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Kike Goya, el nikkei dekasegi que le canta al amor
El actual vocalista de Los Doltons recuerda su larga estadía en Japón y cómo compartió su pasión por la música, el trabajo en las fábricas y su participación en el II Uchinanchu Taikai con una banda
jueves, 18 de febrero de 2016 | 7:34 PM
Kike Goya, el nikkei dekasegi que le canta al amor
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Por: Christian Hiyane Yzena

Llegó a Japón en 1989 con la ilusión de meterse en el ambiente artístico nipón, pero se dio con la sorpresa de que cantantes japoneses sobraban. Sin embargo, hubo una diferencia: Enrique «Kike» Goya, el actual vocalista de Los Doltons, era un descendiente que llevaba el sabor, el romanticismo y la buena vibra en las venas; esto, gracias a pertenecer a dos continentes.

Cantaba en el apato, en la calle y hasta en el gemba (pabellón) de la fábrica. De lunes a viernes, laboraba para la firma de cosméticos Shinseido, en Ashikaga (Tochigi), y el sábado exhibía su voz en la ciudad de Ota. Nunca dejó de trabajar, tampoco de cantar.

¿Recuerda cuál fue el primer tema que cantó en vivo en Japón?

Debe haber sido un bolero clásico porque los clientes de ese lugar eran japoneses. Bésame mucho, Quizás, quizás, boleros de Los Panchos. Durante mucho tiempo, estuvimos cantando para un local latino cuyos dueños eran un peruano y un brasileño en Isesaki, Gunma. Era la primera discoteca típicamente, no quisiera arriesgarme a decir latina, porque sé que antes en Ota hubo un local, «Bossa», de un brasileño donde dicho sea de paso también yo cantaba. Hasta allá llegó Julio Arakaki al enterarse que había un peruano que cantaba. Me fue a ver y me dijo: «Oye porque no te vas a Isesaki, yo te doy casa, te doy trabajo». El local se llamaba Perú All Stars.

¿Qué pasó luego?

Julio Arakaki abrió este negocio por el éxito que tenía en ese momento la empresa para la que trabajaba. Tantas fábricas que tenía. Eran negocios que dejaban buen capital. Dejo la fábrica de Ashikaga y empiezo a cantar todos los días menos los lunes. Tuve un trabajo no tan pesado en una de sus fábricas y por cantar me pagaban. Me fue bastante bien. Fueron dos años con lleno completo los fines de semana. Venía gente de Osaka, Tokio, porque era el único local latino y ya se había corrido la voz. Al mes, ya todo el Japón latino se había enterado. 

EN EL UCHINANCHU TAIKAI

¿Qué géneros interpretaba?

De todo, cumbia, salsa. Allí cantaba con la primera banda que armé en Japón que se llamó Son 3. En los teclados, César Teruya; en el bajo, Sergio Henna; y yo en percusión y voz. Después de cuatro años más o menos, participamos en el II Uchinanchu Taikai, en 1995, como la primera banda de peruanos que fue invitada, llevé mis canciones convertidas a salsa. Y justo hice una salsita para Okinawa que la titulé así, Okinawa. Pero fue otra la salsa la elegida por los organizadores para que publiciten el evento.

¿Y cómo quedaron?

Era solo participación. Me acuerdo que en esa época ya había un peruano que sonaba fuerte, Beto Shiroma, ídolo. Pero conmigo fue con una banda netamente peruana. A Beto lo acompañaban músicos japoneses, okinawenses. 

¿Y qué fue de Son 3?

Se nos unió por allí un par de músicos más, un peruano que ahora es dueño de una empresa en Japón que se dedica a dar noticias, Ricardo Salazar, y varias chicas que cantaron y estuvieron bastante tiempo con nosotros, recuerdo a Patty Shimabukuro. Todos peruanos. En una oportunidad nomás hubo una chica japonesa que le gustaba cantar. Imagínate como era su español. Éramos una banda de dekasegi que nació en Japón y trabajábamos, con la suerte de poder tener un ingreso más. 

¿Qué tema tarareaba mientras trabajaba para bajar el estrés?

Yo siempre he cantado. Mientras trabajaba siempre cantaba para mí. Y justo en esa primera época de Son 3, cuando empezamos a trabajar en Perú All Star, me acuerdo de que hice un popurrí de tres canciones de la época; La tarde que te amé (entona «era la tarde, la tarde cuando el sol caía»). Descubrirás que el amor existe y terminábamos con (canta) «es media noche ya, el tiempo se me va… porque estoy celoso, celoso», cuya autoría pertenece a un chileno.

¿Nació algún tema al que le dio forma en la fábrica?

Muchas veces. Como casi todos los días. Pero el mismo trabajo en la fábrica, el salir no tan relajados, llegar a la casa, bañarse, la comida, ya se perdía lo que se estuvo planeando.

¿No quedó nada?

No hubo nada hasta el año 95 en que me dicen «oye, se pueden venir a Okinawa, nosotros les pagamos los pasajes, la estadía, todo para que participen en el II Sekai Uchinanchu Taikai. Me dije: «¿Esto será verdad o no? Así compuse Okinawa. Cantamos cinco temas. Tres eran míos, todos salsas, y los otros dos fueron pop. 

¿Cómo era el tema Okinawa?

Es ese entonces estaba de moda la Orquesta de La Luz, y me dije: «Llevaré algo de ritmo latino». 

¿Hay alguna canción dedicada a los dekasegi?

La primera canción vista desde el lado sentimental y sexual que se llama Suéñame. La canta uno que está allá en Japón a su pareja que está en otro lado: «Voy a cantarte una canción que te acaricie y en las noches de insomnio, aunque no esté, te acompañe. Noches de angustia y de soledad, de esa locura de querer vibrar en una entrega total… Que el viento te lleve mi voz y puedas escucharme». 

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