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64 Años: diario de Bandera de la Colectividad Nikkei

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«Dios tenía una vocación especial para mí»
Sacerdote Yamato Icochea Oshima
miércoles, 29 de julio de 2020 | 5:20 PM
«Dios tenía una vocación especial para mí»
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Por: Alejandro Yoshioka

Yamato Icochea Oshima es un joven nikkei que se acaba de ordenar sacerdote. Actualmente vive en los Estados Unidos donde realiza su labor pastoral. Hace unos años, Yamato trabajó en Perú Shimpo en la sección japonesa, pero con el tiempo descubrió que su camino estaba en la vida religiosa.

¿Cómo te sentiste una vez que te ordenaste sacerdote?

Sentí una gran alegría. Hasta ahora, unos meses después, todavía me cuesta creer que soy un sacerdote de Cristo.

¿Cuándo tomaste la decisión de que ese era tu camino de vida? ¿Y cómo sentiste el llamado de Dios para seguir esta labor pastoral?

Sentí el llamado en mi primer año en la universidad pero no me decidí hasta mi último año, en el 2009.

Fueron varios los factores que me hicieron pensar en mi vocación. Por ejemplo, el hecho de que mi madre, que es japonesa, fuera parte de la minoría católica (Japón solo tiene alrededor de 0.3% de católicos) y que ella fue la que me inculcó la fe de pequeño fue una señal de que Dios tenía una vocación especial para mí. También la alegría que experimenté enseñando la fe como catequista de confirmación en el Movimiento Avanzada Católica fue otra señal de mi vocación a la vida consagrada y el sacerdocio. Tener una vida espiritual constante me ayudó mucho a decidir qué era lo mejor que podía hacer con mi vida. Finalmente, una serie de eventos que me ocurrieron en mis dos últimos años en la universidad fueron los factores que me hicieron decidirme a seguir el llamado de Dios.

¿En dónde realizaste tu formación como sacerdote? 

Empecé en el noviciado de nuestra congregación, ubicado en Chaclacayo. El noviciado es donde los religiosos pasamos nuestros primeros años de formación. Luego de concluido el noviciado empecé mis estudios de filosofía en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima y me dedique a mi primera labor pastoral en la Capellanía de la Universidad San Ignacio de Loyola. En el 2014 fui enviado a Saint Paul, Minnesota, en los Estados Unidos para continuar con mis estudios de filosofía y teología en el Saint Paul Seminary y también para ayudar a la labor pastoral en la parroquia Saint Mark.

¿En dónde se te ha encomendado que realices tu labor?

Actualmente soy uno de los sacerdotes vicarios en la parroquia de Saint Mark en Saint Paul y también soy uno de los sacerdotes en la parroquia de Holy Rosary en la ciudad vecina de Minneapolis. 

¿Consideras  que las nuevas generaciones se alejan cada vez más de la iglesia católica?

Mi experiencia, a pesar de lo que dicen algunos medios, es que no. Ha sido una grata sorpresa en mi labor pastoral en los Estados Unidos encontrar a muchos jóvenes y familias jóvenes que están comprometidas con su fe o que han redescubierto su fe. Esto no quita que muchos medios y organizaciones en este país menosprecian la religión y en particular la fe católica. Existe el reto de que yo vivo en un país que tiene varios sectores que buscan erradicar el Cristianismo de la sociedad. Sin embargo, esta realidad ayuda a muchos a darse cuenta de que tienen que elegir bien de qué lado están. Mi experiencia es que los jóvenes frecuentemente escogen el lado de la fe y la tradición. 

¿Qué aconsejas a los jóvenes como tú que han sentido el llamado de Dios?

Les diría que se lo tomen en serio, que perseveren en su vida espiritual (la oración y recibir los sacramentos frecuentemente) y sobre todo a que no le tengan miedo al llamado y que se animen. Jesús no le dijo al joven que se estaba cuestionando su vocación «piénsalo por bastante tiempo y si crees que es lo tuyo y te gusta esta vida entonces considera seguirme». Dijo: «Ven y sígueme». (Mt 19, 21)

¿Es inspirador para ti la labor de otros sacerdotes nikkei como el padre Manuel Kato?

Sí. Tengo muy buenos recuerdos del padre Kato y de su labor con la Asociación Emmanuel. Definitivamente me hizo pensar en la importancia de la labor de un sacerdote y la diferencia que esta puede hacer para muchos. Su pastoral bilingüe también me hizo caer en la cuenta que yo también podría hacer una labor semejante para diferentes comunidades. También tengo gratos recuerdos de la alegría del padre Gibu. 

¿Retornarás al Perú próximamente?

Tal vez brevemente el próximo año, pero por ahora mi misión está en esta parte del mundo (Minnesota). Como religioso uno puede ser enviado a cualquier lugar, por lo que trato de estar abierto a cualquier posibilidad.

Antes de ser sacerdote fuiste periodista, incluso recuerdo que practicabas ninjutsu. Háblanos de tu vida antes de ser sacerdote.

Mi madre es japonesa y mi padre es peruano. Se conocieron y se casaron en Japón. Ahí nací yo. Luego vinimos a Perú y ahí crecí. Tengo dos hermanas y un hermano. Además de que siempre hablamos japonés en casa, mi madre siendo profesora del idioma, nos hizo a todos estudiar el idioma formalmente en el Ichigokai. Estudié en el colegio Abraham Lincoln. Hice mi carrera universitaria en la UNMSM. Como bien recuerdas, estudié comunicación social y periodismo. Mientras estudiaba en la universidad hice mis pininos en el mundo del periodismo en Perú Shimpo. Ahí fui el diagramador de la sección en japonés. También tuve la experiencia de ayudar a periodistas japoneses cuando venían a Perú a cubrir algún evento. Antes de consagrarme estuve trabajando para el APJ como uno de los redactores para la revista Kaikan. Tienes buena memoria, el ninjutsu (Bujinkan Budo Taijutsu) es el arte marcial que practicaba cuando éramos compañeros de trabajo. Todavía lo practico, aunque menos frecuentemente.  

Una serie de eventos que ocurrieron en mis últimos dos años en la universidad fueron los factores decisivos para seguir la vida consagrada. En el 2008 tuve la oportunidad de trabajar por un breve tiempo para una productora japonesa de documentales cuando estuvieron por Sudamérica. En el verano del año siguiente, viajé a Japón para visitar a mi familia en Tokio, para practicar ninjutsu y para trabajar por corto tiempo en la misma productora, la cual coincidentemente tenía su oficina en la capital. Mi idea de trabajar en esta productora era tener suficiente medios para poder pagar los gastos del viaje pero también evaluar la posibilidad de trabajar permanentemente en la empresa. 

El viaje de ida hacía una escala de medio día en México DF. Una vez en aquel lugar decidí hacer un tour espontáneo por la ciudad. Descubrí que el santuario de la Virgen de Guadalupe estaba a solo 20 minutos del aeropuerto. Se me hizo muy sencillo llegar al santuario. Una vez ahí, estando frente a la Tilma en donde por un milagro está impresa la imagen de la Virgen, algo me movió a orar por mi vocación. Recordé la inquietud que tuve unos años atrás de ser sacerdote, de consagrar mi vida Dios y de dedicarme a intentar hacer de este mundo un lugar mejor. Pero a la vez parecía que las cosas apuntaban a que yo me dedique a algo distinto. Sinceramente, la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada no era algo que me llamaba la atención. Por eso oré. Recé para que si era la voluntad de Dios de que yo sea sacerdote que yo pudiera aceptar ese llamado y que tuviera la fuerza y la gracia para perseverar en ese camino. 

Luego de ese momento de oración breve pero profundo, me levanté, seguí paseando por la ciudad y tomé mi vuelo a Tokio. Una vez en Tokio tuve una muy grata experiencia. Regresé a Perú y terminé mis estudios. Pero unos meses antes de culminar pude ver de forma bastante clara que mi vocación era el sacerdocio. Hablé con los consagrados de Pro Ecclesia Sancta, la congregación a la que ahora pertenezco y al año siguiente ingresé a la comunidad. Aunque es verdad que requirió de algunos sacrificios, era bastante claro que había escogido bien. Unos años después mi congregación me envió a Minnesota para hacer mis estudios de filosofía y teología y para ayudar a mi congregación en ese lugar. 

Lo curioso es que a unas horas de donde yo vivo hay otro santuario dedicado a la Virgen de Guadalupe. Recuerdo que en un retiro que tuve en aquel santuario junto con el resto de mi comunidad nuevamente me encontré orando frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe, esta vez una réplica de la imagen que se encuentra en México. Estudiar filosofía y teología ya de por si es complicado, y más aún si es en otro idioma. Estando en un país distinto también involucra cierto esfuerzo y sacrificio. Todo aquello pasaba por mi mente. Pero en un momento, viendo la imagen recordé la oración que hice en el santuario en México unos años atrás. Percibí que Dios no había olvidado aquella oración y Su Madre tampoco. Tuve una gran alegría y paz en ese momento y otra confirmación de que mi vocación no la había escogido yo. 

Muchas gracias, algún mensaje a todos los nikkeis y lectores de Perú Shimpo. 

Los caminos de Dios son misteriosos, mi familia y mi experiencia con la comunidad nikkei en el Perú me han permitido estar abierto a otras culturas y creo que eso me ayuda mucho en mi labor pastoral por estos lares. Por acá lo comunidad nikkei es pequeña pero aún así he tenido la alegría de enseñar el catecismo en japonés. ¡Me encomiendo a sus oraciones!

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