pasado. Tiene que vender la imagen de que ha «cambiado» o demostrar que está dispuesta a hacer todo lo posible a favor del Perú, basarse en ideas concretas y más pausibles. Keiko tendría que renovar todo, cambiar su discurso, actitud, campaña actual y su comportamiento con otros políticos o con la prensa, inclusive, y con la gente. Es una tarea muy difícil, porque implica cambio total.

¿Encuentra diferencias o similitud entre Keiko y Alberto?

Es un poco anecdótico, pero veo dos “ironías”. Una ironía es sobre Keiko. Su campaña es mínima y más «modesta» que la anterior, pero quedó finalista gracias a las malas campañas o fallas de los otros candidatos. Keiko se concentra además en retornar al origen, o sea, se concentra en núcleo de fujimoristas. La otra ironía es sobre la aparición de los Fujimori en medio de una emergencia o crisis, como la crisis ecónomico-social de 1990 y ahora, la crisis de pandemia. La diferencia: Keiko representa a Lima y a las clases A y B y Alberto representaba a provincias y a las clases C, D y E inclusive, y esta es la gente que Keiko tiene que convencer. En contexto general, Fujimori aparece como líder que tiene que salvar a los peruanos en medio de crisis y se repetirá este tipo de «experiencia» en la familia si gana Keiko. Keiko tendría que afrontar una crisis y aprender rápido como lo hizo su papá. Recuerdo que muchos diplomáticos japoneses coincidieron en que Fujimori de julio de 1990, a comparación de un año después, cambió totalmente su estilo, gesto y actitud a los de un mandatario. 

¿Cree que ha sido una desventaja que Keiko “represente” a las clases A y B?

Es una ventaja y desventaja, porque ciertamente [las opiniones] están divididas. Llegar ni siquiera al 20% de votos válidos, eso ya es fragmentación total y extrema, y muchos son votos volátiles. Los sectores A y B votarán por ella, pero quienes decidirán el resultado serán C, D y E y para ganar, Keiko debe convencer a esta gente. Requiere discursos, equipos y mostrar además una «actitud democrática» para dar confianza. 

¿Tendría que ser más populista?

Eso también puede ser y no puede ser, porque el otro lado es mucho más populista. 

Hay un 30% o 40% de electores que están con Castillo y, obviamente, su tendencia es mucho más radical. 

¿Podría predecir lo que pasaría en junio?

Dificilísimo. Hay que ver qué campaña hará Keiko, porque todavía le queda un mes.

Keiko debe demostrar que trabajará para el bienestar del Perú para convencer a ese cuarenta y tanto por ciento de indecisos. La cosa es qué contenido va a tener, qué equipo presentará, qué actos políticos o alianzas hará. Además, habrá un Congreso fragmentado, que no será oficialista ni mayoritaria.

¿Se podría considerar a Fuerza Popular (o Cambio 90) como el único partido político «tradicional» que ha sobrevivido en el Perú?

Resultó «sobreviviente», gracias al recuerdo de la década del 90. El partido todavía tiene elementos que lo mantienen vigente: el fundador no ha desaparecido y hay una generación o sector de gente que recuerda su persona y su gestión. Entre el 2000 y 2010, se hablaba más o menos de un 10% de núcleos fujimoristas, estaba más o menos un 10% de electores. Esta vez, Keiko [obtuvo] más o menos un 10% más algo en votos volátiles y 13%; Congreso, 11%. Eso equivaldría al núcleo fujimorista y eso implica que este 10% sólido sí ha sobrevivido. En este próximo proceso electoral, se verá si habrá continuidad o si el partido [fujimorista] seguirá cayendo, lo que significará que en los últimos 20 años [el partido] no se ha expandido a  base de fujimoristas. 

La gente asocia a Alberto Fujimori con la caída de la política peruana.

Lo que no se recuerda o lo que no entiende, es que Fujimori es el resultado de caída de la política peruana de la década del 80, con él no comenzó la caída. Fujimori hizo una serie de cosas que detuvieron temporalmente esa caída, pero la gente no se daba cuenta por la aparente bonanza económica que había. 

Después de la publicación de Perú en la era del chino, ¿ha visto cambios o mejoras en el Perú? 

No, el Perú sigue fragmentándose y sustancialmente no ha cambiado. Partido político sigue siendo caudillista, no hay diálogo ni alianzas entre ellos. Cuando publiqué América Latina en la era posneoliberal en el 2013, el Perú estaba en su última etapa de bonanza y la perspectiva era bien optimista para todos los peruanos. Mi libro concitó mucho interés y fui invitado a algunas entrevistas aquí. Mencioné que el posneoliberalismo significa que el neoliberalismo era auge, o sea, había pasado pero no había desaparecido el punto más culminante de neoliberalismo. Pero fui cuestionado, porque la economía estaba bien, la pobreza había bajado y la educación había mejorado, la gente tenía más dinero en el bolsillo y sus hijos iban a la universidad, así como otros indicadores positivos. Sin embargo, ¿se ha reducido acaso la brecha o desigualdad social y la informalidad? Sigue igual o peor a la fecha, pese a dicha bonanza económica. El Perú pudo lograr cierto nivel de crecimiento económico, pero ese beneficio tiene que ser bien distribuido, de lo contrario, no hay manera de salir adelante. 

¿Eso es culpa de los políticos o nuestra manera de gobernar?

De ambos. También hay factores estructurales, pero la gente y los dirigentes políticos son [de mentalidad] muy corto placista y siempre quieren trabajar solos, no existe diálogo entre partidos. El poder te da la ilusión de que puedes hacer todo y el papá de Keiko cayó en esa tentación. Pero como dijo Max Weber, la política no es para servirse, es para servir a otros, y para ello, necesitas la ayuda de otros dirigentes o expertos para hacer una u otra política pública. La política y la democracia no ha funcionado en la historia peruana, que yo sepa, y ese es el problema. 

¿Considera que un gobierno neoliberal o posneoliberal podría solucionar los males del Perú?

Claro, ciertamente, pero la teoría económica nos muestra que existen fallas de mercado, o sea, el mercado no siempre es la panacea. El caso más famoso es el Lehman shock, que nos demostró que siempre hay crisis y fallas. La experiencia de los últimos 30 o 40 años, casi medio siglo de neoliberalismo en América Latina, implica que la libertad (de mercado) ni la igualdad (caso de Cuba y Venezuela) funcionan aplicadas al extremo, tiene que ser algo intermedio y flexible. Aquí en [Perú] como no existe un sistema o sistema electoral ideal, tampoco existe una sociedad ideal. 

¿Es posible que regímenes totalitarios y autoritarios, de tendencia claramente de izquierda, predominen al final en la región?

No necesariamente. Tenemos un mosaico. Ecuador escogió el neoliberalismo, Colombia tiene a la izquierda, aunque predomina el anti-izquierdismo por la presencia de guerrilleros. Chile y  Argentina se cambiaron de derecha a izquierda (en Chile fue dos veces) y ahora Brasil, actualmente de derecha, podría pasar a izquierda si sale Lula el próximo año. En el caso de Perú, la izquierda ganaría si sale Castillo después de por lo menos 30 años, cuando postuló Alfonso Barrantes y su izquierda. Aunque ahora existe tendencia de izquierda, ésta no es dominante. Castillo no contaría con el apoyo de las fuerzas armadas, a diferencia de los mandatarios de Venezuela, Bolivia e inclusive, de Ecuador, como menciona [el politólogo estadounidense] Levistky, porque las fuerzas armadas peruanas no apoyan a este tipo de tendencia. En un eventual gobierno, si Castillo no cambia su política y orientación socio-económica,  puede haber caos o golpe de estado, en fin, nadie puede predecir ese tipo de cosas. 

Desde la época de Kuczynski, inclusive desde Humala, el Perú ha dejado de recibir grandes inversiones para minería, que representa pérdidas del 2 o 3% del PBI en el Perú. Necesitamos este tipo de inversión de corto y mediano plazo para recuperar la economía peruana. Si no se entiende esa lógica, lamentablemente el Perú pasará una serie de dificultades.

Perú Libre, en voz de Vladimir Cerrón, se define como «izquierda de campo» y no «izquierda caviar». Si fuera así ¿cuál izquierda sería la más peligrosa para el Perú?

Bueno, digo otro punto de vista para responder a esta pregunta. Lamentablemente, muchos de izquierda en el Perú, en términos generales, viven en la época anterior a  la caída del muro de Berlín y eso tiene que cambiar. Para vivir en el siglo XXI, ya no hay ese tipo de posición ideológica tan hostil hacia la economía de mercado y muchos de izquierda, reconocen su validez. Si se quiere prescindir del mercado, un país tendría que ser autosuficiente. En el caso de Perú, éste carece de obras de inversión y tiene que atraer capital de afuera y para eso, debe ofrecer primero una serie de condiciones [atractivas al inversionista]. No sé hasta dónde puede entender eso la izquierda peruana, que es caudillesca y necesita de un cambio de ideología. 

Entonces, ¿existe una izquierda «benévola»?

Digamos que en otros países sí existe, inclusive en Japón, porque el partido comunista de Japón ya reconoce inclusive a la Familia Imperial. Sobre la izquierda peruana, yo no digo que todos sean de Sendero o Túpac Amaru, pero ese tipo de situación violenta «justificó» la continuidad de la izquierda nacional, porque no era una cuestión principal del momento, como lo era el problema de la violencia. Si la izquierda quiere sobrevivir, requiere un cambio; de lo contrario, la nueva generación tampoco lo seguirá. Es tendencia mundial que la mayoría de jóvenes ya no entran a sindicatos, como en el caso de Perú, que es más notable. Nadie quiere entrar a tipos de sindicatos en donde solo encuentras a dirigentes de 70 u 80 años y en donde no se puede establecer un diálogo.

YUSUKE MURAKAMI

Politólogo y doctor en ciencia política por la Universidad de Tsukuba, Japón. Fue asesor especial (analista político) de la Embajada de Japón en Perú entre 1991 y 1995. Trabajó en The Japan Center for Area Studies (JCAS)- National Museum of Ethnology en Osaka (1995-2006) y actualmente es profesor asociado del Center for Integrated Area Studies (CIAS) de la Universidad de Kyoto. Cuenta con una nutrida producción bibliográfica sobre Perú y América Latina en idioma español.

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